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Publicado el 22 octubre, 2020

Gabriel Berczely: Urge cambiar la actual Constitución

Presidente de Horizontal Gabriel Berczely

Con la actual seguiremos teniendo un Parlamento inoperante, populista, combativo, caro y paralizante, cuyo único resultado es quitarle la sal y el agua al gobierno de turno, cualesquiera sea su bando político.

Gabriel Berczely Presidente de Horizontal
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Los que promueven el Rechazo argumentan que una nueva Constitución no solucionará los problemas del país y, menos aún, las deficiencias en desigualdad, salud, pensiones, delincuencia y otros. Si se trata de expectativas que no se verán cumplidas en el corto plazo, tienen razón. Pero si queremos salir de este callejón sin salida en que nos encontramos, es absolutamente necesario cambiar el diseño constitucional en materia de gobierno, parlamento y poder judicial.

En materia parlamentaria, foco de esta columna, urge cambiar el tamaño de las salas, los requisitos para ser parlamentario, perfilar con mayor claridad el rol y las atribuciones de las dos cámaras, perfeccionar el sistema electoral parlamentario, y eliminar las leyes orgánicas constitucionales.

Veamos específicamente algunos de estos temas. En primer lugar, hay que cambiar los requisitos para ser elegido diputado o senador. Los artículos 48 y 50 establecen, entre otras cosas, que podrán ser parlamentarios los ciudadanos con derecho a sufragio que hayan cursado la enseñanza media o equivalente, y que tengan 21 años o más. Es inconcebible que un cargo de tanta importancia, que tiene que analizar, discutir y perfeccionar temas muy complejos, y en definitiva sancionar leyes que definen el presente y el futuro de un país, y la calidad de vida de cada uno de sus ciudadanos, exija requisitos que no están a la altura de lo requerido. Ejemplo de ello es la diputada que trabajó poco o nada en su vida, y que preside precisamente la Comisión de Trabajo. Lo lógico, tal como lo hace cualquier institución que busca llenar una vacante de importancia, sea privada o estatal, sea con o sin fines de lucro, es exigir una mínima experiencia laboral previa, y educación terciaria. Y si se trata de la conformación de comisiones, las personas nominadas debieran tener un mínimo de experiencia y expertise en el tema. Urge entonces incrementar los requisitos para ser parlamentario y conformar las diversas comisiones.

En segundo lugar, hay que cambiar el sistema electoral parlamentario. Si bien la constitución no determina el sistema electoral a ser utilizado, sí estipula que ello será materia de una ley orgánica constitucional. El 21 de Enero del 2015, después de 25 años de duros cuestionamientos, pasamos de un sistema mayoritario (el binominal) a uno proporcional, con todos sus costos y ninguno de sus prometidos beneficios. Como todas las cosas en la vida, ambos sistemas tienen pros y contras. Mientras muchos países adoptaron un sistema proporcional, tales como Finlandia, Noruega y Dinamarca, y prácticamente todos los países latinoamericanos, una cantidad bastante similar de países adoptó el sistema de mayorías, entre los cuales figuran Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Francia. En cuanto al funcionamiento, hay democracias de alta calidad que funcionan con uno u otro sistema, y lo mismo pasa con democracias de baja calidad. En otras palabras, no existe una verdad única en materia de sistema electoral, pero sí existe evidencia que una alta fragmentación parlamentaria pone en peligro al funcionamiento del estado, porque las coaliciones se tornan volátiles, minorías terminan imponiendo sus ideas por su voto dirimente, y todo el parlamento termina inoperante y desprestigiado. Es lo que ha pasado en Chile con el cambio introducido en el 2015, donde a los 17 partidos que conforman la cámara de diputados les cuesta sancionar temas relevantes, salvo que sea una solución populista. Urge entonces pasar de un sistema proporcional a un sistema mixto que incorpore un componente mayoritario que refuerce la gobernabilidad y disminuya la excesiva fragmentación actual.

En tercer lugar, hay que disminuir el tamaño del Parlamento. A la fecha no existe evidencia alguna que el aumento de la cantidad de parlamentarios haya mejorado la calidad y rapidez de la tarea parlamentaria. En realidad ha ocurrido lo contrario. Peor aún, se nos prometió en aquella oportunidad que la mayor cantidad de parlamentarios no iba a aumentar el costo, y la evidencia posterior demuestra lo contrario. Debemos recordar además que el aumento de parlamentarios nos fue vendido como un instrumento para darle mayor legitimidad y mejor funcionamiento al Congreso, pero en el estricto rigor fue un traje a la medida para que los parlamentarios incumbentes, especialmente los de la Nueva Mayoría, aumentaran sus chances de ser reelegidos. Por ejemplo, los nuevos distritos se diseñaron fusionando existentes, permitiendo ello que ninguno de ellos perdiera sus redes de apoyo. Se aumentó el número de escaños en casi todos los distritos para favorecer las chances de reelección, pues si obtenían los mismos votos del pasado, e incluso menos, iban a ser reelegidos. Por último, en el diseño se hizo lo posible para evitar que en los nuevos distritos coincidieran incumbentes del mismo partido de la Nueva Mayoría. A pesar de este traje a la medida, hubo un bajo nivel de reelección. ¿Por qué? Porque el estilo de campaña del pasado que siguieron aplicando simplemente no era el adecuado para el nuevo diseño. Dado que no existe razón alguna para haber aumentado el tamaño, salvo sea satisfacer las ansias de poder de los incumbentes, urge retrotraer la cantidad de diputados y senadores a los que tuvimos antes de la reforma del 2015.

Por último, hay que eliminar las leyes orgánicas constitucionales. Si queremos precisar el sistema electoral, y la cantidad y calidad de parlamentarios, urge introducir los requisitos y condiciones en el diseño constitucional, tal como se hizo con los requisitos para ser parlamentario, y sus inhabilidades. En su defecto, es imperativo eliminar las leyes orgánicas constitucionales utilizando en su reemplazo leyes de quorum calificados.

Aquellos que pregonan que la Constitución actual funciona, y que sólo requiere de cambios menores, nos están dejando en un callejón sin salida. Con la actual Constitución seguiremos teniendo un Parlamento inoperante, populista, combativo, caro y paralizante, cuyo único resultado es quitarle la sal y el agua al gobierno de turno, cualesquiera sea su bando político.

En las siguientes columnas me ocuparé de los otros cambios constitucionales que se requieren para que el gobierno funcione adecuadamente, para que tengamos un mayor grado de descentralización, y para que el Poder Judicial cumpla con su rol. Es decir, para salir de este callejón al cual nos ha traído la actual constitución.

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