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Publicado el 17 de agosto, 2019

Harald Ruckle: Ahogando soluciones ofrecidas por innovaciones

Master en Economía y Dirección de Empresas Harald Ruckle

¿Cuándo aprenderemos correr adelante y no detrás de nuevas tendencias? Anticiparnos en generar soluciones basadas en innovaciones en lugar de poner trabas reactivas y recetas añejas. Hay que pensar fuera de la caja.

Harald Ruckle Master en Economía y Dirección de Empresas
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Desde del mundo político escuchamos los discursos sobre los grandes desafíos que enfrentamos como sociedad: innovación, emprendimiento, trabajo para los adultos mayores, desempleo juvenil, flexibilidad laboral, tiempo para los hijos, inmigración y la nueva clase media (entre empoderada y miedosa). Y escuchamos también cómo se harían cargo de esas temáticas.

Ocurre que en la práctica se hace lo contrario. Ahogan las innovaciones que aportan a las soluciones. Porque ven los problemas y no las oportunidades. Ejemplo: el frenazo a Uber y compañía. Muchas plataformas parecen inventadas para navegar por nuestro mundo cambiante. Veamos.

Los usuarios aprecian el servicio, las tarifas y la seguridad de las apps. Dicho eso, las verdaderas contribuciones a nuestros asuntos sociales se descubren al conversar con los prestadores (dentro de los cientos de miles) de servicios como Cabify, Cornershop, Rappi, Motoboy y similares. Para muchos es una actividad complementaria a su trabajo principal. Los ingresos adicionales hacen la diferencia entre quedar con saldo cero al final del mes y estar tranquilo. Uno se encuentra con todas las edades, mujeres y hombres; de “orígenes socio-económicos” diversos, aunque la mayoría identificándose con la hoy muy amplia clase media. Todos agradecidos por tener esta vía para mantener el estilo de vida que se merecen.

Hay un porcentaje de desempleados. Corrección: no son desempleados, gracias a las aplicaciones. La tasa de desempleo sería significativamente mayor sin esas labores. Es mejor que cualquier seguro de desempleo. Especialmente para el segmento (en aumento) de personas entre 45 y 65, que todos sabemos que les cuesta encontrar un trabajo. Evitan, con dignidad, un desastre familiar mayor. Hay gente que lo ve como transitorio, como otros que han sido seducidos por la autonomía. El beneficio se extiende a un sinnúmero de trabajadores con empleo, pero angustiados por lo que traerá el futuro. Tener esta opción les baja la ansiedad. Representa una red de protección. El rango etario medio además aprecia la flexibilidad horaria, permitiendo simultáneamente momentos importantes con sus hijos, y maximizando los ingresos. Entre los jóvenes, se reducen los “ninis” (ni estudia – ni trabaja). Hay ayuda para la obtención de créditos para el medio de transporte ante falta de capital. Nos topamos con inmigrantes. Les posibilita aportar rápidamente al país, disminuyendo el temor de algunos connacionales que la inmigración aumente la tasa de criminalidad.

La guinda de la torta son los emprendedores, actuales y potenciales. Algunos ya tienen un pequeño negocio y usan esa actividad para levantar capital de trabajo. Comentan que usan los contactos diarios para su propio “focus group”, mejorando sus productos. Han captado sus primeros “clientes entre sus clientes”. Aún mayor es el número de personas que, aunque todavía sin proyecto, piensa seguir con independencia y buscan ideas para emprender. Es una buena escuela para acostumbrarse a la incertidumbre sin sueldo fijo y las exigencias de un excelente servicio, como también para enamorarse de la libertad. 

Todo muy positivo, directa o indirectamente para un inmenso número de ciudadanos. ¿Y qué hacen nuestros honorables? Pretenden restringir la oferta de autos Uber, con los resultados previsibles de un peor servicio a mayores precios. El grupo de presión, los 30.000 taxistas “básicos”, pesa más que los millones de beneficiarios de esta innovación. Quizás sea solo falta de imaginación. ¿Seguro obligatorio de pasajeros de cada móvil? Un seguro colectivo obligatorio para las plataformas sería más conveniente. ¿Impuestos? Las compañías emitiendo boletas mensuales para sus socios. Hasta cotizaciones previsionales automatizados se pueden lograr. Ojo, esas reflexiones fácilmente se pueden trasladar a otros ámbitos. ¿Arrendar esta pieza vacía en la casa? ¿Lavado y servicio mecánico de autos en su domicilio? ¿Farmacias virtuales? ¿Se asoma la solución para el comercio informal?

¿Cuándo aprenderemos correr adelante y no detrás de nuevas tendencias? Anticiparnos en generar soluciones basadas en innovaciones en lugar de poner trabas reactivas y recetas añejas. Hay que pensar fuera de la caja.

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