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Publicado el 18 de mayo, 2019

Harald Ruckle: Una clase de economía express para el Frente Amplio

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Puede que a algunos no les guste aceptarlo, pero en la calle se aplican los principios y se cosechan los frutos de la economía competitiva, la productividad, la inteligencia y la creatividad humana. Todo, empujado por el vilipendiado interés propio de los actores.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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A algunos personajes en el Frente Amplio les genera una pataleta rabiosa escuchar que la economía libre y un mercado competitivo sean una mejor solución para un sinfín de quehaceres humanos, vis-a-vis un diseño estatal. ¿Entenderán lo que se propone y sobre lo que opinan con tanta energía? Como les gusta tanto “la calle”, aquí las lecciones de la “calle economicista”.

Al observar qué pasa allá afuera, concluiremos que se aplican los principios y se cosechan los frutos de la economía competitiva, la productividad, la inteligencia y la creatividad humana. Todo, empujado por el vilipendiado interés propio de los actores.

Los cuidadores de autos prefieren clientes que pagan 500 pesos por un rato corto que 3.000 por estacionar largas horas. Rotación de un activo escaso (el espacio), se llama. El retail busca lo mismo con la rotación rápida de su mercancía para maximizar el uso de la estantería, que es limitada. Los vendedores en las micros inventaron los combos antes que las cadenas de fast-food; se les llama promociones cruzadas.

Anterior al diseño centralizado del Transantiago existía un mecanismo callejero para optimizar el uso de la capacidad y los ingresos de los buses. ¿Se acuerdan de los “sapos”? A cambio de pocas monedas, unos verdaderos genios informaron a los choferes la distancia (en tiempo) del bus anterior con la misma ruta. A eso se le conoce como el valor de la información competitiva.

Y todavía es posible encontrar cambiadores de divisas en múltiples calles de América Latina. Para sorpresa del observador, a veces se les ve cambiar divisas entre ellos. ¿Por qué? Ellos vigilan constantemente el balance entre los dólares y la moneda local que tienen en su poder. Cuando se inclina demasiado hacia una de las divisas, lo equilibran con la ayuda de sus competidores. Saben muy bien que están en el negocio de spread (diferencia entre compra y venta) y no en el negocio de la especulación (la tasa de cambio puede variar en cualquier momento y ocasionarles fuertes pérdidas). Modelo de negocio y consistencia estratégica, se llama.

¿Vendedores de frutas y quesos en el semáforo? El valor de la distribución cercana al consumidor. ¿Su nana pidiendo un aumento de sueldo? Una señal de un mercado laboral “bullish”, con una mayor demanda que oferta de servicios domésticos. ¿Empieza llover y al minuto aparecen vendedores de paraguas en el Paseo Ahumada? Eso es cubrir necesidades y competir a base de velocidad.

Los taxistas, tildados como “piratas”, ofreciendo tarifas bajas en el último piso del aeropuerto. Después de dejar un pasajero desde su origen al aeropuerto quieren captar clientes para la vuelta. Se niegan de aceptar la regla absurda de volver vacío. “Backload” lo han denominado los expertos en logística.

Y las citas a ciegas montadas por un amigo en común, en países donde reina la desconfianza entre los ciudadanos, es una “certificación” de la calidad de la persona por conocer; un intento de bajar el “riesgo de contraparte”.

Para terminar, un ejemplo que aparentemente ya entienden muy bien nuestros jóvenes, y no tan jóvenes, diputados del Frente Amplio. El “pituto” se puede ver como el acceso privilegiado a canales de distribución de empleos. O como asimetría de la información. ¡Justo aquí se da el caso de un mercado imperfecto e injusto!

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