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Publicado el 20 de octubre, 2018

Harald Ruckle: Medicamentos en Chile: Una cuestión social, política y técnica

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

El acceso a medicamentos a un costo razonable, especialmente para enfermedades serias y las crónicas, sobrepasa una “cuestión social”, llegando a ser un asunto moral.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Los remedios en Chile son muy caros, una creencia que se ha instalado en la mente del ciudadano. Hay múltiples investigaciones, y aún más ejemplos concretos, que demuestran precios mayores en Chile en comparación con otros países para el mismo fármaco. Además, los valores han crecido por encima de la inflación durante la última década. Pocos estudios dicen lo contrario.

 

Aprendimos que el enojo popular puede llevarnos a políticas muy dañinas, presionados por movimientos “#nomasTALCOSA”.

 

Convengamos que es un tema extremadamente sensible para la gente, de altísimo impacto humano. Su relevancia aumentará con el envejecimiento de la población y la longevidad ascendiente. ¡La crítica al sector farmacéutico, y al gobierno por inacción, no desaparecerá! Es imprescindible actuar, ya. El acceso a medicamentos a un costo razonable, especialmente para enfermedades serias y las crónicas, sobrepasa una “cuestión social”, llegando a ser un asunto moral. En Chile hay un porcentaje significativo de ciertos remedios que se entregan sin cobro a los pacientes, sobre todo cuando hay un inminente peligro vital. No hay el mismo apoyo, generalmente, para costear (¡durante el resto de la vida!) los medicamentos para la gran cantidad de personas con dolencias crónicas. Sin tratamiento, éstas igualmente quitan años de vida, llevan a una muerte pre-madura.

 

Siendo un tema de vida o muerte, merece un debate transparente y reformas legislativas. El público tiene la convicción de ser abusado, acrecentando la desconfianza hacia nuestras empresas e instituciones. Aprendimos que el enojo popular puede llevarnos a políticas muy dañinas, presionados por movimientos “#nomasTALCOSA”. Los laboratorios y farmacias lograron constituirse en los nuevos villanos del país. Es miopía de los actores privados el resistirse incluso a tibias reformas y propuestas, aumentando el riesgo de sufrir medidas drásticas como el control centralizado de precios.

 

Volviendo al ámbito político, en el año 2014 se aprobó una Ley de Fármacos y está en discusión legislativa la Ley de Fármacos 2 (¡desde el año 2015!). Hay elementos de buenas intenciones en ambas iniciativas, aunque es dudable que tengan un impacto “sentible” para la población. Es algo extraño que se hayan excluido medidas obvias. Es solo lógico que la ciudadanía se pregunta suspicazmente, ¿qué es lo que no sabemos? Supongamos, y con buena fe, que la dificultad de avanzar a soluciones tangibles se debe a dificultades técnicas. Un gobierno, al percibir la necesidad de intervenir un sector industrial o económico, tiene dos opciones. Pensar en, y modificar, el diseño estructural del sector, o buscar cambiar ciertos componentes, identificando “quick wins” o “low hanging fruits”. Abundan buenas ideas con resultados potencialmente muy positivos (aunque no garantizados, como no se cansan de señalar los contrincantes interesados).

 

Es increíble que en los tiempos de Waze y Uber no exista la publicación electrónica, obligatoria y vinculante, de los precios de todas las farmacias, por local, de cada remedio, su sustituto genérico y su bio-equivalente.

 

Como ejemplo obvio, el acceso simple a la información de los precios al consumidor. Es verdaderamente increíble que en los tiempos de Waze y Uber no exista la publicación electrónica, obligatoria y vinculante, de los precios de todas las farmacias, por local, de cada remedio, su sustituto genérico y su bio-equivalente; naturalmente con geo-referenciación. Existen sitios, tanto privados (por ejemplo, Yapp) como público (tufarmacia.gob.cl), pero están muy lejos del objetivo de encontrar la farmacia con el precio más conveniente, a una distancia aceptable. Un segundo ejemplo es la importación directa, por parte de una farmacia, hoy prohibido. Es fácil de imaginar -y en Chile sobran emprendedores creativos y “hambrientos”- farmacias virtuales, con entrega al domicilio en alianza con especialistas logísticos. Incluso serían más fáciles de fiscalizar que los tres mil locales físicos actualmente existentes. Otros ejemplos son la distribución vía supermercados de medicamentos que no requieren receta médica y bajar la tasa del IVA para estos productos.

 

La otra opción es buscar una reestructuración del mercado. Pensar en lo óptimo para la gente, y de allí tratar de remover cada obstáculo. En este caso, la combinación de precios bajos y calidad asegurada. Reflexionar cómo bajar barreras de entrada, aumentar sustitutos, estimular libre competencia, descentralizar actores, incentivar centrales de compras (cooperativas para las farmacias independientes o acceso irrestrictico a CENABAST, la central de abastecimiento de la salud pública), y desmonopolizar las autorizaciones de productos. Es cierto que el sector farmacéutico tiene la particularidad de las patentes y licencias para recompensar, supuestamente, las inversiones en Investigación y Desarrollo. Sin embargo, es un argumento dudable, que se necesiten márgenes exorbitantes para alentar esta inversión. Cuando ganas mucho, ¿para qué tomar el riesgo de innovar? La necesidad impulsa la creatividad.

 

Para el chileno de a pie, doliente en bolsillo y cuerpo, es incomprensible el poco avance que se puede apreciar hasta ahora. No le interesan demasiado los argumentos de complejidad, sospechan que esconden los intereses particulares y políticos. Con voluntad política (y empresarial), se puede, siempre cuando sea una voluntad fuerte y buena.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

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