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Publicado el 01 de julio, 2019

Germán Concha: La culpa es de la propiedad privada

Abogado Germán Concha

¿Puede influir en el aumento de la delincuencia el que se instale en una sociedad una visión ideológica que minimiza la importancia de la propiedad privada?

Germán Concha Abogado
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En los últimos días, los medios de comunicación han informado acerca de la muerte de un turista en los cerros de Valparaíso, ocurrida, hasta donde se sabe, a consecuencia de un asalto. En varios comentarios posteriores se ha lamentado que el asalto “haya salido mal”, cobrando la vida de la víctima.

No deja de llamar la atención la condescendencia que supone el admitir, al menos implícitamente, que un asalto “sale bien” si sólo se afecta la propiedad privada. Extremando esa lógica, cabría concluir que la culpa de que ello no sea así radica, en el fondo, en el comportamiento de la víctima, que no ha colaborado lo suficiente con los asaltantes.

¿Es esto tan extraño como parece? Lamentablemente no, pues tiene que ver con una cierta visión que se ha venido instalando en nuestro país. Desde hace años, algunos intelectuales y políticos nos han venido diciendo que preocuparse de la propiedad privada carece de justificación suficiente y viene a representar una muestra grave de egoísmo, por lo que el ordenamiento institucional debería dejar de considerarla una garantía fundamental de la libertad y autonomía de las personas, y, en consecuencia, reducir el nivel de protección que le brinda.

Así, nos fuimos acostumbrando a que grupos organizados, invocando ciertas reivindicaciones, ocuparan ilegalmente terrenos que pertenecían a otros, y a que se nos dijera que ello no era tan grave, puesto que sólo se había afectado la propiedad privada, institución que esos grupos no querían reconocer, y que, por lo mismo, la autoridad pública no iba a intervenir, e incluso, se premiaría a los referidos ocupantes ilegales regalándoles los terrenos en cuestión.

También nos fuimos acostumbrando a que hinchas de distintos equipos de fútbol causaran graves daños antes, durante y después de los respectivos partidos, tanto dentro como fuera de los estadios, y a que se nos dijera que ello no era tan grave, puesto que sólo se afectaba la propiedad privada y porque se trataba de personas que buscaban una manera de descargar las tensiones propias de la vida actual ocasionadas por “el sistema”.

Después nos fuimos acostumbrando a que en las manifestaciones que se realizaban por las calles de las distintas ciudades del país, se rayaran murallas, se rompieran vitrinas, paraderos y semáforos, e incluso se asaltaran locales comerciales, y a que se nos dijera que ello no era tan grave porque sólo se había afectado la propiedad privada, y que no se podía intervenir ni castigar a quienes lo habían hecho, pues ello suponía “criminalizar la protesta”.

Entonces aparecieron las bandas que robaban cajeros automáticos y tiendas, empleando vehículos que, a su vez, habían robado previamente, y ya no nos sorprendió tanto que se nos dijera que la culpa podía ser de los dueños de los señalados vehículos, porque no habían tomado suficientes precauciones al entrar o salir de los mismos, o de los bancos, porque no habían protegido suficientemente los cajeros automáticos, o, en fin, de las tiendas, porque habían dejado especies valiosas en ellas. Tampoco nos sorprendió tanto que se nos dijera que no era algo tan grave, porque sólo se había afectado la propiedad privada y existían seguros que iban a responder por los daños.

El paso siguiente puede ser, tal como ha ocurrido en otros países, que nos acostumbremos a que hay cosas que no se pueden hacer (por ejemplo, salir de la casa después de una cierta hora), y objetos que no se pueden usar (por ejemplo, joyas o relojes), y a que es indispensable tener en casa y llevar con uno mismo bienes que se puedan entregar fácilmente para evitar que los robos “salgan mal”.

Si bien no es fácil determinar exactamente cuáles son todas las variables que una persona considera al momento de tomar la decisión de delinquir, lo que parece claro, en todo caso, es que será mucho más fácil hacerlo si se entiende que no se trata de algo tan grave, puesto que sólo se afecta la propiedad privada y que, en el fondo, la culpa es de aquel que todavía se atreve a defenderla.

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