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Publicado el 18 de noviembre, 2018

Gonzalo Jiménez: El surgimiento del otro poder social: la mirada crítica 

Doctor in Governance University of Liverpool, presidente de Proteus Management Gonzalo Jiménez

Los poderes políticos –y la hegemonía de la figura presidencial- y empresariales son permanentes, aunque el poder social abre camino a una nueva fuerza, la del punto de vista crítico a los incumbentes y su manejo del poder.

Gonzalo Jiménez Doctor in Governance University of Liverpool, presidente de Proteus Management
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Analizando la encuesta “El Poder de Chile” realizada por Cadem –en este caso junto a La Tercera-, que tuvo como fin determinar a los personeros cuyas decisiones y visiones marcan el rumbo de sus respectivas zonas de autoridad, viene inmediatamente a la mente el libro de Moisés Naím “El Fin del Poder”, cuando plantea que “el poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”. Se trata de una interesante muestra basada en respuestas de quienes, de algún modo, están en las esferas del poder o al menos entienden sus lógicas: autoridades políticas y de servicios públicos, miembros del Poder Judicial, académicos, empresarios, abogados, economistas y personalidades de medios de comunicación, centros de estudios y ONG.

 

La primera reflexión es que la muestra da cuenta de una sociedad muy presidencialista. Sebastián Piñera destacó con el 50,6% entre las personas más poderosas e influyentes del país, y con el 73,2% entre los chilenos más relevantes del 2018. El análisis da cuenta, además, de dos fuerzas permanentes en Chile: en primer lugar, se mantiene la ecuación de equilibrio de los poderes políticos –que muestra autoridades y líderes tanto de derecha como izquierda, en alternancia según el ciclo electoral. Pero implícitamente refleja el carácter todavía muy patriarcal de nuestra sociedad, siempre atento a “los grandes hombres” -y en bastante menor medida a algunas pocas mujeres- de quienes se espera que conduzcan nuestros destinos con señera autoridad, clarividencia y decisión.

 

En segundo lugar, destaca la fuerza permanente de los grandes grupos económicos, con empresarios como Andrónico Luksic Craig, Bernardo Larraín Matte y algo más atrás, Roberto Angelini. Esta “fuerza tranquila” aparenta no contener cambios muy significativos, salvo la renovación generacional, desde sus antiguos patriarcas que pareciera avanzar al ritmo del siglo. Sin embargo, estas sucesiones familiares no son tan continuistas como se piensa ya que muchas de ellas incluyen la renovación de prácticas, posturas y discursos. Por ejemplo, el desarrollo del carisma público desde la comunicación social que ha mostrado Luksic; la influencia en la agenda país del empresariado nacional comprometido con el diálogo empresa-sociedad de Larraín Matte y el constante rol de filántropo, mecenas y patrocinador de grandes proyectos culturales, educativos y científicos de Angelini.

 

La irrelevancia que tienen las Fuerzas Armadas y la Iglesia en la actualidad tiene su clara raíz en una débil governance y en un ensimismamiento egocéntrico, desconectado de sus propósitos y de la comunidad para la cual se justifica su existencia y trascendencia.

 

En esta fuerza se deslizan nuevas vertientes y sensibilidades que, de lograr imponerse a las propias resistencias de la “nomenklatura” presente en el propio sector empresarial, auguran un inédito reconocimiento del factor social y, nos llevan a ser optimistas respecto de la expectativa de construir un país más abierto, generoso y dialogante. Esta expectativa tiene como correlación la incipiente y promisoria aparición de Alfredo Moreno entre las figuras destacadas, como precursor pivote público-privado-(social) entre estas dos primeras fuerzas.

 

Los grandes ausentes: las Fuerzas Armadas y la Iglesia, que quedan totalmente fuera de esta radiografía, situación que podíamos predecir. A estas fuerzas extraviadas cabe aplicarles la parte final de las palabras de Naím, cuando les recuerda que “…el poder es cada vez más fácil de perder”. La causa de su pérdida deben buscarla bastante más allá de las demasiadas “manzanas podridas” que se han hecho evidentes en los últimos tiempos. La irrelevancia actual tiene su clara raíz en una débil governance y en un ensimismamiento egocéntrico, desconectado de sus propósitos y de la comunidad para la cual se justifica su existencia y trascendencia. Sin duda, errores intolerables en la presente era de sistemas sociales abiertos e interconectados. Tanto la razón como la posibilidad de recuperar su credibilidad e influencia requieren de una profunda introspección objetiva, independiente y descarnadamente honesta de su institucionalidad; iluminada por sus valores y su espíritu fundacional.

 

Para reflexionar un poco más a fondo, es notoria la ausencia de personeros relacionados con temas que están actualmente llevando la agenda nacional: minorías, ecología y medio ambiente, y migración. Lo anterior, pese a que son temáticas con una extensa cobertura y que fueron el foco de los debates presidenciales. Al parecer, ahí todavía falta liderazgo por construir.

 

Lamentable, pero explicable, que ninguna figura ligada al emprendimiento asome en la ruta del poder. Estas son fuerzas aún demasiado incipientes y en gestación, por ello probablemente hay que darles más tiempo y exposición, y animar a sus cabezas a enfatizar los aspectos propositivos, generativos y sobre todo constructivos de sus planteamientos. Con impecabilidad, buena governance puertas adentro y transparencia puertas afuera, tendrán la oportunidad de convertirse en los emprendedores institucionales de un nuevo y mejor orden de cosas, vital rol que la sociedad espera de esta fuerza del cambio.

 

Sí llama la atención el poder e influencia que se le reconoce dentro del poder social a algunos desafiantes. Son críticos del poder; que paradójicamente lo alcanzan, cuestionándolo. El rector de la UDP, Carlos Peña, aparece en primer lugar como el mayor influenciador en los medios, rol que ejerce con peculiar autoridad desde su tribuna semanal, destacando su capacidad de cuestionar supuestos implícitos y generar debate en el país desde la perspectiva del pensamiento filosófico histórico y el análisis crítico. Desde una vereda bastante distinta, al sacerdote jesuita Felipe Berrios se le reconoce su poder e influencia en el mundo social, porque ha desafiado sistemática y sostenidamente a las autoridades de su propia institución -no sin sufrir las consecuencias- y al establishment para confrontar al país con la realidad de la pobreza, la marginalidad y las desigualdades en Chile.

 

En definitiva, los poderes políticos –y la hegemonía de la figura presidencial- y empresariales son permanentes, pero hay mayor refresco en los segundos que en los primeros, aunque no lo parezca a simple vista. La buena noticia es que el poder social abre camino a una nueva fuerza, la del punto de vista crítico a los incumbentes y su manejo del poder. Bien por quienes están influyendo para que las decisiones comiencen a tomarse con nuevos paradigmas.

 

Y por último, un triple llamado de atención, a las instituciones emergentes a la nueva realidad planteada por Moisés Naím respecto a las crecientes posibilidades de obtener poder; por el lado de las instituciones establecidas, a las dificultades de usarlo efectiva y legítimamente; y de ambas –y sobre todo de aquellas instituciones en crisis- referida a la facilidad de perder poder y relevancia social. Las claves estarán siempre en la governance, y están hoy en las manos de los líderes establecidos, y en las de los emprendedores institucionales trabajando por imponer una nueva lógica institucional.

 

 

FOTOS :DAVID CORTES SEREY/AGENCIAUNO

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