Hasta julio del año pasado, la inflación anualizada se encontraba estable en el rango meta, entre 2 y 4%. En pocos meses se aceleró de manera sustancial, terminando el año 2021 en 7,2%. En la actualidad, la cifra en 12 meses va en 10,5% y es muy probable que en junio próximo llegue a 12%. Este cambio significativo en el ritmo de incremento de los precios lleva a que, por ejemplo, en la encuesta Pulso Ciudadano, realizada entre el 10 y 13 de mayo, el 45% diga que no le alcanza el sueldo para llegar a fin de mes; el 42% dice que llega justo y el 13% que le queda algo para ahorrar. Al segmentar las respuestas por grupo socioeconómico, el 61% de los grupos D-E indican que no llegan a fin de mes. Es necesario señalar que hasta agosto del año pasado no existía la mención del problema inflacionario por parte de los encuestados.

Ante estas alzas de precio, la encuesta Criteria señala que las personas sienten ira, miedo o tristeza y que el gobierno debería reducir el IVA a los productos básicos, fijar precios de los mismos, subir el salario mínimo o dar bonos para adquirir ciertos productos. Por último, la encuesta Plaza Pública da cuenta de que la segunda razón más relevante para rechazar al gobierno, después de la delincuencia, es el aumento del costo de la vida.

Estas mediciones reflejan de buena manera la reacción que tiene la población ante el fenómeno inflacionario, sobre todo si las divisiones que lideran las alzas son transporte, combustibles principalmente, y alimentación, con aumentos en 12 meses de 21,4% y 14,8% respectivamente. Esto provoca un malestar generalizado que supera largamente lo observado ante el aumento del desempleo, ya que si bien en tiempos de recesión no es inusual ver tasas de desocupación superiores a 20%, aún existe cerca del 80% de la fuerza de trabajo con empleo.

En el caso de Chile, la experiencia de la hiperinflación es lejana en la memoria colectiva y son muchas las generaciones que han disfrutado de la estabilidad de los precios. Son ellas justamente las más sorprendidas con lo que están observando en la actualidad, produciéndose un fenómeno curioso no observado en otras ciencias. Por ejemplo, hace siglos se ponían sanguijuelas a las personas enfermas para que recuperaran la salud, lo que posteriormente fue descartado gracias al avance de la ciencia médica y en la actualidad sería muy extraño que alguien recomendase dicho tratamiento. En el área económica, actualidad vemos cómo algunos recomiendan fijar precios para combatir la inflación e incluso lo implementan, como es el caso de Argentina, a pesar del fracaso que tiene tal medida para frenar la aceleración del costo de la vida.

Afortunadamente, nuestro Banco Central es autónomo y desde mediados del año pasado inició una ofensiva contra la inflación. Eso, unido al ajuste fiscal, en donde el gasto público 2022 caerá en cerca de 25,2% con respecto a lo ejecutado el año pasado, y al cese de los retiros de los fondos previsionales llevará a que la inflación cambie de tendencia a partir de inicios del segundo semestre, tal como se ha observado incipientemente en los Estados Unidos, que exhibió un incremento anualizado de 8,3%, algo más bajo que lo registrado el mes previo.

La inflación es un fenómeno económico de profundo impacto en la población, en donde el gobierno de turno sufre el deterioro de su popularidad debido a la caída del poder adquisitivo que se acentúa mes tras mes. Es muy importante mantener el timón firme y no caer en soluciones que, si bien parecen populares -como es la fijación de precios-, terminan agravando el problema, tal como hemos visto tantas veces en la historia reciente.

*Tomás Flores es economista.

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