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Publicado el 07 de octubre, 2018

Ignacio Arteaga: Empresa y mujer: El gran cambio que debemos realizar

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga
Si bien una buena parte de la solución proviene de las políticas públicas, es en el lugar de trabajo donde se juega este partido y donde se manifestará el gran cambio que debemos realizar.
Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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Los números no mienten; nos gritan a viva voz. En el tema de la mujer y el trabajo, toda la evidencia muestra más o menos la misma situación: la tasa de participación laboral de la mujer en Chile es de 48,9% y la del hombre de 71,6%. La tasa de ocupación femenina es del 44,6% y la masculina del 66,5%. El ingreso promedio mensual de un hogar encabezado por una mujer alcanza los $441.691 y el del hombre sube a $574.424. Y así podría seguir con más y más estadísticas.

 

Esta diferencia se observa en todos los estratos socioeconómicos; esta realidad es tristemente democrática, pues si bien en cada quintil tiene un rostro distinto, siempre es un rostro de mujer. En el quintil más alto, la tasa de ocupación femenina es similar a la de un país desarrollado del norte de Europa; pero en las familias de ingresos más bajos, es peor que la de Haití. Y en todos los estratos socioeconómicos, los hombres que trabajan ganan más que sus pares del sexo opuesto por el mismo trabajo.

 

Si hubiera que elegir un área para lograr el mayor impacto en superar la discriminación que afecta a la mujer, esa sería la empresa.

 

¿Y qué responsabilidad le cabe al respecto a los hombres y mujeres de empresa? ¡Mucha! Porque si bien una buena parte de la solución proviene de las políticas públicas, es en el lugar de trabajo donde se juega este partido y donde se manifestará el gran cambio que debemos realizar. El Fondo Monetario Internacional el año 2017 ubicó a Chile en el puesto 127 en la categoría “Ingreso por igual trabajo” y 117 en la categoría general “Participación económica y oportunidades”. Estos dos estudios nos muestran que si hubiera que elegir un área para lograr el mayor impacto en superar la discriminación que afecta a la mujer, esa área es en la empresa.

 

Cabe señalar un par de ideas matrices, alrededor de las cuales se debería ordenar el esfuerzo que como país debemos hacer. Primero, que la promoción laboral de la mujer no debe pagarla la familia; son la empresa y el trabajo los que tienen que adaptarse a la mujer y a la familia, y no al revés.

 

Segundo, que probablemente para mejorar la situación de la mujer en el trabajo seamos los hombres los que tenemos que hacer los cambios más profundos, no sólo en la empresa, sino que también en el hogar. No hay que esperar que se promulgue una ley para empezar a reforzar la paternidad mediante un rol activo, presente, amplio y profundo de nosotros los papás al interior de la familia, que nos conduzca a una real corresponsabilidad familiar. Gracias a la tecnología y las comunicaciones, hoy las empresas pueden encontrar diversas formas para que tanto hombres como mujeres trabajen de manera más flexible desde su hogar o en modalidades tales que les permitan conciliar estos dos mundos, en beneficio de la familia, por un lado, y de la misma empresa, por el otro.

 

El rol vital de la mujer en la familia, junto con la dignidad propia de la mujer, deben ser reconocidas, respetadas y fomentadas por el mundo del trabajo, de manera de no generar, ni continuar, con situaciones de exclusión laboral femenina, ni con situaciones de precariedad familiar.

 

Tercero, que todo este esfuerzo de cambio cultural y de políticas públicas se debe hacer desde la dignidad de la mujer y desde el prisma de la familia. El trabajo es un medio para sostener a la familia; ambos trabajan para lograr un mayor bienestar de ésta. Y para el logro de ese bienestar, el rol de la mujer en la familia es vital. Una y otra vez, la porfiada realidad nos muestra que dentro de la familia la mujer es de la más alta importancia. Y esa realidad del rol vital de la mujer en la familia, junto con la dignidad propia de la mujer, deben ser reconocidas, respetadas y fomentadas por el mundo del trabajo, de manera de no generar, ni continuar, con situaciones de exclusión laboral femenina, ni con situaciones de precariedad familiar.

 

Iniciativas como la ley de sala cuna universal, trabajo a distancia, acompañamiento a embarazos vulnerables, los cambios en el régimen de sociedad conyugal, la visibilidad de mujeres en cargos de alta responsabilidad, la ciencia y las artes, sólo para mencionar algunos, son necesarias y cuentan con apoyo transversal en nuestro país.

 

La incorporación de las mujeres a las empresas y su aporte en el emprendimiento enriquecen no solo a la sociedad en general, sino que también enriquecen la experiencia tanto de hombres como de mujeres al interior de las empresas; su presencia en la empresa aporta nuevas miradas y esa complementariedad se traduce en mejores decisiones, mejores resultados y mayor bienestar para todos. La empresa del futuro, o será un sustantivo femenino o simplemente no será del futuro.

 

FOTO: AGENCIA UNO

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