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Publicado el 18 de diciembre, 2019

Gabriel Berczely: Los rezagados del sistema

Empresario y académico. Presidente de Horizontal. Gabriel Berczely

Sin lugar a dudas el crecimiento es fundamental para asegurar el porvenir, al igual que desenmascarar el relato falso de la izquierda. Pero si previamente no mejoramos la situación de quienes no han sido beneficiados con el modelo, no habrá sostenibilidad posible para lograr crecimiento y convencer de la falsedad del relato de izquierda.

Gabriel Berczely Empresario y académico. Presidente de Horizontal.

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En un reciente video que ha estado circulando en la web, relacionado con una entrevista que se le hizo en España, Axel Kaiser menciona que el problema de fondo de Chile, y que explica el estallido social, es el relato que en los últimos 20 años fue construyendo la izquierda de Chile, mostrando un país injusto, abusador y desigual. Relato que no sólo fue comprado por los seguidores de la izquierda, sino también por empresarios, académicos, gente del espectáculo y juventud de todo color.

Kaiser, con muy buenos argumentos, demuestra cuán falso es este relato: en los últimos 40 años la pobreza cayó del 60 al 8%, el ingreso per cápita se cuadriplicó, la movilidad social en Chile es de las mayores de la OCDE (el 23% del decil mas rico tiene padres que están en el decil mas pobre), la desigualdad medida por el índice Gini cayó de 0.57 a 0.466, y más encima Chile muestra los mejores resultados en educación de todo nivel comparado con el resto de Sudamérica, que ha tenido modelos económicos progresistas que son precisamente los que quiere vender la izquierda. Sin lugar a dudas tiene razón cuando alaba el desarrollo chileno, porque la evidencia de los grandes números, con los que suelen manejarse los economistas, permiten concluir el innegable progreso de Chile, incluso en temas tan cacareados por la izquierda como la ampliación de oportunidades, la inclusión y la reducción de la desigualdad.

Por su parte, Cecilia Cifuentes en su última columna en El Mercurio, señala que la falta de crecimiento es la real causa del estallido, porque si el país hubiese seguido creciendo a un ritmo de entre 4% y 5% a partir del gobierno de Bachelet II, el fisco no sólo contaría con US$ 3.500 millones anuales adicionales para su agenda social sin requerir de reforma tributaria alguna, sino que además hubiésemos seguido creciendo en empleo formal y en salario real. En otras palabras, la reciente crisis estalló como consecuencia de seis años de escaso dinamismo.

Mas allá de la contundencia numérica de la trayectoria chilena, y del terrible impacto de la falta de crecimiento, ¿es correcto pensar que un relato falso y/o la falta de crecimiento son los culpables del estallido social? Si así fuera, sin relato falso y con crecimiento sostenido, estaríamos todos felices comiendo perdices. En mi opinión, detrás del descontento hay más que relato y más que falta de crecimiento.

El gran problema de las cifras macro es que están basadas en promedios que marean a la élite que toma las decisiones. Un sencillo ejemplo permite visualizar el problema de los promedios. Supongamos una comunidad con 1.000 habitantes, en la cual seis de ellos fueran Jeff Bezos, Warren Buffet, Bill Gates, Jack Ma, Sergei Brin y Larry page, y el resto fueran todos empleados a su disposición ganando 500 dólares mensuales. Suponiendo que entre los 6 billonarios sumaran ingresos anuales de 50 billones de dólares (entre sueldo, dividendos y plusvalía bursátil), el ingreso per cápita de esa comunidad debiera rondar los cincuenta millones de dólares anuales, cifra que claramente no tendría relación alguna con el ingreso real de 6.000 dólares anuales del 94% de los habitantes de esa comunidad. En esta lógica, Chile podrá tener un PIB per cápita cercano a 15.000 dólares (3 veces el que tenía en 1990), pero el sueldo de 4,5 millones de chilenos es inferior a 6.400 dólares anuales. Nos maravillamos por algunas comunas que no tienen mucho que envidiar a Europa o Estados Unidos, sin percatarnos que muchas otras se acercan a estándares africanos. Es cierto que se venden más autos per cápita de lo que se venden en Argentina, Brasil o cualquier otro país sudamericano, pero también es cierto que millones de chilenos pasan 3 o más horas por día sufriendo el Transantiago.

