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Publicado el 17 de junio, 2015

Ideas y renovación generacional

Se requiere una generación con la determinación de defender principios y no privilegios, convicciones y no intereses, lo que se vuelve relevante a la luz del debate educacional.
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El estancamiento económico, las diferentes movilizaciones y paros que afectan el día a día de cientos de miles de chilenos, el desorden reinante en la coalición gobernante y el importante rechazo social que genera la imagen de la Presidenta no han sido obstáculos para que el gobierno promueva su agenda en materia tributaria, educacional y laboral. Reformas que sin duda han sido dañinas para el país.

A pesar de la falta de liderazgo presidencial y del mayoritario rechazo social a todas las reformas del gobierno, la oposición no ha logrado que sus distintos líderes –muchos de ellos con claras posibilidades el 2017- encarnen esa mayoría social que rechaza las propuestas presidenciales. Las encuestas traen malas noticias para el gobierno y la oposición.

Deshacer las reformas, promover una agenda transformadora del país y recuperar el ritmo perdido requerirá de un trabajo intelectual serio y de un esfuerzo transversal, política y generacionalmente. Transversalidad política porque, en un gobierno claramente izquierdizado, se requerirá unir «todo lo que esté a la derecha de la izquierda», en una idea que ha traído buenos frutos a la centroderecha española, integrando en una coalición amplia a todos los que comparten las ideas de justicia y libertad. Al mismo tiempo, se requiere un esfuerzo transversal generacional, que huya del mesianismo del recambio absoluto tanto como de la suficiencia de la experiencia y la repeticion de rostros.

En ese espíritu, fue una alegría participar del encuentro “Converge 2015” convocado por la Fundación180, que reunió a promisorios liderazgos jóvenes de la centroderecha, entre los que había dirigentes universitarios, representantes de centros de estudios y de movimientos de acción e impacto ciudadano.

En ese encuentro había de todo: gente que se definía como liberales, republicanos, conservadores, gremialistas, libertarios, socialcristianos y combinaciones de los anteriores. Todos considerándose parte de un mismo sector, conscientes de las muchas diferencias que tienen, pero con un claro espíritu de alianza. Jóvenes que han aprendido en las calles, en los patios de sus universidades –donde la mayoria de las veces son minoría-, en foros y debates, que el adversario está al frente y no al costado. Dispuestos a trabajar juntos en todo aquello que nos une y a respetarnos en lo que pensamos distinto. Otro esfuerzo positivo en la misma línea es el realizado por diferentes centros de estudio que desde hace un tiempo se han unido para realizar una promoción sistemática y coordinada de un ideario fundado en la justicia y la
libertad para el debate público.

Este actuar común requiere de un diagnóstico político propio, consciente de que si tomamos el de la izquierda, sus soluciones siempre serán mejores y más coherentes con su ideología. Si hay algo en lo que no se puede claudicar es en rescatar la propia identidad: orgullosos de la tradición de la que se es parte, comprometida con importantes logros sociales gracias a una economía social de mercado y agradecida
de los hombres y mujeres que los llevaron a cabo. A la luz de las ideas del Estado de derecho y de respeto a las instituciones, de derechos y libertades básicas –como el derecho a la vida o la libertad de enseñanza- y, con sus distintos matices, de una economía libre, debemos articular un diagnóstico nuevo y un plan para el país para los próximos diez años, a lo menos.

Por último, se requiere una generación con la determinación de defender principios y no privilegios, convicciones y no intereses, lo que se vuelve especialmente relevante a la luz del debate educacional. Por desgracia, tanto en la reforma de educación general como en la propuesta injusta de gratuidad presentada por el gobierno, hemos visto personeros más preocupados de salvaguardar su propia posición que defender el principio de que cada familia –con o sin recursos- pueda elegir la educación de sus hijos o de que los recursos escasos del Estado deben ir en ayuda de los más necesitados, que estudien en la institución que cumpliendo ciertas condiciones legítimas ellos escojan libremente.

En el ambiente de pesimismo actual y de cierta desazón en parte ambiental en el país, saber que surgen nuevos aliados es una nota de esperanza. Encuentros como el de los líderes universitarios, el trabajo de nuestros centros de estudio y de diversos centros de acción son una muestra de ello.

 

Julio Isamit, Presidente Fundación Chile Siempre.

 

 

FOTO: RAÚL ZAMORA/AGENCIAUNO

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