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Publicado el 20 de julio, 2018

Hospital Sótero del Río: los falsos dilemas en su construcción

Médico Internista, investigador asociado de Horizontal Juan Carlos Said

Cada día que pasa en la construcción del hospital es pagado por los habitantes de Puente Alto. Lo peor es que no lo pagan con dinero, sino con sus vidas. Ese costo no lo mide nadie.

Juan Carlos Said Médico Internista, investigador asociado de Horizontal
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Nuevamente es polémica la construcción del Hospital Sótero del Río. Como siempre, la disputa está en si construirlo con fondos del Estado o vía concesión. La discusión, influenciada por posiciones de izquierda o derecha, se concentra en cuál es la forma más cara o más barata de llevar a cabo el proyecto. Esta dicotomía, que puede ser hasta entretenida en lo académico y económico, oculta un gran drama de fondo: el nuevo Sótero del Río debe ser construido lo antes posible, no importa cómo.

Conocí éste, el hospital más grande de Chile, hace 17 años como alumno. Hace seis trabajo en él. Mi primer recuerdo como estudiante son las palabras de un profesor el año 2002: “Si botaran este hospital y lo construyeran dos veces más grande, estaría igual de lleno y colapsado el mismo día que lo inauguraran”. Hoy, habiendo trabajado ahí, puedo asegurar que mi profesor estaba equivocado: si construyeran un Sótero cuatro veces más grande, de seguro estaría lleno desde el día uno.

Y es que este recinto, más que un hospital, es una reliquia histórica. Construido en 1938, tenía como objetivo tratar a pacientes con tuberculosis con las técnicas pre–antibióticos: hacerlos tomar sol en la terraza. Desde entonces, la medicina ha cambiado y evolucionado infinitamente y los hospitales requieren equipos (como resonadores o scanners) para los cuales no se consideró espacio físico al momento de su construcción. Puente Alto también cambió. De 20.000 habitantes en la comuna cuando se inauguró el hospital, pasó a ser una de las más grandes de Chile, con 700.000 personas..

La necesidad de espacio para equipamientos y la alta demanda motivó su crecimiento, pero a la mala, a punta de parches, de forma inorgánica e insuficiente. Se fue llenando de oficinas en contenedores, o de servicios de imágenes muy lejos de donde se necesitan con mayor urgencia, careciendo también del número mínimamente requerido de camas y box de atención.

¿En qué se traduce esta desproporción entre habitantes y mala infraestructura hospitalaria? Muerte de pacientes, discapacidades prevenibles y sufrimiento innecesario. Son miles de personas que cada año no logran ser atendidas en urgencia porque simplemente no hay dónde hacerlo. Médicos que no pueden ver pacientes porque no hay disponibilidad de box médicos, retrasando así la resolución de problemas prioritarios de cientos de personas. Cada día que pasa en la construcción del hospital es pagado por los habitantes de Puente Alto. Lo peor es que no lo pagan con dinero, sino con sus vidas. Ese costo no lo mide nadie.

¿Quién cuantificó cuantas personas murieron esperando atención en los 4 años adicionales que se demoró la construcción del hospital de Puente Alto en el gobierno de Bachelet? Nadie. Se equivoca entonces el ministro de hacienda, Felipe Larraín, al poner en duda esta construcción. De conocer la realidad del Sotero del Río, sabría que estamos frente a una emergencia nacional.

Hizo bien el Presidente Piñera en insistir que este hospital se construirá. Sin embargo, es de esperar que la opción elegida no sea la más cómoda ideológicamente para uno u otro sector, sino más bien la que permita hacerlo lo antes posible sin que otros cuatro años pasen en vano. Es lo único que interesa a quienes trabajamos ahí, y a todas y todos los que viven en Puente Alto. Los únicos costos reales son las vidas de quienes ahí mueren esperando atención pública y de calidad.

Juan Carlos Said, médico internista

 

FOTO: MUNICIPALIDAD DE PUENTE ALTO/AGENCIAUNO

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