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Publicado el 08 de febrero, 2020

Hendrick van Nievelt: El incendio de la iglesia San Francisco de Ancud y la caída de Marduk

MBA IESE, Universidad de Navarra. Magíster en Historia. Consultor y Director de empresas. Hendrik van Nievelt

Las sociedades no sólo se conquistan por las armas o por el dominio económico, sino que a veces es más efectiva la destrucción de su base espiritual. El ataque cultural sigue siendo una herramienta utilizada hasta el día de hoy.

Hendrik van Nievelt MBA IESE, Universidad de Navarra. Magíster en Historia. Consultor y Director de empresas.

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Muchos chilenos hemos experimentado una mezcla de desaliento e indignación al ver los restos humeantes de lo que fue la Iglesia San Francisco de Ancud. Lo mismo ante el incendio y saqueo la Parroquia de la Asunción, la Iglesia Institucional de Carabineros, además de otros templos católicos y protestantes. Rabia e incomprensión surgen también contra el atentado a los monumentos de nuestros héroes patrios y la quema de nuestra bandera. ¿En qué están pensando estos vándalos? ¿Cómo pueden atentar contra la esencia de lo que nos define y enorgullece? Para responder estas preguntas hay que retroceder algunos años, 4.000, para ser precisos.

La bíblica Babel era una pequeña e irrelevante ciudad del mundo mesopotámico hasta que los amorreos la convirtieran en su capital hace aproximadamente cuatro milenios y fundaron el imperio babilónico. Estaba a orillas del Éufrates y fue durante catorce siglos la ciudad más importante del Asia occidental. Dentro de sus murallas se produjeron algunos de los avances más importantes de la civilización humana y, además, los dejaron registrados en tablillas y monumentos. Maravillas del mundo antiguo como la puerta de Ishtar y los Jardines Colgantes testimonian su refinamiento y desarrollo arquitectónico. Escribieron también el primer código penal; perfeccionaron la escritura cuneiforme; desarrollaron la medicina realizando operaciones quirúrgicas; lograron dominar las aleaciones de los metales; construyeron complejos sistemas de regadío que multiplicaron la producción agrícola; tuvieron avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos. En resumen, fueron un centro de saber, conocimiento, arte y riqueza.

Los babilónicos desarrollaron una sofisticada mitología de dioses, héroes y leyendas inspirados en la cultura sumeria. El dios supremo y patrono de la ciudad era el dios-creador Marduk. Por tanto, el ascenso de Babel significó que éste se convirtiera en el dios principal del panteón babilónico; uno de sus templos quedó retratado en la Biblia como la torre de Babel.

Pero toda ciudad o país rico, civilizado y próspero se convierte en el principal objetivo de dominación de vecinos y enemigos. La ciudad sobrevivió quince siglos, reconstruyéndose una y otra vez de los ataques de los conquistadores bárbaros, para cautivarlos después con su riqueza y desarrollo. Pero en el 482 aC, Jerjes I decidió aplastar de una vez y para siempre a los rebeldes babilónicos: destruyó los dos templos de Babilonia, asesinó a sus sacerdotes y demolió la estatua del dios Marduk. Esto último acabó con su resistencia, el ultraje a su dios fue un golpe del cual nunca pudieron recuperarse. Sus habitantes perdieron cualquier espíritu de lucha, fueron despoblando la ciudad y finalmente desaparecieron de la historia.

Jerjes I se dio cuenta que las sociedades no sólo se conquistan por las armas o por el dominio económico, sino que a veces es más efectiva la destrucción de su base espiritual. Esta forma de dominio se ha repetido a lo largo de la historia de la humanidad. La ocuparon también los romanos cuando atacaron a los druidas para conquistar Britania; Carlomagno cuando destruye los árboles sagrados de los pueblos germanos para cristianizarlos y controlarlos políticamente y los españoles para conquistar las civilizaciones Aztecas e Incas.

El ataque cultural sigue siendo una herramienta utilizada hasta el día de hoy. Hace unas pocas semanas Donald Trump amenazó a los iraníes: “tenemos identificados 52 sitios iraníes, algunos de ellos de muy alto nivel e importantes para Irán y la cultura iraní, y esos objetivos, e Irán mismo, serán golpeados muy rápido y muy fuerte”.

No es sorpresa, entonces, que sea uno de los frentes de ataque de los extremistas que intentan desestabilizar la sociedad chilena, su objetivo es crear miedo y desaliento para poder construir su utopía desde las cenizas. No creo que ninguno de aquellos que queman nuestras iglesias y destruyen nuestros monumentos patrios haya oído jamás hablar de Marduk, pero sí los que dirigen este proceso de destrucción han estudiado muy bien como desmoronar una sociedad. Aquí hay una lección claramente aprendida de la historia, ya estamos avisados en donde termina.

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