Es una señal muy positiva que la máxima autoridad sostenedora de los colegios de la comuna de Providencia aborde con firmeza la denuncia de acoso que habrían sufrido un conjunto de estudiantes de su comuna. Muchos de quienes observamos con atención el mundo de la educación hemos advertido que  actualmente se ha extendido una gran cuota de displicencia y la falta de liderazgo ante casos similares en el ámbito escolar, y por ello resulta meritorio que la alcaldesa Evelyn Matthei haya levantado con energía y celeridad su voz para garantizar que estos actos no quedarán impunes, advirtiendo al mismo tiempo a los adultos que -habiendo conocido los hechos no actuaron con diligencia para apoyar a las víctimas y evitar que estos actos se sigan propagando- que deberán asumir las consecuencias de su negligencia (o complicidad). No obstante lo anterior, estas acciones, siendo fundamentales, son en cierta medida insuficientes.

En efecto, es necesario abordar esta problemática con un enfoque pedagógico integral, poniendo el foco en lo que precisamente es el propósito de los centros escolares, esto es, en la formación ética o ciudadana de los niños y jóvenes que asisten a sus aulas.

Si se mira con atención la calidad o eficacia de la formación integral de los escolares, se podrá notar que si hay algo que no está funcionado como debería es precisamente la formación cívica que tendría que estar ocurriendo en los colegios. Conviene precisar que esta área temática curricular, para no quedarse solo en un eslogan de una campaña publicitaria, tendría que llevarse a cabo bajo una perspectiva práctica antes que teórica o únicamente procedimental. Y es que lo propio de ejercicio ciudadano que se busca supone el cultivo de prácticas performativas, por lo que de ningún modo la educación cívica podría desarrollarse en clases meramente descriptivas. Planteado de otra forma, una educación cívica de calidad implica la formación del carácter y el desarrollo de virtudes a través de acciones y el desarrollo de prácticas que los niños y jóvenes han de saber poner en ejercicio.  

En mi opinión, en términos concretos una educación cívica efectiva, es decir, sustentada en la formación del carácter y orientada al desarrollo de virtudes humanas, en su proceso pedagógico debería articular adecuadamente ocho ejes: promoción de la integridad moral, educación de un recto sentido de la justicia, formación de una sólida ética de la responsabilidad, formación de un espíritu de servicio, fomento del principio del hacer bien hecho, instrucción práctica de una genuina capacidad para valorar la dignidad humana, el cultivo de la amistad cívica, y la práctica de la cortesía como pórtico a las virtudes sociales. Un buen currículum escolar tiene que ser capaz de contener esos ejes, los que se tendrían que verificar tanto en una respetuosa convivencia escolar como también en una responsable participación de la vida social. 

Así, la intolerable experiencia denunciada en la comuna de Providencia debería ser considerada como un enorme llamado de alerta a las comunidades educativas. Estas, si bien tienen que ser eficaces en la prevención y resolución de conflictos, bajo una perspectiva pedagógica integral sin embargo, primero tienen que saber cumplir el propósito de ayudar a florecer a niños y jóvenes, lo que supone la formación del carácter y el desarrollo de virtudes a través de un curriculum con metodologías adecuadas. 

*Germán Gómez es filósofo y educador.

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