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Publicado el 16 de febrero, 2019

Harald Ruckle: De playas y cajones mentales

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

Cualquier persona que haya sido discriminada por su origen social, raza, nacionalidad, religión o barrio, sabe lo hiriente que es. No olvidará nunca este ataque al corazón de su identidad, su valor igualitario como ser humano. Deja cicatrices que se abren fácilmente.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Lo relevante del incidente en el lago Ranco y la violenta reacción de los ciudadanos en los medios sociales no es la deficiente regulación de las costas. Tampoco dice mucho de un señor poco cortés ni de cierta empresa, “cálida”, según su publicidad. ¿Entonces, qué nos enseña? Dice mucho sobre nosotros. Los seres humanos en general, y los chilenos en particular.

Los humanos somos incapaces de entender la realidad holísticamente, de captar una situación o contexto en su totalidad y complejidad. Para paliar tal defecto recurrimos a una herramienta llamada “análisis”. Este instrumento corta las observaciones en pequeños trozos más comprensibles, y nos da la ilusión de poder interpretar la realidad a partir de sus partes. Estos componentes los definimos nosotros a partir de nuestra socialización. Son verdaderos cajones mentales donde metemos las situaciones, y también a las personas que nos encontramos. Los cajones suelen ser muy simplistas y siempre domina uno, el cajón primario. Hasta tenemos dificultad de distinguir físicamente los individuos de otro color de piel, sin hablar de poder identificar las características más esenciales de cada uno de ellos. El color es la etiqueta.

Entre los chilenos pasa lo mismo. Al ver una persona, la ponemos inmediatamente en el cajón de cuico o flaite, de humilde o pudiente. Inicialmente no vemos al trabajador sacrificado ni al empresario esforzado, al buen padre o madre, incluso al viejo o joven. Estas percepciones primarias nos llevan automáticamente a ciertos juicios y comportamientos, lo que gatilla reacciones similares de la contraparte, reforzando las percepciones, creencias y cajones mentales.

Los actores de los medios sociales condenando al señor del lago no lo conocen, hace poco no sabían ni su nombre, ni si es habitualmente buena persona o si reaccionó así (mal, por cierto) por quizás un severo problema personal. Solo vieron un empresario rico con un apellido (compuesto) cuico. Por otro lado, el protagonista tampoco percibía unas personas inofensivas descansando un rato, o una religiosa vecina que paseaba a sus parientes por el precioso entorno del lago. ¿Qué ocurriría con la opinión pública frente a un escenario conflictivo involucrando unos adolescentes “rubios” invadiendo el jardín ribero de un parcelero “pobre”?

¿Cómo erradicar este mal de nuestra sociedad? Las respuestas a la pregunta usualmente son leyes y la educación de la próxima generación. Es demasiado lento para un Chile que quiere seguir progresando.

En Chile es el clasismo que define nuestro primer cajón. Aunque parece inevitable tener un cajón primario, el utilizado en nuestro país hace mucho daño. Tiene inmensos costos económicos por frenar la movilidad social, despreciando talento importante para el país. El perjuicio a la convivencia cívica es aún mayor, una sociedad no puede definirse a partir de la cuna. Divide y trae consigo un riesgo político muy alto. Cualquier persona que haya sido discriminada por su origen social, raza, nacionalidad, religión, o su barrio, sabe lo hiriente que es. No olvidará nunca este ataque al corazón de su identidad, su valor igualitario como ser humano. Deja cicatrices que se abren fácilmente.

Con el nivel de clasismo existente en Chile jamás será un país unido y desarrollado. ¿Cómo erradicar este mal de nuestra sociedad? Las causas son multi-dimensionales. Incluye la historia centenaria, la conquista española de las tierras; lo que explica la estructura feudal reinante en nuestras cabezas. Opera en ambas direcciones. Todavía acusamos a, o creemos ser, “patrones de fundo”. Estos prismas se nos inyectan en la muy temprana niñez: las “elites” abusan y “los del pueblo” son de desconfiar.

Las respuestas a la pregunta usualmente son leyes y la educación de la próxima generación. Es demasiado lento para un Chile que quiere seguir progresando. Lo óptimo es ver la persona sin ponerla en un cajón. Se ve difícil, dada la limitada capacidad intelectual del ser humano. Entonces cambiemos el cajón primario. Invito a los lectores, la próxima vez que conozcan una persona, a reflexionar cómo podemos “clasificarla” sin utilizar el cajón clasista. O “re-etiquetar” a los que ya conocemos. La señora que nos ayuda desde años con los labores domésticos, ¿es primariamente “la empleada” o la definimos ante todo como confiable, autónoma, amorosa o madre soltera extraordinaria? Capaz que el vergonzoso incidente de la playa nos lleve a cambios mentales muy positivos para el país.

FOTO: AGENCIA UNO

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