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Publicado el 23 de septiembre, 2018

Ignacio Arteaga: Hacer patria y hacer empresa

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga

En un país de tantas posibilidades como el nuestro, no podemos darnos el “lujo” del centralismo empresarial porque todo tipo de centralismo estrecha la mirada y el corazón.

Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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En el marco de la celebración de los 70 años de USEC, nos propusimos expandir nuestra labor más allá de Santiago. Salimos a conocer la realidad de los hombres y mujeres de empresa que viven y trabajan en otras ciudades fuera de la Región Metropolitana, para contarles qué es y qué hace USEC e invitarlos a participar. Hemos ido a Punta Arenas, Puerto Montt, Valdivia, Puerto Varas, y luego estaremos en Concepción y otras ciudades de nuestro país. Ha sido toda una experiencia comprobar una vez más que hacer empresa es hacer patria.

 

En nuestras reuniones en regiones hemos escuchado con atención a decenas de empresarios, ejecutivos y emprendedores que cada día hacen patria en el sentido profundo de la frase: ese patrimonio que recibimos de los que estuvieron antes que nosotros –nuestros padres–, que tenemos el deber de hacer crecer para legárselo a nuestros hijos, los que vendrán después de nosotros. Hemos visto en regiones la misma vocación empresarial, ese noble llamado, pero que fuera de Santiago se vive y expresa de un modo diferente y que tiene innumerables ventajas.

 

Los empresarios fuera de Santiago son más de camioneta y terreno que de chaqueta y corbata en salones de directorio. En ese sentido, a los hombres y mujeres de empresa de regiones se les da de modo natural una condición que es fundamental para cualquier negocio: pueden llevar una relación más estrecha con sus colaboradores y con sus comunidades. La gente los ve más y más seguido en la calle, así hay menos prejuicios y caricaturas.

 

Los empresarios de regiones lo dicen con orgullo; mientras que no conozco a nadie que infle el pecho y diga sonriente “empresario, de Santiago pues”.

 

Son orgullosos de su tierra, de su región. A ellos, la conexión entre su trabajo, su vida y su región se les da de modo directo y frecuente. La idea de patria implica el arraigo, esto es, echar raíces, hundirlas en la tierra. Los empresarios de regiones lo dicen con orgullo; mientras que no conozco a nadie que infle el pecho y diga sonriente “empresario, de Santiago pues”.

 

Parecerá un detalle, pero es importante destacar. Vi que en regiones hay más actividades productivas que transacción de valores financieros; el trato es más directo y humano porque se ven las caras de las personas con las que se trabaja, se comercia, se atiende y se sirve. Como empresarios, tienen un conocimiento más claro de las necesidades que deben satisfacer porque están en primera línea de contacto con la gente a la que sirven. Se sienten más responsable de su región y del bienestar de su comunidad porque los frutos del trabajo se ven de modo más directo.

 

Hay un equilibrio natural entre la vida laboral y el tiempo para la familia. Y no necesitan campañas de bienestar para implementarlo ni tienen que hacer grandes cambios en la cultura organizacional; es el modo como se desenvuelve la vida.

 

Muchos me dijeron que lamentaban que sus hijos tuvieran que emigrar a grandes ciudades para los estudios superiores; de 3 ó 4 hijos, sólo 1 volvía a trabajar a su región al negocio familiar. Creo que algún día, como país, nos lamentaremos de esta situación. Por lo mismo, qué importante es que en regiones haya buenos servicios, educación, cultura, entretención y, especialmente, salud. Eso es hacer patria también.

 

Si mi mirada es estrecha y se reduce a la capital del país, mis afectos y preocupaciones también se reducen.

 

En un país de tantas posibilidades como el nuestro, no podemos darnos el “lujo” del centralismo empresarial porque todo tipo de centralismo estrecha la mirada y el corazón. Si mi mirada es estrecha y se reduce a la capital del país, mis afectos y preocupaciones también se reducen; si no veo, no conozco, y si no conozco, no puedo sentir con el resto de mis compatriotas y, así la patria se nos vuelve un ente abstracto que nada tiene que ver con el patrimonio que recibimos de nuestros mayores y que debemos legar acrecentado a nuestros descendientes.

 

Los hombres y mujeres de empresa son verdaderos patriotas pues interpretan de manera muy particular esa alma de Chile que es laboriosa, emprendedora, que no se amilana frente a las adversidades, que se levanta y persiste; que es amistosa, solidaria y humana; que ama y admira a la naturaleza que Dios le dio; y que día a día con su trabajo le canta a su tierra que es tumba de los libres y asilo contra la opresión.

 

FOTOS: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

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