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Publicado el 15 de diciembre, 2018

Harald Ruckle: Misión: Sacar plata a los chilenos

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Aunque ser “pillo” tiene una connotación cuasi positiva, la verdad es que ahora (casi) todos somos abusadores y abusados. Lo anterior hace peligrar el progreso logrado, reemergiendo unas “soluciones” retrogradas, léase más Estado y más leyes, que solo obtendrán lo contrario. El segundo gobierno de la Presidenta Bachelet nos ha enseñado que es un peligro real.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Los ciudadanos se sienten agobiados por los abusos. Mientras la prensa tradicional resalta los casos grandes de colusión y corrupción, basta revisar las redes sociales para darse cuenta que en el día a día el descontento es mayúsculo. Es virtualmente imposible que uno viva 24 horas con los ojos abiertos sin sufrir múltiples ataques a los bolsillos, los que, aunque sean “legales”, son indecentes.

¿Habrá una rebelión tipo francés, sustituyendo las chaquetas amarillas por chaquetas de cuero? Una chispa enciende un fuego. La lista chispera es larga.

Veamos primero el sector privado. Abusos hormiga por donde se mire. “Solo $4.990, antes $7.990, usted ahorra $3.000”, esconde la difundida práctica de “marcar arriba” (mentir sobre el precio verdadero antes de la promoción) del sector retail. Con algunas excepciones, los precios al consumidor de artículos de uso diario, sin hablar de los medicamentos, son iguales, y en muchos casos mayores, que en países con ingresos superiores; y subiendo todos los meses. Los anuncios de los grandes descuentos en la venta de automóviles, con la letra literalmente muy chica, que la reducción solo aplica al tomar un crédito, lo que incrementa, y no disminuye, el valor total pagado por el comprador. Las autopistas cobrando la tarifa de autos para motos, pero tarifas mayores para camiones. ¿Se ve la contradicción y el entendible enojo de los motoqueros? ¿Habrá una rebelión tipo francés, sustituyendo las chaquetas amarillas por chaquetas de cuero? Una chispa enciende un fuego. La lista chispera es larga. Parece que hay un ejército de hormiguitas dedicado a pensar cómo sacar plata a los chilenos. El concepto de entregar valor al cliente se practica en cómo extraer valor del cliente.

Peor en el sector público. Dado que los servicios públicos generalmente son monopólicos y su uso frecuentemente obligatorio, la presa es fácil de atrapar. Las contribuciones son expropiaciones sobre patrimonio que ya ha pagado impuestos. El estado nos saca la plata para “protegernos”. Suena a “El Padrino”, ¿no? Mientras, los honorables parlamentarios cobran, aparte de su suculento sueldo, variados pagos adicionales. Claro, ellos mismos definen su sueldo. La reacción de la gente oscila entre indignación y resignación. “Todo el mundo te quiere ca…”, “Aquí todos roban” y “Estamos en Chile” son comentarios que todos hemos escuchado.

El círculo vicioso de los abusos se puede transformar en un círculo virtuoso de decencia. Los actores a nivel de individuo son en su mayoría “buenas personas”. ¿Quiénes mejor que los con poder inmediato para empezar a privilegiar la honradez y mesura en su diario actuar?

¿Es cierto todo eso? ¿Estamos tan mal? Depende de la perspectiva que tomemos. Durante toda la historia humana, y bajo cualquier régimen y forma de gobierno se ha observado el abuso de unos seres humanos sobre otros. Sin duda, y objetivamente, hoy en Chile estamos infinitamente mejor resguardados y con mayor bienestar, como nunca visto. La diferencia es que mientras antes las elites eran claramente los villanos invencibles, hoy parece que todos buscamos sacar plata al prójimo. Aunque ser “pillo” tiene una connotación cuasi positiva, la verdad es que ahora (casi) todos somos abusadores y abusados. Lo anterior hace peligrar el progreso logrado, reemergiendo unas “soluciones” retrogradas, léase más Estado y más leyes, que solo obtendrán lo contrario. El segundo gobierno de la Presidenta Bachelet nos ha enseñado que es un peligro real.

¿Qué hacer? A nivel individual, una estrategia es integrarse a un potente hormiguero que esté a nuestro alcance. Así, mis frutos del abuso son mayores que los costos cuando abusan de mí. Aunque sea un consuelo para unos, se cae en un círculo vicioso que puede acabar con nuestra civilización (moderadamente) lograda. Cualquier persona que haya estado sin hormiguero, sabe de la tentación, hasta justificación, para cruzar incluso de la raya de la legalidad.

Aquí tenemos un nuevo rol para las elites. Las necesitamos mientras nos encaminamos hacia la utopía del gobierno del pueblo. En lugar de pasearse en encuentros vistosos tipo “3i” o “Cena Pan y Vino”, mejor que se empiece por casa. Las elites del sector privado y del sector público. El círculo vicioso de los abusos se puede transformar en un círculo virtuoso de decencia. Los actores a nivel de individuo son, como en todos los estratos, en su mayoría “buenas personas”. ¿Quiénes mejor que los con poder inmediato para empezar a privilegiar la honradez y mesura en su diario actuar? La vida es más que la plata. ¿Muy ingenuo? ¿El lobo cuidando las ovejas? “El poder corrompe”: ¿Será una ley natural y eterna?

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

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