Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 21 de diciembre, 2014

Inquietudes digitales: nativos y educación

La tarea de los padres de hoy es compleja, pues obliga a conducirse en un terreno que es difícil de entender. Educar en el contexto de la sociedad de la información plantea nuevos desafíos.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Pecaría de ingenuo quien piense que las nuevas tecnologías no son más que modernas formas de hacer lo que los seres humanos siempre hemos hecho: comunicarnos, transmitirnos ideas, vernos, conocernos, vivir en comunidad. Para los nativos digitales o la generación del milenio, estas nuevas tecnologías no son un medio para la realidad, sino que son la realidad misma.

¿Logramos nosotros recordar cómo era la vida sin smartphones, sin e-mails? Quizás podemos remontarnos a algún pasado en el que no tuvimos tales herramientas para trabajar, pero tratemos de pensar cómo es la vivencia de quien sencillamente no puede imaginarse el mundo sin Facebook, sin Youtube o sin Netflix. “El medio es el mensaje” (MacLuhan). La experiencia misma de la realidad está transida por la forma en cómo tales tecnologías inciden en nuestra vida. No es una exageración decir que vivimos un “mundo nuevo, lleno de posibilidades”: tales expresiones resultan sobrecogedoramente precisas.

Si ya la tarea de educar no resultaba fácil para nuestros padres o abuelos, la de los padres de hoy es aún más compleja, pues nos obliga a conducirnos en un terreno que no terminamos de entender. ¿Prohibir? ¿Limitar? ¿Regular? ¿Permitir? ¿No meterse? Educar en el contexto de la sociedad de la información plantea nuevos desafíos en relación a la formación de hábitos intelectuales y morales vinculados al acceso de la información, su procesamiento y su utilización. Por ejemplo, sería esperable que los padres de hoy –en conjunto con la educación formal– fuesen capaces de generar criterios en sus hijos respecto de qué información disponible en internet resulta creíble y valiosa, y qué tipo de información no es de fiar. Asimismo, sería esperable también que los padres tengan una posición definida sobre el acceso y uso de material protegido por la ley. Quizá ninguno de nosotros tenga un hijo hacker, pero sí es probable que descarguen películas y series sin las autorizaciones debidas. ¿Qué hacer? ¿Cómo distinguirlo del robo o del plagio?

Otro ámbito educativo tiene que ver con las relaciones interpersonales: cómo transmitir a nuestros hijos que los intercambios virtuales no necesariamente constituyen una relación personal de amistad, ni mucho menos amorosa. El “no hables con extraños, ni aceptes que te den nada” con el que nos instruían nuestros padres al salir por primera vez solos a la calle, hoy debería traducirse en términos de los vínculos virtuales. De más está indicar la ya trillada –pero perfectamente válida – preocupación por la falta de conversación familiar, reemplazada por “whatsapeos” a la hora de comer.

Como todo proceso formativo, prácticamente no contamos con recetas. Sí contamos con principios generales, que se habrán de aplicar caso a caso de acuerdo a las circunstancias. Lo fundamental, no obstante, es que los padres notemos que aquí estamos frente a una realidad que difiere de lo que nosotros esperábamos y que quizás no estamos comprendiendo en toda su profundidad. A informarse. A pedir consejo. A pensar. Papás, ¡tenemos tarea!

 

Cristián Rodríguez, Psicólogo y Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: FELIPE FREDES F/AGENCIAUNO

 

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más