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Publicado el 05 de junio, 2019

Ignacio Socías: La salud de la familia chilena

Director de Relaciones Internacionales de la International Federation for Family Development Ignacio Socías

Las políticas públicas que de verdad ayudan a las familias necesitan años para resultar eficaces, muchos más que los que dura un mero periodo legislativo y el subsiguiente riesgo de que un nuevo gobierno lo cambie todo y vuelva a empezar de cero.

Ignacio Socías Director de Relaciones Internacionales de la International Federation for Family Development
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Se ha hablado mucho de la salud de la familia en todo el mundo, y también en Chile. Algunos piensan que atraviesa una crisis severa, mientras otros que no es más que la evolución lógica de las estructuras sociales. Entre unos y otros, a veces puede más la queja que la acción eficaz para que la familia pueda adquirir la estabilidad y solidez que exige su papel en la sociedad. Sin familias fuertes, no hay desarrollo posible, como ha mostrado un reciente estudio presentado en estos días por la Federación Internacional para el Desarrollo de la Familia, en unión con UNICEF y expertos de todo el mundo, en la Universidad de los Andes.

Cuando hablamos de salud, conviene acudir a los expertos en lugar de buscar diagnósticos en otras fuentes mucho menos fiables, porque solo un buen diagnóstico permite al mismo tiempo curar la enfermedad actual y prevenir las futuras. Yo no soy médico, pero sé que cuando me ha hecho falta han buscado un tratamiento adecuado, con los medicamentos oportunos.

Normalmente, y más cuando uno va teniendo cierta edad, no le recetan un solo remedio, sino varios. Buscan la forma de que unos contrarresten los efectos secundarios de otros y, entre todos, se produzca una mejora real y duradera. No basta, para combatir la pobreza, con un subsidio que resuelva la situación momentánea, se necesita la educación y los medios necesarios para una verdadera integración social.

Nadie está totalmente sano ni tan enfermo como para haberse muerto. Y lo mismo sucede con cada familia, y también con el conjunto de familias de un país. Por eso los gobiernos necesitan diseñar un conjunto de políticas públicas que ayuden a todas y, en la medida en que lo necesiten, procurando que los posibles efectos negativos que puedan tener sean contrarrestados debidamente. Hay que lograr que la escolarización llegue a todos, pero también hay que prever que los que se incorporen puedan incrementar los niveles de violencia y, en general, puedan impedir el adecuado progreso de los demás alumnos. Y hay que tener en cuenta que esa violencia empieza en la familia, y es allí dónde debe comenzar a ponérsele fin.

Ningún médico competente nos libra además de las revisiones, que siempre nos parecen tan inoportunas como necesarias. Solo la experiencia dice si un medicamento es adecuado, o la dosis era la indicada. Lo mismo pasa con tantas decisiones políticas, que necesitan ser evaluadas, mejoradas y perfeccionadas. En la lucha contra la discriminación de la mujer, por ejemplo, hay medidas que el tiempo demuestra ineficaces, como cuando las bajas maternales, que son tan necesarias, hacen que no se contrate a mujeres por si acaso llegan a tener derecho a disfrutarlas en el futuro.

En todo caso, es lógico que cualquier tratamiento requiera un tiempo para producir todos sus efectos, si se quiere hacer algo más que quitar un dolor de cabeza y alcanzar las causas profundas que lo provocan. Por eso, las políticas públicas que de verdad ayudan a las familias necesitan años para resultar eficaces, muchos más que los que dura un mero periodo legislativo y el subsiguiente riesgo de que un nuevo gobierno lo cambie todo y vuelva a empezar de cero. Por eso, pienso que es bueno que el gobierno actual haya mantenido el programa Chile Crece Contigo, por ejemplo.

Pobreza, desigualdad, violencia… Son síntomas de que la familia tiene algunas dolencias que hay que afrontar con políticas y programas que ayuden al país a alcanzar un desarrollo sostenible contando con la colaboración efectiva de las familias como verdaderos agentes sociales. Soy consciente de que el gobierno actual está haciendo esfuerzos, más allá de la existencia o la denominación de un ministerio que coordine este asunto, con proyectos como el programa Compromiso País, que es una iniciativa innovadora y que promete mucho. Pero todavía queda un largo camino por delante para que pueda decirse que la familia, con los achaques propios de su edad, recibe el tratamiento que merece.

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