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Publicado el 25 de agosto, 2018

Harald Ruckle: Las Cooperativas: ¿Valor social o refugio fiscal?

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Las cooperativas pueden y deben ser viables y fuertes sin ventajas tributarias. Pido perdón por pisar varios callos.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Hemos sido testigos de los intercambios de opinión entre la cooperativa Colun y Watt´s, una empresa privada. Watt´s acusa a Colun de ganar mercado gracias a sustanciales ventajas tributarias, lo que permitiría a la cooperativa ofrecer precios bajos al público. Las ganancias de la cooperativa, como también los excedentes recibidos por los socios, gozan de exenciones tributarias. Los precios bajos entonces serían financiados por las arcas fiscales y constituirían una competencia desleal. Colun se defiende apelando al espíritu cooperativo de apoyar pequeños agricultores.

 

La respuesta a la pregunta del título de esta columna es que las cooperativas tienen un alto valor social siempre y cuando compitan en igualdad de condiciones impositivas. Es más: ¡A Colun le conviene pagar los mismos impuestos que sus competidores! Veamos cómo se llega a tal conclusión provocativa.

 

Hay cierto romanticismo cuando escuchamos la palabra cooperativa. Representa en nuestra mente la lucha de David contra Goliat. La sola palabra “cooperar” nos lleva a la parte bella del ser humano. Lo que explica la inusual generosidad de los gobiernos (en el mundo) de dotar a estas organizaciones con ciertos privilegios tributarios.

 

Esta pizca del aparente idealismo ideológico tiene su origen tanto en la historia como en la lógica de mercados concentrados. Las cooperativas datan de los fines del siglo 18 en Europa, como una respuesta a las condiciones desmejoradas de pequeños artesanos, emprendedores y trabajadores. Desde entonces y hasta el día de hoy, las cooperativas suelen nacer cuando el poder de negociación entre dos partes está fuertemente sesgado en favor de un lado. Al agruparse “los sin poder” cooperativamente, se logra una re-distribución del poder (y en consecuencia de los frutos de la actividad) más equilibrada. Hay cooperativas de proveedores pequeños que se enfrentan con pocos compradores grandes (caso común en la agricultura) como también de clientes o canales que deben negociar con proveedores oligopólicos o luchar contra una concentración de sus competidores (caso de los supermercados cooperados en Europa).

 

La protección de la agricultura, quizás deseable por razones estratégicas, territoriales o sociales, debe evitar la discriminación entre cooperados y no-cooperados.

 

Sabemos ahora la motivación económica-social de una cooperativa. ¿Cómo se sostiene su modelo de negocio? La cooperación propietaria resulta en ventajas competitivas muy relevantes. Ganan a sus símiles, inversionistas en una empresa privada, por su visión largo-placista. La actividad de los cooperados suele ser su única fuente de ingresos, utilizando sus únicos activos; no les es fácil cambiar de rubro. Tienen una gran ventaja en el tema de confianza, un factor de alto valor. Están dispuestos de compartir conocimientos entre ellos (que antes competían) y con su proveedor o cliente. Bien manejado, puede resultar en innovaciones vanguardistas, apoyado en los recursos monetarios e intelectuales compartidos. El alineamiento organizacional y accionario, tan difícil en cualquier empresa, está presente en forma natural.

 

Volviendo al tema de los impuestos. Impuestos desiguales distorsionan las decisiones. La ventaja tributaria puede llevar a Colun y sus afiliados a descuidar las profundas ventajas inherentes por su estructura propietaria. Es cierto que hay segmentos y sectores que merecen especial atención, para eso hay políticas públicas. Impuestos bajos para las personas con ingresos inferiores. La protección de la agricultura, quizás deseable por razones estratégicas, territoriales o sociales, debe evitar la discriminación entre cooperados y no-cooperados.

 

Las cooperativas pueden y deben ser viables y fuertes sin ventajas tributarias. Pido perdón por pisar varios callos: a la empresa tradicional por creer en el modelo cooperativo; a las cooperativas por sugerir quitarles el dulce: a los políticos por destruir un discurso bonito. Vida de columnista.

 

FOTO: CLAUDIO AGUILERA / MINAGRI

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