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Publicado el 10 de enero, 2019

Gabriel Olave: Lo que Heraldo Muñoz ve y no ve 

Investigador IdeaPais Gabriel Olave

En un documento presentado esta semana, el ex Canciller, apoyado por políticos de distintos sectores, argumenta que “el populismo ofrece respuestas simplistas y demagógicas a problemas contemporáneos como la corrupción, la precariedad económica, la globalización desigual y la inseguridad ciudadana, socavando el estado de Derecho y los derechos humanos como si favoreciesen solo a las elites”.  

Gabriel Olave Investigador IdeaPais
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El presidente del PPD y ex canciller Heraldo Muñoz impulsó esta semana un documento con 13 compromisos en el que se rechazan los populismos de izquierda y derecha. Este texto surge como respuesta al nuevo mapa político latinoamericano, donde se destaca la victoria de Bolsonaro en Brasil y el nuevo periodo de gobierno que asumirá Nicolás Maduro este 10 de enero, y los posibles efectos de estos acontecimientos en nuestro país.

El documento, apoyado por políticos de distintos sectores, argumenta que “el populismo ofrece respuestas simplistas y demagógicas a problemas contemporáneos como la corrupción, la precariedad económica, la globalización desigual y la inseguridad ciudadana, socavando el estado de Derecho y los derechos humanos como si favoreciesen solo a las elites”.   

Desde un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a hablar de “populismo”, pero, ¿qué significa realmente este fenómeno? El texto de Heraldo Muñoz nos ofrece algunas claves para aproximarnos a una respuesta. Por más elementos negativos que veamos en esta etiqueta, su permanencia en el tiempo da cuenta que es capaz de captar algunas de las preocupaciones de mayor importancia para el ciudadano a pie ―aunque sea de manera “simplista”―, aspectos a los que al parecer los miembros de la elite política no le dan tanta importancia. Una posible explicación de este “olvido” es que las elites se han caracterizado por ser cosmopolitas, es decir, sueñan con un mundo desarraigado y de movilidad absoluta, y tienen menos interés en las preocupaciones más particulares del pueblo. En este sentido, el surgimiento de los distintos populismos es un llamado de atención a las elites políticas, para que, de algún modo, dejen de mirar tanto el escenario internacional y los acuerdos de la ONU, y escuchen más las necesidades concretas de los ciudadanos.

Los líderes populistas no solamente buscan “satisfacer necesidades puntuales” del pueblo, sino que ofrecer un discurso potente para encauzar el sentimiento de arraigo de los ciudadanos.

Bajo este prisma, es altamente valorable que el documento de Muñoz se haga cargo de este llamado de atención mediante distintos compromisos. Por ejemplo, “fortalecer el carácter programático e institucional de los partidos políticos, de modo que puedan representar las distintas visiones de la sociedad”, “promover respuestas a las demandas ciudadanas de mayor igualdad”, “fortalecer al Congreso como instancia de deliberación política, con más transparencia, representatividad, y mecanismos de participación ciudadana” y “discutir la posibilidad de establecer instrumentos de consultas ciudadanas directas, tales como iniciativas populares de ley, la revocación de leyes y otras”. Varias de estas propuestas, de ser aplicadas, contribuirían a una democracia con mayor participación ciudadana y legitimidad de instituciones como el Congreso o los partidos políticos.

Pero el texto falla al no sopesar un aspecto fundamental de los populismos: según Delsol, hacen una defensa del arraigo, el cual significa “la experiencia primaria de pertenecer a un tiempo y espacio concretos que nos hacen partícipes de una tradición y una cultura”. Por lo tanto, los líderes populistas no solamente buscan “satisfacer necesidades puntuales” del pueblo, sino que ofrecer un discurso potente para encauzar el sentimiento de arraigo de los ciudadanos.

Si las elites políticas quieren realmente proponer un proyecto atractivo para evitar que los “populismos” adquieran fuerza social ―objetivo que se desprende del documento comentado― tienen que abordar en su discurso y propuestas este aspecto identitario-cultural. De ahí el triunfo de proyectos como el de Bolsonaro, o el creciente apoyo de José Antonio Kast en Chile.

El “populismo”, en suma, sobrevive más por lo que tiene de positivo que por lo negativo. Políticos como Heraldo Muñoz, si quieren dar respuesta a este fenómeno, deben comprender que vivimos en una constante tensión entre lo global y lo local, y en este contexto, no hay que relativizar la importancia de nuestras tradiciones y cultura. Hacer política desde la ONU puede tener sus beneficios, pero, a la larga, genera dificultades y desarraigo en un país como Chile, tan acostumbrado a sus particulares maneras de hacer política.

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

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