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Publicado el 20 de junio, 2020

Harald Ruckle: Del 2020 al año 2080: ¿De “ricos y pobres” a “útiles e inútiles”?

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Tengamos fe en la inteligencia y creatividad humana. Abramos nuestras mentes y nuestros corazones para el cambio.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas

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Nos encontramos en el año 2080. Ya no existen ni oficinas inmensas ni fábricas a gran escala encerrando miles de trabajadores. Las industrias manufactureras que quedan han sido automatizadas con robots. Los servicios giran alrededor de plataformas inteligentes. La humanidad ha logrado salvar al planeta, con cero emisiones contaminantes, cielos azules y mares limpias, y con economías sustentables. La creación de riqueza está en un nivel jamás imaginado, con recursos suficientes para todos los ciudadanos del mundo.

La pobreza fue erradicada, nadie sufre hambre, ni enfermedades curables o injusticias de cuna. El Ingreso Básico Universal que permite a todos vivir cómodamente, fue implementado a pesar de la resistencia de los sectores políticos, anteriormente llamados derecha o izquierda. La primera tenía dudas del impacto sobre los “incentivos”, asumiendo que, al no estar obligado a trabajar para cubrir necesidades básicas, nadie iba a esforzarse. Equivocados, la gente al sentirse protegida, demostró una apasionada iniciativa de contribuir a la sociedad. La izquierda, que siempre había luchado por la redistribución, perdió su clientela de pobres, y desapareció.

Para llegar a un mundo indiscutiblemente mejor, hubo que pasar por un periodo turbulento. La década de los años veinte (2020 al 2030) llegó a describirse como los “black twenties”, muy distinto a los “golden twenties” del siglo anterior. En plena pandemia por un virus porfiado que duró 3 años, los estallidos sociales a nivel mundial amenazaban de pulverizar los sistemas políticos, sociales y económicos. En países tan disimiles como Chile, Francia y Estados Unidos, hasta en la autocrática China, se montaron revoluciones populares, las que en la superficie, se erigían sobre factuales fenómenos “verificables”, como la desigualdad económica, la ecología dañada, el poder concentrado o el clasismo y racismo. La sincronización global de la recesión económica con los descontentos sociales, una mezcla ciertamente explosiva, llevó a la especie humana al borde del abismo, a punto de extinguirse. Se juntaron demandas que mareaban por su confusa diversidad. En retro-perspectiva histórica se concluye que solo escondían un intuitivo temor al futuro. ¿Se destruirá al planeta? ¿Si sobrevive, cómo quedan los ciudadanos, cada uno con sus habilidades en promedio, valga la redundancia, promedias? En otras palabras, el miedo a convertirse en inútil. Ser inútil es aún peor que ser pobre o discriminado por algo incontrolable, como la cuna o la etnia. La entendible violencia callejera se encontró con respuestas igualmente agresivas, ya sea a nivel de “orden” opresivo o de “leyes” expropiatorias.

Superados los diez traumáticos años, la población no se había dividido en los dos temidos segmentos de útiles e inútiles. Como se previó, el cambio fue liderado por los científicos en informática y biotecnología. La sorpresa se dio en una creciente apreciación e integración de disciplinas “blandas”. Un nuevo renacimiento. Las humanidades y las artes, como la filosofía, sociología, sicología y literatura forman parte integral del quehacer humano. La educación de altísima calidad es accesible globalmente a costo cero; evidenciado con la innovación estrella del año 2035, originada en un pueblo rural de un país muy alejado del Silicon Valley.

El verdadero cambio paradigmático fue la reubicación y fragmentación de las funciones básicas de la economía. La eliminación del concepto de economías de escala, que requería un alto volumen en un solo lugar para producir eficientemente un bien. Nadie lo había imaginado, a pesar del precedente de los medios de comunicación. La disminución drástica del costo de las nuevas tecnologías posibilitó su aplicación a nivel local, incluso doméstico. No hay casa que no produzca su propia energía. La biogenética permite producir un buen porcentaje de los alimentos en los jardines, balcones y los interiores de cada departamento. Muchos artículos físicos se imprimen con 3D en el mismo hogar. Las personas volvieron a ser libres y autónomos para sus necesidades esenciales. La conciencia del innecesario sobreconsumo demandó menos productos pero de larga duración, y causó la vuelta de una gigantesca industria artesanal. Millones de oficios manuales fueron recreados y están absorbiendo los aportes de las personas que temían ser inútiles. Volvieron los zapateros y los sastres. La vida tiene tres pilares: el Ingreso Básico Universal, la producción doméstica y el oficio. “Ser empleado” es una rara excepción.

¿Utópico? Quizás. ¿Imposible? No. Tengamos fe en la inteligencia y creatividad humana. Abramos nuestras mentes y nuestros corazones para el cambio. El futuro será bueno. Para todos.

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