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Publicado el 27 de septiembre, 2018

Gonzalo Valdés: Sistema electoral: ¿Pasó la prueba?

Se cumple un año desde el estreno del nuevo sistema electoral para diputados y senadores. Habiendo pasado el fervor propio de las elecciones, es momento de tomar un respiro y evaluar críticamente los efectos de la reforma electoral.

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Los sistemas electorales tienen efectos en la representatividad de los partidos (qué tanto incorporan la diversidad de opiniones), en el número de partidos o coaliciones, en el peso que tiene cada voto (el voto de una persona puede valer más que el de otra si hay menos electores por distrito o circunscripción), en la capacidad de los partidos de alinear a sus miembros, en la calidad del debate político y en la dinámica que toma la carrera política. Este último punto, la carrera política, ha sido poco estudiado, pero es relevante en el contexto actual de crisis de legitimidad.

 

La carrera política es la ruta de cargos que sigue o planifica un político profesional con el objetivo de ascender. En una carrera política, así como en cualquier carrera profesional competitiva, se espera que ésta empiece en cargos de menor rango para llegar a cargos de mayor responsabilidad con más experiencia y efectividad. Es decir, es deseable que los políticos que detentan más poder conozcan en detalle el estado local y nacional, siendo capaces de entender y representar a un número cada vez mayor de ciudadanos. También se espera que una persona sea capaz de avanzar en función de sus méritos y no de sus contactos; es deseable que el camino institucional sea meritocrático.

 

Al haber poca competencia, un famoso puede acceder al puesto de diputado sin saber cómo funciona un municipio ni habiendo trabajado nunca “en terreno”.

 

Al evaluar estos puntos, lamentablemente nos encontramos con que nuestro sistema político está al debe. El gran tamaño de los nuevos distritos protege a los incumbentes, ya que es costoso hacerse conocido, limitando la competencia. Al haber poca competencia, un famoso puede acceder al puesto de diputado sin saber cómo funciona un municipio ni habiendo trabajado nunca “en terreno”. No todos los famosos provienen del mundo del espectáculo; los hijos de los políticos antiguos también son conocidos gracias a su apellido.

 

Nuestro sistema electoral tampoco exige que los cargos de mayor responsabilidad conciten mayor apoyo ciudadano, un aspecto vital para legitimar la democracia representativa. En algunas comunas el número de votos necesario para asegurar el puesto de alcalde es superior al total necesario para asegurar el de diputado. Esto hace que algunas personas participen en la campaña de alcalde no con la intención de ganar, sino que esperando perder y utilizarla como pre-campaña para el Congreso. Por ejemplo, en la elección de alcalde del 2016 en la comuna de Arica, los postulantes que más votos sacaron fueron Gerardo Espíndola (11.558, electo), Rodrigo Cuevas (11.424) y José Durana (10.056). En la campaña por el Congreso de 2017, Cuevas participaría en la elección de diputados sacando la tercera mayoría (8.841 votos), sin resultar electo por el efecto arrastre del sistema proporcional, y Durana sería electo senador (9.693 votos). En definitiva, el alcalde Espíndola recibió más votos que dos de los tres diputados del distrito que incluye Arica (Baltolu y Rocafull) y más que un senador (Durana).

 

Un alcalde de comuna pequeña tiene casi nulas posibilidades de ascender en la carrera política nacional, independiente de sus méritos y éxitos en su gestión.

 

Por último, el sistema actual impide avanzar por méritos propios en la mayoría de las comunas pequeñas ya que, al contrario que en el caso de Arica, existe una barrera demasiado alta para ascender de alcalde a diputado. En simple, los distritos son demasiado grandes. Un alcalde de comuna pequeña tiene casi nulas posibilidades de ascender en la carrera política nacional, independiente de sus méritos y éxitos en su gestión.

 

Por ejemplo, el gasto promedio por candidato en la elección de alcalde 2016 de Arica fue de 14,6 millones, en la de diputados fue de 10,8 y en la senatorial fue de 29,2. Si tomamos en cuenta que la campaña por la alcaldía fue en realidad una pre-campaña por el Congreso los gastos aumentan. Rodrigo Cuevas gastó 15,5 millones en su campaña a alcalde y 10,4 millones de la de diputado, llegando a casi 26 millones de gasto total. El senador Durana gastó 40,9 millones en su campaña a alcalde y 61,9 en su campaña a senador, llegando a un total de casi 102 millones. En la vecina comuna de Putre, en contraste, el gasto promedio de campaña de alcalde fue de sólo 3,4 millones. Es prácticamente imposible que un alcalde de Putre opte a ser diputado y menos a senador, independientemente de si lo haya hecho bien o mal.

 

No existe un sistema electoral perfecto, pero éste puede ser más o menos adecuado al contexto. El cambio del sistema binominal al proporcional permitió la entrada de nuevos partidos, mejorando la representatividad y fortaleciendo el poder interno de los partidos a cambio de debilitar la creación de coaliciones y crear barreras a la meritocracia política. Aunque se esperaba que permitir la entrada de nuevos partidos aumentara la legitimidad del sistema, en los hechos los resultados han sido pobres o negativos. Esto se debe, entre otros, al aumento del gasto en representantes, a que casi nadie entiende cómo funciona el sistema proporcional (cifra repartidora mediante), a que fueron electos diputados y senadores con mínimo apoyo, y a que la introducción de nuevos partidos tuvo el costo de entrampar la promulgación de leyes. No se tuvo en cuenta que el nuevo sistema farandulizaría la carrera política y protegería aún más a los incumbentes. Superar la crisis de legitimidad imperante pasa, en parte, por incentivar la meritocracia dentro de la política.

 

FOTO:YVO SALINAS/AGENCIAUNO

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