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Publicado el 03 de octubre, 2015

Gratuidad, becas y fin al lucro: La necesidad de generar definiciones

El aspecto de la autonomía universitaria es un tema pendiente que incluso ha llevado a algunos planteles a preguntarse la conveniencia de suscribirse al sistema de la gratuidad.
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En medio de la discusión sobre cómo los estudiantes más vulnerables del país podrán acceder a la gratuidad en la educación superior, surge la necesidad de generar definiciones de qué vamos a entender cada vez que utilicemos un concepto.

¿Beca o aporte basal? ¿Cuál es la duración del beneficio? ¿Quiénes podrán acceder al beneficio? Esas son algunas de las preguntas que aún no han sido del todo aclaradas, pese a los esfuerzos del Ministerio de Educación.

Gran parte del debate sobre la necesidad de implementar el aporte basal o las becas radica en el hecho de que hasta el momento no se ha definido qué vamos a entender por gratuidad, fin al lucro y educación de calidad.

Pese a que la discusión epistemológica sea algo propio de los círculos académicos, tiene la virtud de evitar que nos entrampemos en debates como los que se han producido en los últimos días en el seno mismo de la Nueva Mayoría.

Si los dineros necesarios para que un joven estudie de manera gratuita debe serle entregado a él o a la institución de educación superior, implica que no tenemos claro de qué estamos hablando cuando nos referimos a la gratuidad. Es más, cada vez que se hacen nuevos anuncios para que esta meta se concrete, cuesta más entender los mecanismos que han sido diseñados por el Mineduc.

A fin de cuentas, hablar de gratuidad en la educación superior no considera solo variables de corte económicas. Implica el diseño de un modelo complejo que debe conjugar dimensiones tan variadas como calidad, cobertura, igualdad de acceso y que, además, debe hacerse cargo de la relación entre el sistema educativo y el mundo laboral.

Otro de los aspectos fundamentales que no han sido abordados de manera directa y que se ve trastocado con el tema de la gratuidad es la autonomía universitaria. Este es un tema pendiente que incluso ha llevado a algunos planteles a preguntarse la conveniencia de suscribirse al sistema de la gratuidad.

Antes de proseguir es necesario que definamos qué vamos a entender por gratuidad, acceso universal e igualdad para evitar las contradicciones que se han producido en los últimos meses. Mientras no se produzcan las definiciones, no podremos saber quiénes serán los que accederán a la gratuidad.

Incluso, al leer las declaraciones de Adriana Delpiano, queda la duda de si la gratuidad está contemplada como un derecho o un beneficio. Ésta no es duda intrascendente, porque implica diferencias sustanciales en la duración, acceso, derechos y deberes asociados.

Es por eso que antes de seguir a toda marcha para que la gratuidad llegue antes del 2016, es necesario sentarnos y discutir las definiciones básicas que nos digan qué vamos a entender por gratuidad y educación de calidad.

 

Oscar Jaramillo, Docente Escuela de Periodismo Universidad Mayor.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

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