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Publicado el 31 de julio, 2019

Gabriel Berczely: Sindicalistas, regresen al planeta Tierra

Empresario y académico Gabriel Berczely

Es casi una certeza que en cinco años más los modelos de negocio actuales habrán perdido vigencia. Ante esta realidad, los sindicatos siguen actuando como si estuvieran en los años sesenta. Tapando el sol con un dedo, piden aumentos salariales irreales, exigen bonos de término de conflicto descomunales y bloquean a toda costa “la destrucción del empleo”.

Gabriel Berczely Empresario y académico
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Recientemente tuvo lugar la huelga liderada por el Sindicato Interempresas de Líder (SIL), que agrupa a más de 17 mil trabajadores. Después de seis días de paralización, declaraciones de grueso calibre con la empresa acusando agresiones físicas y el sindicato bloqueando más de 20 tiendas en forma ilegal, ésta se levantó.

¿El origen del problema? La necesidad de Walmart de contar con empleados multifuncionales dada la revolución tecnológica (cambio de caseta de pago por freeflow). ¿La razón de la huelga? La supuesta destrucción de trabajos en una empresa que ha creado más de 1.000 empleos este año y que se comprometió a sumar otros 4.000 el año que viene. ¿La molestia principal del sindicato? Que la empresa no haya pagado el bono de término de negociación ofrecido antes de entrar en huelga y antes de sufrir pérdidas millonarias como consecuencia de la misma (sólo en alimentos perecibles tuvieron que botar del orden de 5 millones de dólares).

Pongamos lo anterior en contexto. En los últimos cinco años, TODAS las industrias han sido amenazadas por nuevos modelos de negocio. Los smartphones han destruido el negocio de la fotografía y del video, y están afectando las ventas de teléfonos fijos, relojes, linternas, calculadoras, revistas impresas, manuales, agendas y catálogos. El email sepultó al correo tradicional, y Wikipedia a los diccionarios y las enciclopedias. Google a las páginas amarillas. OLX a los avisos clasificados. Spotify amenaza a las discográficas y a las radios. Airbnb a los dueños de los hoteles. Uber y Cabify a los taxistas. Whatsapp está matando a los operadores de telefonía internacional. Netflix a la televisión abierta y de cable. Booking y Despegar tiene en jaque a las agencias de turismo. Nubank a la banca tradicional. Waze acabó con la venta de navegadores GPS. La nube está reemplazando los discos duros y pendrives. Las redes sociales no sólo están matando a los medios de comunicación, sino que incluso cambian la manera de ganar elecciones presidenciales y referéndums como el Brexit. Amazon, Alibabá, E-Bay, Mercado Libre y Cornershop están matando al retail tradicional. Watson, el software de inteligencia artificial de IBM, está amenazando a los médicos, los abogados y a los call centers. En cada uno de estos ejemplos no sólo se han visto afectados los empleados de las industrias atacadas, sino también todas las empresas y todos los empleados de los fabricantes, distribuidores, proveedores y comercializadores.

Y esto recién comienza, pues si miramos hacia el futuro cercano, el auto eléctrico matará el negocio de los talleres mecánicos; los vehículos auto-conducidos y ZipCar muy probablemente terminen con los choferes y con la venta de autos (¿para qué comprar un auto si puedo arrendar un Uber o Zipcar que se maneja solo?); y la robotización y automatización afectará a todos los negocios y a todos los puestos de trabajo. Es casi una certeza que en cinco años más los modelos de negocio actuales habrán perdido vigencia.

Ante esta realidad, los sindicatos siguen actuando como si estuvieran en los años sesenta. Tapando el sol con un dedo, piden aumentos salariales irreales, exigen bonos de término de conflicto descomunales y bloquean a toda costa “la destrucción del empleo”. Si pudieran, exigirían que los trenes eléctricos sigan teniendo el fogonero que paleaba carbón en los trenes a vapor. A tal punto es su desconexión con la realidad del momento, que uno se pregunta: ¿en qué planeta viven estos sindicalistas?

Por el bien de Chile, es imprescindible que retornen urgentemente a la Tierra, y para ello es necesario el esfuerzo de toda la sociedad. Empecemos por los sindicalistas, que deben aceptar que el tsunami digital ya nos está afectando, que las empresas duran la mitad de lo que duraban 50 años atrás, y que los empresarios están tan atemorizados por su negocio como los empleados por su trabajo.

Continuemos por los políticos. En los últimos años, y en todo el mundo, debido al tremendo costo social que tienen los sistemas rígidos, los legisladores han ido buscando un equilibrio entre estabilidad laboral, movilidad para el empleado y flexibilidad para el empleador, en el entendimiento que esto no puede ser costeado solamente por los empresarios o por los empleados, sino también por toda la sociedad en su conjunto.

Sigamos con los empresarios. Tienen que dedicar tiempo y recursos para educar a sus empleados y sindicalistas, haciéndoles entender que ellos no son los enemigos, sino también las víctimas de la cuarta revolución industrial, tal como lo son los empleados. Y obviamente tienen que hacer un gran esfuerzo por vender su plan de negocio al interior de la empresa, y no sólo al mercado.

Por último, las asociaciones empresariales tienen que promover una flexibilidad que sea legítima, y para ello deben promover un sistema de indemnización a todo evento con carácter de seguro social, que obviamente tendrá un mayor costo laboral, pero al mismo tiempo un mayor beneficio para toda la sociedad.

En el fondo, no hay que re-inventar la rueda. En esta materia, basta con copiar a Dinamarca o Finlandia.

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