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Publicado el 17 de mayo, 2020

Harald Ruckle: ¿Nadie ve nada bueno?

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Cualquier pedagogo, jefe, madre y padre saben de la increíble fuerza del reconocimiento positivo de un deseable comportamiento. Reforzar lo bueno llevará a múltiples actuaciones positivas. Un logro explicitado es la mejor base para el próximo.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas

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Si los canales de televisión tienen razón que lo polémico y malo es lo único “vendible”, usted, mi estimado lector, probablemente no haya llegado a leer esta línea. Los matinales lideran a los vociferantes del mal, quienes sobran en el país. Estos programas entran a nuestra casa, intoxicando el ánimo al iniciar nuestro día. Nos generan mal humor. Sincerándose, deberían rebautizarse. Engañan (ya desde su título) con «Bienvenidos», «Mucho Gusto», «Buenos días a todos», «Contigo en la mañana». Llamémoslos «Hola Malvenido», «Con disgusto», «Otro pésimo día», «En contra tuyo».

Se echa de menos un Felipe Camiroaga, con su enfoque en la utilidad pública, positiva y entrenida. La degradación de los matinales, con sus integrantes buceando en las aguas oscuras del alma humano, solo se explica por un desmedido afán de lucro. El mismo que golosamente denuncian a cada rato.

Solo los políticos superan a los “periodistas” de pantalla con su mala leche. Los parlamentos parecen un espectáculo de zombis, hambrientes de sangre de sus enemigos. Vuelan los insultos, rabietas, amenazas, acusaciones y mentiras. Nada de deliberación, escucha activa y reflexión solemne. Aparentemente sufren de colitis crónica, nuestros “colíticos”. ¿O vomíticos?

Se agregan los opinólogos, de cualquier nivel intelectual. La buena pluma o la simplista sentencia malvada  producen impacto. Cuanto más agresivo, pareciese mejor. La expresión máxima es sin duda Twitter, palabra inglesa derivada del simpático “pío, pío” de un encantador pajarito. Debería llamarse “Hisser” (sonido amenazante de un gato), transferido al castellano quizás «¡Gruñamos!» ¿O “Ladremos”?

Hasta los comentaristas del deporte caen en el pozo morboso. En lugar de alegrarse de poder disfrutar a deportistas del porte de Alexis y Arturo, los comparan sin piedad en sus fracasos. Sienten y apelan al “Schadenfreude” (alemán, el placer por el daño ajeno). Rebautizados como envidiosos verdugos.

¿Y nos extrañamos de la “polarización”, llevándonos a la destrucción?

Me dirán que para lograr cambios en nuestra tan perdida sociedad (sic), hay que provocar. La provocación tiene su origen emocional en la desolación, muy distinto a la convicción, y tiene elementos de auto-satisfacción. Para algunos, mostrar cosas buenas equivale a complacencia, y lo ironizan como “buenismo” débil. Quizás sea cierto para ciertas situaciones. Pero de allí que todo sea malo, hay una gran distancia.

Cualquier pedagogo, jefe, madre y padre saben de la increíble fuerza del reconocimiento positivo de un deseable comportamiento. Reforzar lo bueno llevará a múltiples actuaciones positivas. Un logro explicitado es la mejor base para el próximo.

Veamos las cosas buenas de Chile. En el contexto de la pandemia, la labor indispensable de las cajeras, los reponedores de estantería, camioneros, en fin todos los integrantes de la cadena alimenticia. ¿Sin ellos, donde estaríamos? Obviamente el personal de salud. También los recolectores de la basura y los micreros. Los millones de chilenos que cumplen con sus deberes y con la distancia social.

La inmensa mayoría de los estudiantes venciendo victoriosamente al incomodo estudio remoto, demostrando una madurez insospechada en un contexto adverso; juntos a sus necesariamente innovadores profesores.

Las fundaciones, hoy más beneficiosas que nunca. El éxito de la Teletón. La gran cantidad de empresas privadas que están encontrando una satisfactoria misión más allá de servir a sus accionistas. Los servicios y productos ingeniosos que están emergiendo. Las fuerzas públicas, exponiéndose sin quejas a la frecuentemente ingrata labor.

La lista, desde luego expandible, ¿es solo una demostración de ingenuidad y falta de critique? ¿Necesitamos los gritos odiosos para movilizarnos? Por lo menos los chilenos que yo conozco se motivan más por lo positivo, la buena onda. Y desde luego por el hoy ansiado asado entre amigos. Viva Chile.

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