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Publicado el 08 de diciembre, 2016

Guillier: To be or not to be

Consultor de empresas Jaime Jankelevich
Esto de no pertenecer al establishment es tan solo una táctica, porque Guillier es tan político como cualquiera que esté en la política; el resto es música.
Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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To be or not to be”, se pregunta Hamlet, introduciéndonos así en su lucha existencial entre vivir o morir, entre aceptar los caminos del destino y de la fortuna, sometiéndose a los horrores y las angustias propias de la existencia, o ponerle fin a la vida y a los sufrimientos que conlleva. Continúa después insinuando que la muerte es deseable, porque es como dormir, y al dormir es inevitable soñar. Y al soñar, es inevitable pensar en la vida… continuando con su soliloquio.

¿Por qué esta alusión a Hamlet, se preguntarán? Es que hoy día en que ya se lanzó la carrera presidencial, yo me imagino que esa misma duda del príncipe de Dinamarca pasó por la mente del candidato presidencial Alejandro Guillier. Porque díganme si no habrá sostenido una lucha existencial consigo mismo entre vivir como político, aceptando los caminos del destino y la fortuna —sometiéndose a los horrores y las angustias propias de dicha existencia—, o morir como tal, lo que sería como dormir, e inevitablemente soñar y pensar en una nueva vida.

To be or not to be. Ser o no ser un político más, uno de esos que sufre el desprecio de la ciudadanía. Imagino que en el sueño, tras su decisión de inmolarse como político, Guillier debe haber comprobado que le resultaría mejor no serlo, porque así la ciudadanía lo vería con nuevos ojos y su popularidad crecería como una burbuja de jabón.

Y así lo hizo, optando por declararse ajeno a eso tan impopular, presentándose ante el país como alguien que es un outsider de la política, un extraño del establishment; un ser impoluto y lejano de la contaminación que la opinión pública percibe en la política. Y pareciera ser que le está resultando, de acuerdo a las últimas encuestas.

Entonces, me pregunto, si no es político alguien que quiere ser Presidente; si no es político alguien que es senador y representa en el Parlamento a quienes lo eligieron para ser su voz allí, ¿qué es lo que es?

Además, si por un instante pensamos que sacudiéndose el ropaje de político convence a una mayoría y gana el derecho a gobernarnos, ¿cómo podría pretender hacerlo sin ejercer la política, si de eso se trata justamente gobernar? ¿Cómo se entendería con los partidos, por ejemplo, para resolver algo tan básico como nombrar su Gabinete? ¿Cómo podría dialogar y en qué lenguaje, con ese mismo mundo del cual reniega?

Aún más, ¿puede una democracia prescindir de la política o de los partidos políticos y sus representantes, o de los propios parlamentarios? Obviamente que no. Entonces, esto de pretender no ser político, de no pertenecer al establishment, como dice Guillier, es tan solo una táctica para evadir ser reconocido como un miembro de esta desprestigiada especie humana que rige nuestros destinos, nada más; porque él es tan político como cualquiera que esté en la política; el resto es música.

To be or not to be. Entre ser o no ser político, prefiero a quienes dicen ser lo que son, no lo que no son, porque prefiero la transparencia a la opacidad; porque privilegio la experiencia a la improvisación, porque valoro las ideas y no el silencio; porque espero de un gobernante que sepa del arte de la política, conozca sus claves y logre generar entendimientos y acuerdos; porque en la hora de la verdad, para gobernar se requiere talento político, experiencia política, ejercer la política, ser un político.

Si Guillier escogió no serlo, más honesto sería que se dedicara a lo que él haya decidido ser, lo que al menos para mí, sigue siendo una incógnita.

¿To be or not to be? ¡To be!

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

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