“A Allende lo queremos vivo, lo queremos hablándonos al oído y recordándonos que hay un camino posible para construir un mundo más igualitario, más justo y mejor para todas y todos”. Así finalizó su intervención el Presidente Gabriel Boric en el Instituto Cervantes de Nueva York, en el homenaje que se le rindió a Salvador Allende conmemorando los 50 años de su discurso en la ONU en diciembre de 1972. Atrás quedaron las palabras de moderación que pronunció ante la Asamblea General de Naciones Unidas, donde sintió el peso de la historia; esta vez, emitió un emocionado discurso apologético del expresidente -del cual sintetizaré lo más relevante- que nos permite conocer su verdadero pensamiento.  

Boric aseguró que Allende es tan recordado hoy en día no solo por su sacrificio, sino por lo que la derecha ha negado por largo tiempo; esto es, que su proyecto, el de la UP, era profundamente democrático. Agregó que en un momento en donde el socialismo real no era lo que entendemos hoy como democrático, Allende lo reivindicaba en su vía chilena, como parte esencial de su proyecto político. 

Señaló a continuación que en este momento, cuando las democracias liberales tiemblan ante el acecho de diferentes tipos de atajos populistas, de diferentes ataques a la esencia de la democracia, el respetar al que piensa distinto, ese intrínseco valor que le otorgaba Allende a la democracia en el proyecto socialista, es algo que rescatamos y que reverbera hasta el día de hoy.

Hizo también un llamado a la unión de todos los gobiernos progresistas que existen porque o “nos salvamos todos o nos hundimos por separado”, pensando en Pedro Sánchez, Gustavo Petro, Alberto Fernández, Antonio Costa de Portugal, con quien se reunió, y otros tantos en Europa, África y Asia. Es el internacionalismo latinoamericanista que tenía la formación de Salvador Allende y el PS en que militaba, agregó.

Pero tal vez lo que refleja más fielmente su pensamiento es cuando dice que es importante tener a Allende vigente, que no hay que tenerlo como una figura inmóvil, sino como una idea, que va inspirando, que va cambiando. Y Allende está vigente porque cambia. Los principios son incólumes pero la vigencia del pensamiento de Allende está en la consecuencia con la que actuó y su irreversible convicción democrática, por lo que hoy tienen el deber de encarnar esos principios en cada una de sus acciones, porque la tentación de tomar otros caminos es muy fácil. Habla de hacer los cambios estructurales en forma progresiva a la vez que mejorar la cotidianeidad de las personas, recordando con cariño la campaña del medio litro de leche de Allende. 

Si lo que quiere Boric es imponer el mismo camino de Allende para Chile, tendríamos un retroceso de 50 años, que solo traería la misma miseria, restricción de las libertades y atraso que sufren los países donde sigue vigente ese fracasado modelo de sociedad. Son algunas de las inquietantes señales que nos llegan desde Nueva York.

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