Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 17 de septiembre, 2019

Iván Witker: Alberto Fernández, convulsiones y enigmas a días del posible triunfo

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

No se sabe si la aparente moderación de Fernández tendrá alguna repercusión significativa. Tampoco qué efectos tendría un retorno al populismo K clásico.

 

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Un levantisco panorama se advierte en Argentina a un mes de la elección presidencial. Los números y el ambiente indican que el candidato cristinista, Alberto Fernández, debería imponerse. En consecuencia, las discusiones parten con una pregunta capital: ¿qué tan cristinista es y será Fernández?

Paralelo a aquello aparece una inevitable interrogante: ¿qué viejos/nuevos juegos de alianzas externas conviene tejer una vez arribado al gobierno? Todo esto sin contar cuestiones más prosaicas, como las rencillas internas del peronismo por obtener un lugar en el escenario de victoria. Aquí surge una tercera gran duda: ¿cuál de los interminables y plásticos grupos internos se terminará imponiendo? Se podría parafrasear a Churchill, “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Estas dudas tienen a Alberto Fernández (sus gestos, sus palabras, sus silencios, sus énfasis) en el centro de las atenciones.

A días de la decisiva primera vuelta se observan intentos -no muy exitosos- de construir una imagen moderada, fuera de la sombra cristinista. Es como si Fernández tuviera la intuición de que su futuro se juega entre dos polos: el del cubano Osvaldo Dorticós, es decir un presidente con funciones sólo nominales y de cierta representatividad, o el del propio presidente peronista Héctor Cámpora (1973), imposibilitado de “contener la historia”, renunciar y ser recordado como símbolo de ofrenda al líder. A primera vista, no se le ve cómodo con ninguna estas dos perspectivas. Por ello, su equipo busca opciones. Algunos creen que está en condiciones de generar una ola propia y coquetear con la posibilidad de sacar más votos de los que Cristina obtuvo en 2007 y 2011 (45% y 54%, respectivamente) e incluso superar el mítico 62% obtenido por Juan Domingo Perón. Así, su margen de maniobra sería mayor y se podría configurar un espacio más amplio, donde puedan “licuar” a Cristina y a La Cámpora. Para tal operación, necesitan varias movidas de ajedrez. Por ejemplo, poner a Sergio Massa, un peronista más flexible y abierto en la Presidencia de la Cámara de Diputados. Punto de partida de esta suposición es que Cristina está tan golpeada con su situación judicial que sólo busca “aportar” su caudal de votos y que el peaje sea que la dejen tranquila a ella y a su familia. Avala este razonamiento el exilio virtual que vive su hija Florencia en Cuba, que, según dicen, es extremadamente doloroso.

La Cámpora ha anunciado que desea a la cabeza de la Cámara a Máximo Kirchner; ello sería intransable.

Sin embargo, ni la historia política reciente de América Latina, como tampoco las pulsiones internas, invitan a mirar con optimismo un camino intermedio. Por un lado, La Cámpora ha anunciado que desea a la cabeza de la Cámara a Máximo Kirchner; ello sería intransable. E inmerso en este juego de presiones internas, hay muchos otros grupos K, aún más radicalizados, respecto a los ejes del futuro gobierno, como el Frente Darío Santillán, la Corriente Clasista, el Movimiento Evita o la Confederación de Trabajadores de Economía Popular, cuya arma más temible es la toma de calles. Estos piden decretar a la brevedad “emergencia alimentaria” e implementar una reforma agraria a más tardar el próximo año. Ven con recelo el intento de Fernández de navegar por encima de las tensiones y especialmente sus extrañas tratativas con el empresario Carlos Melconian.

Luego, su futura vicepresidenta ha demostrado con creces que no tiene la menor intención de jubilar. Además, sería obtuso no admitir que el vuelco político que se observa en el país estos últimos meses es producto de una astuta maniobra, urdida por ella misma, y muy exitoso. Además, está atenta a lo que ocurre con su entorno. Ejemplo de ello es haber planificado su último viaje a Cuba para una fecha en la que pudiera coincidir en la isla con el Mashi Rafael Correa. No se divisa otro objetivo que conocer de primera mano o refrescar detalles de la ruptura que tuvo con Lenin Moreno en Ecuador. Allí tuvo lugar el mejor ejemplo de que estos juegos al borde de la cornisa pueden resultar fatales.

Las relaciones con el FMI y BM se ven a lo menos difíciles. David Malpass, Presidente del Banco Mundial no ha disimulado su fuerte molestia con lo que ocurre en Argentina, diciendo que el organismo ya no ve un aliado en ese país.

Fernández ha intentado mostrarse seductor a múltiples oídos; una especie de cara amable del mundo K hacia el exterior. Por eso organizó, entre otros, un cuidadoso desplazamiento a España y Portugal, con balance neutral. No fue un éxito, pero tampoco un descalabro. Se entrevistó con el Presidente (en funciones) del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, aunque sólo 15 minutos, y no la hora y media informada por sus asesores, porque su visita ocurrió justo en momentos en que Sánchez mantenía una fuerte disputa con Pablo Iglesias, el líder de PODEMOS, acerca del próximo gobierno. Demás está señalar que Fernández tiene más y mejores amigos en PODEMOS, con quienes departió la mayor parte de su visita. Una buena idea de lo levantisco que está el panorama al interior del peronismo lo da el hecho que Fernández evitó pernoctar en la embajada argentina en Madrid, encabezada por un peronista (Ramón Puerta) y prefirió hacerla en la uruguaya, donde dijo tener mejores amigos. Allí aprovechó de reunirse también con empresarios españoles que invierten en Argentina.

En tanto, la ruptura con Brasil se ve a vuelta de la esquina tras las sucesivas declaraciones mutuas y sobre todo después de ir a visitar a Lula a la cárcel en Curitiba. Las relaciones con el FMI y BM se ven a lo menos difíciles. David Malpass, Presidente del Banco Mundial no ha disimulado su fuerte molestia con lo que ocurre en Argentina, diciendo que el organismo ya no ve un aliado en ese país. Dado que Malpass era hasta hace poco un alto funcionario del Departamento del Tesoro estadounidense, es dable suponer que el ambiente general en Washington tampoco le será propicio. Clave será si el FMI hará entregará en diciembre la última cuota comprometida de US$ 5400 millones. Los optimistas apuestan a la benevolencia del encargado de Argentina en el FMI, Alejandro Werner, hijo de un exiliado peronista en México.

En síntesis, el panorama se ve muy convulsionado. No se sabe si la aparente moderación de Fernández tendrá alguna repercusión significativa. Tampoco qué efectos tendría un retorno al populismo K clásico.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: