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Publicado el 15 de junio, 2019

Harald Ruckle: El Estado cruel y la crisis humanitaria en Chile

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Doscientos cincuenta mil personas (¡un cuarto de millón!) están esperando una cirugía en el sistema público de salud. Esperan 331 días en promedio. ¡Un año! Es dramático e indecente. Una verdadera crisis humanitaria, no en tierras lejanas sino aquí, en nuestro país.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Hace pocos días nos enteramos que los quirófanos públicos se utilizan solo 5 horas al día, de las 9 horas de disponibilidad institucional. Sin hablar de las 12 horas en las clínicas. Se realizan un 40% de las operaciones factibles en el día. Una noticia inexplicadamente escondida en las páginas interiores de los periódicos.

Doscientos cincuenta mil personas (¡un cuarto de millón!) están esperando una cirugía en el sistema público de salud. Esperan 331 días en promedio. ¡Un año! Es dramático e indecente. Una verdadera crisis humanitaria, no en tierras lejanas sino aquí, en nuestro país.

Este fenómeno triste no es nuevo y lleva a consecuencias literalmente fatales. Se estima que durante 2016 fallecieron casi 25.000 personas esperando una atención médica, de los cuales cerca de un 10% eran pacientes aguardando una cirugía “programada”. Cada 24 horas se mueren 6 ciudadanos de la lista de espera para una intervención quirúrgica.

Imagine que el afectado fuese usted mismo, su pareja, madre o padre, o un hijo…

Citando al Presidente Patricio Aylwin, “el mercado es cruel”. Don Patricio tenía razón. Excavando las causas, suele ser el comportamiento humano, en su faceta egoísta y sin contrapeso, el que produce la crueldad. Por lo visto, el Estado le empata al mercado en la crueldad. La razón es simple. En el Estado actúan los mismos seres humanos, y éstos aparentemente mantienen esta característica individualista, y no se convierten en santos.

El tiempo de espera se podría acortar a la mitad, a corto plazo, utilizando a plena capacidad de los pabellones públicos. Al declarar una emergencia nacional, y extendiendo temporalmente el uso nocturno y durante los fines de semana, probablemente se eliminarían la lista de espera. Posiblemente salvando miles de vidas.

Meditemos un minuto, salvar miles de vida…

¿Cuál es la dificultad? Según el director del Instituto de Políticas Públicas de la USS, “los especialistas no tienen incentivos para alargar su jornada” y “la mayoría atiende en consultas privadas” en la tarde.

¿Falta de incentivos? ¿Este concepto tan vilipendiado del “mercado” es, por su ausencia o por estar mal puestos, el culpable? Aparentemente sí, reiterando que las personas que trabajan en el sector público o privado no se distinguen en sus actitudes altruistas, mejor dicho, la carencia de ellas. El (ahora tan famoso) “ente público” no existe, es solo una forma de propiedad de los “fierros”. Por debajo, donde importa, en la ejecución, trabajan las mismas personas. Nótese, no se están criticando los integrantes de los hospitales públicos, tenemos que estar agradecidos por su sacrificio y trabajo noble. Simplemente siguen siendo humanos.

Es un caso extremo de cómo el Estado puede ser muy cruel. ¿Qué hacer? ¡A moverse! En el corto plazo, y con voluntad, podemos amortiguar el sufrimiento con medidas extraordinarias. Con una campaña de utilizar los pabellones 24/7, temporalmente. Sería un gran alivio para los cientos de miles de enfermos actualmente en espera. Debiera ser prioridad nacional número uno.

El segundo desafío es encontrar las soluciones sostenibles en el tiempo. Escucharemos discursos de indignación y una gran pelea por aumentos significativos de recursos fiscales para construir más pabellones que funcionan solo 5 horas al día.

Lo deseable es lograr una gestión eficiente y efectiva, en recursos, y sobre todo en los resultados tangibles para los pacientes. Introducir “accountability” (rendición de cuentas), junto con una suficiente autonomía para las decisiones operativas y de personal. Manejar metas y métricas digitalizadas, y aceptar elementos de competencia y de incentivos correctos. Ya se escuchan los gritos al cielo de ciertos personajes. Mientras sigue muriéndose la gente que podría salvarse.

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