Técnicamente hablando, el sistema de AFP es mucho mejor que el sistema de reparto, pero resulta que la mitad de los que cotizaron pensiones durante 30 a 35 años reciben una pensión que es inferior al sueldo mínimo. Es decir, de la noche a la mañana pasaron de clase media a clase baja. Esta realidad no es consecuencia de que las AFP hicieran mal su trabajo (¡todo lo contrario!), sino de avatares no visualizados al momento de diseñar el sistema, y que no fueron corregidos oportunamente, tales como mayor expectativa de vida, lagunas por desempleo, sueldos reales que tuvieron un gran crecimiento y por ende terminaron muy por encima del promedio cotizado, y rentas vitalicias afectadas por las bajas tasas de interés actuales. Es muy difícil creer que una sociedad pueda funcionar sin fricciones si una parte relevante de la misma pasa a ser pobre por el solo hecho de jubilarse.

Otro ejemplo son los préstamos de las casas comerciales y cajas de compensación. Durante años nos pasamos la película que brindaban un tremendo servicio a la población, porque daban acceso al crédito a un gran segmento de ella que no lo podía obtener en la banca tradicional. Dado el mayor riesgo, justificábamos la alta tasa de interés cobrada como “el costo de prestar a una clase social que tiene una elevada tasa de incobrabilidad y morosidad”. Pero esa alta tasa, sumada a altas comisiones, seguros caros y letra chica, elevaron el costo financiero a niveles usureros cercanos al 100% anual, que permitían prestar a personas que en condiciones normales no hubiesen pasado por ningún filtro crediticio, porque en definitiva el buen pagador terminó subsidiando al mal pagador. Si bien el promedio de endeudamiento de los hogares chilenos está más o menos en niveles de la OCDE, resulta que cuando miramos mas allá de esos promedios, podemos ver que los hogares de estratos bajos dedican un 40% de su ingreso mensual a pagar el costo financiero de una deuda que permanece estable porque no pueden pagar el capital. Nada de extrañar que tengamos 4,2 millones de deudores morosos que representan casi el 50% de una población de 9 millones de trabajadores.

Por culpa de promedios que nos enorgullecieron durante décadas, hemos descuidado lo que los promedios no nos dejan ver: esto es, un tsunami social ocasionado por millones de personas que están en el lado izquierdo de la curva de Gauss, y que no están dispuestas a esperar otros 30 años para que, por medio de un crecimiento sostenido, el efecto cascada o chorreo de la economía los vaya moviendo mas al centro. Más aún, a mayor educación (otro gran logro de Chile, dicho sea de paso), mayor conocimiento y mayor rebeldía ante situaciones que poblaciones incultas suelen aceptar. Si a ello le sumamos el sentido de inmediatez que trajo aparejado el Smartphone, es ingenuo pensar que los deciles rezagados del sistema tengan la paciencia de esperar la mejora que traerá aparejada el crecimiento en los próximos 30 años.

Algunos dirán que los rezagados del sistema “sólo” representan un 10% de la población (nuevamente, el argumento del promedio), pero esa es una cantidad suficientemente grande como para generar una explosión social como la que tuvimos, mas aún si sus marchas son apoyadas por aquellos que están en mejor situación pero creen que la situación es moralmente inaceptable, como por ejemplo los hijos de esa misma élite que se maneja con promedios y que critica las medidas recientes del gobierno porque dañarán las cifras económicas (promedios) que tiene el país. Claro está que minimizar el promedio de los que quedaron “fuera del sistema” es como minimizar la cantidad de muertes anuales en accidentes de aviación: son extremadamente pocos, pero nadie quisiera ser parte de esa estadística.

En la medida que sigamos creyendo de la existencia de un relato falso que confunde a la población, y que el único camino es el crecimiento, no haremos los ajustes necesarios para que las agujas del amperímetro social se mueven ahora y no en 30 años más.

Empecemos por la jubilación. Esta no debiera ser inferior a 400 mil pesos mensuales para personas que han cotizado 35 años. Esto se resuelve con una mezcla de sistema de reparto para un mínimo (por ejemplo 200 mil pesos), mas un sistema de AFP y APV. Una buena parte del aumento de cotización debiera ir al sistema de reparto básico, financiado por la empresa y también el empleado. Lo que no cubra este reparto debiera ser financiado con recursos generales y sistemas de seguro (por ejemplo, que cubran sobrevivencia por encima de los 85 años, tal como propuso Guillermo Larraín en una columna). Mas que ideológico, hay que ser práctico.

Sigamos con precios de medicamentos. En esto hay bastante literatura que sugiere regular mejor algunas cosas, y desregular otras, porque en estas materias las leyes de mercado no funcionan correctamente por asimetrías de información. Estas medidas no implican costo para el fisco, sino enfrentar al tremendo lobby que ha impedido introducir los cambios necesarios. En el caso del costo de medicamentos: recetar bioequivalentes en lugar de marcas, controlar precios de transferencia entre matriz y filial de laboratorios, facilitar la inscripción de genéricos en el ISP, permitir la importación de productos aprobados por la FDA y similares, permitir que Cenabast pueda venderle productos a las farmacias, y penas de cárcel para los actos fraudulentos en materia de principios activos y bioequivalencia.

En el caso de créditos comerciales, imponer un registro de deuda consolidada, imponer un máximo que puedan cobrar las tiendas por todo concepto (por ejemplo, 25% anual incluyendo intereses, comisiones, seguros), y multas descomunales para los que violen las normas. ¿Que esa medida implicará menor disponibilidad de crédito para los sectores mas vulnerables? ¿Y que las casas comerciales venderán menos? ¡Enhorabuena! Es hora de bajar el descontrolado nivel de endeudamiento de aquellos que simplemente no pueden pagar. Es como prohibir la venta de droga, que sin lugar a dudas nos hace felices por un tiempito, pero que tiene costos atroces.

Sigamos con salud y servicio del estado. También hay bastante literatura al respecto, siendo el tema de fondo una urgente modernización del estado que permita que las platas lleguen al destinatario final, y no se queden entrampadas en el sistema. Por ejemplo, el 25% del presupuesto del estado chileno se gasta en sueldos, comparado con el 12% de la OECD. Hemos cuadriplicado el gasto en salud y educación en los últimos 20 años, sin ver mejora alguna. Partidos políticos y sus operadores han capturado gran parte del estado. Funcionarios públicos que reciben bonos del 100% de cumplimiento de metas, a pesar del mal servicio que brindan, claro ejemplo de ello es el Ministerio Público, que persigue y resuelve muy pocos casos, pero percibe bonos como si fueran de excelencia marciana (es decir, excelencia que no existe).

Sigamos con el castigo contra los abusos y la corrupción (de empresarios, de estafadores, del estado y por sobre todo de bandas narco, anarcos y violentistas). Las medidas recientes del gobierno están en la buena dirección, pero son insuficientes. Hay mucho mas por hacer, y esto no cuesta un solo peso, sólo implica mejorar regulación.

Para terminar, hay que modernizar el estado racionalizando gastos y ministerios, y eliminando programas capturados por partidos, ONGs e instituciones de diversa índole, que no sólo tienen un beneficio dudoso para la sociedad, sino que además tienen menos importancia que la salud. Estos ahorros, junto con mejoras tributarias (terminación de la renta presunta, aumento del impuesto al diésel, impuesto al alcohol en función de la graduación alcohólica en lugar de ad-valorem, y una mejor progresividad del global complementario), debieran financiar las mejoras necesarias en pensiones y salud.

Resumiendo: tenemos un problema real que requiere ser solucionado en el corto plazo y no en 30 años mas. Tres áreas son las que hay que atacar urgente: pensiones, salud (mala atención en hospitales y precio de medicamentos) y abusos de todo tipo. Y dado el costo en pensiones y salud, es imperativo modernizar el estado aplicando la metodología de presupuesto base cero.

Sin lugar a dudas el crecimiento es fundamental para asegurar el porvenir, al igual que desenmascarar el relato falso de la izquierda. Pero si previamente no mejoramos la situación de los rezagados del sistema, no habrá sostenibilidad posible para lograr crecimiento y convencer de la falsedad del relato de izquierda.

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