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Publicado el 17 de noviembre, 2018

Harald Ruckle: Democracia tómbola

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

¿Qué pasaría si, tal como pronosticaron pensadores como Yuval Noah Harari y Peter Sloterdijk, las democracias occidentales se deterioran a tal grado que los parlamentarios empiezan a ser elegidos al azar?

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Corre el año 2034. En Inglaterra, empobrecida después del Brexit (ahora la capital financiera europea es Varsovia), y con Escocia e Irlanda del Norte escindidos del Reino “Des-Unido”, sigue el debate apasionado sobre los defectos del sistema democrático.

 

Tal como habían pronosticado pensadores como Yuval Noah Harari y Peter Sloterdijk, las democracias occidentales se han deteriorado seriamente. Una tormenta perfecta. Los ciudadanos desilusionados, enfrentados y todos resentidos. Por un lado, los perdedores de la tecnología y la globalización se sienten irrelevantes e inútiles, a pesar de su Ingreso Universal Básico, ascendiente todos los años. Los profesionales especializados, bien montados en la ola del progreso científico, agonizan aplastados por los impuestos gigantescos y el enorme tamaño del estado. La economía en ruina, con déficits fiscales galopantes y una deuda pública fuera de control. A nivel político, se han turnado caudillos populistas de derecha e izquierda, produciendo una incertidumbre continua y oscilante. Reinan escándalos de corrupción, clientelismo, nepotismo y la perpetuación del estamento político elitista, enfocado únicamente en sus intereses propios. Las elecciones se arreglan con promesas del cielo, dinero y manipulación tecnológica.

 

Un profesor destacado de la Universidad de Oxford, consultado sobre el posible colapso de la democracia británica, se acuerda de un pequeño país en un continente lejano. Ese país ya lleva 10 años con un parlamento elegido al azar, por “tómbola”, entre la población. El rey Guillermo decide mandar una delegación para estudiar este país loco con un experimento tan peligroso. Un grupo sui generis aterriza en la capital: Sir Edward, miembro de la “House of Lords”, John (apodo “Red J”, por ser el miembro más radical del partido laborista) y el Doctor Eliot (PhD en historia, PhD en econometría, MSc en matemáticas, BSc en geología y Vice Chancellor Oxford University). Antes del viaje se hicieron buenos “mates”, con la ayuda de unas pintas de cerveza Bitter (la Guiness está prohibida por ley debido a la deslealtad de los irlandeses).

 

En sucesivas reuniones se enteran cómo una crisis de corrupción sin precedentes, que afectó al 75% de los parlamentarios, llevó a un cambio que nadie se había imaginado. Quedaban solo 25% de los parlamentarios habilitados, los “limpios” y generalmente los de mayor edad; lo que posibilitó aprobar el cambio constitucional para elegir los miembros de la cámara por sorteo. Participan todos los ciudadanos mayores de 21 años; así, potencialmente toda persona puede ser parlamentario de la Cámara Baja por un periodo de dos años, con renovaciones de la mitad cada año.

 

“Wow”, dice el Doctor Eliot (olvidando su natural desprecio por las expresiones típicas de los incultos norteamericanos, pero recordando sus conocimientos en estadística), “of course” eso lleva a una representatividad (género, origen socio-económico, etario, regional, y creencias de todo tipo) muy superior a cualquier sistema electoral tradicional. Sir Edwards indaga sobre la calidad legislativa si “cualquiera” se desempeña en tan noble función, aunque admite que los jurados en Estados Unidos (nuevamente los “damn yankees”) siguen un modelo parecido. Sus anfitriones le explican que la cercanía con, y el entendimiento vivencial de, todo el espectro poblacional ha permitido encontrar soluciones aceptables y prácticas a los violentos cambios del mundo. No hay desempleo, “hasta tenemos ex-mineros (sustituidos por robots) que ahora son excelentes enfermeros”.

 

Red J (temiendo por sus colegas políticos y sus apetitosos privilegios materiales) interviene: «Estos amateurs deben ser muy influenciables», (y comprables, se imagina). Recibe una lección en antropología experimental. La inmensa mayoría de los ciudadanos ha comprobado tener suficiente inteligencia y, sobre todo, buenas intenciones, siempre cuando no haya cómo eternizarse en el poder. Sienten el honor de aportar durante un periodo de 24 meses, y después vuelven a su vida anterior. Ya hay varios miles de ex-parlamentarios en todos los rincones de la sociedad, facilitando a su entorno la comprensión de la complejidad de dirigir un país.

 

«Qué atrevidos, debe ser la sangre caliente de esta gente», concluyen los anglo-sajones. Esta vez cosechan una enseñanza de realismo. El senado todavía es elegido “a la antigua”, y ha servido como estabilizador. Aunque ya no se juzga como tan necesario, y se discuten innovaciones. El Ejecutivo continúa con un presidente fuerte y elegido directamente. Pobres partidos políticos, seguramente muertos, se angustia Red J. No es tan así, es el argumento local. Hoy son “think tanks” de alto nivel intelectual y sin cargos suculentos para distribuir a los amigos y aliados. El tamaño del estado ha disminuido sustancialmente, lo que facilitó una tasa de impuestos baja e igual para todos, erradicando los incentivos de evasión.

 

“Bloody Hell”, parece que nosotros somos los dinosaurios en peligro de extinción, concluye la delegación. ¿Cómo evitamos que nos caiga este meteorito post-post-moderno en el Kingdom? Mejor vamos al pub para pensar.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

 

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