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Publicado el 04 de septiembre, 2019

Gabriel Berczely: El ¿nuevo? propósito de las corporaciones

Empresario y académico Gabriel Berczely

No se requieren “nuevas” definiciones de propósito de las corporaciones, sino aplicar el sentido común y entender que maximizar el valor para los accionistas pasa también por maximizar el valor para el resto de los stakeholders.

Gabriel Berczely Empresario y académico
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El miércoles 28 de agosto El Mercurio publicó un artículo del Wall Street Journal cuyo título era “Ejecutivos desafían principio de que solo deben buscar lo mejor para los accionistas”. Notablemente, 181 de los 188 miembros del Business Roundtable, que agrupa a los CEOs de algunas de las principales compañías de EE.UU., habían votado a favor de cambiar el propósito de una corporación, esto es, de maximizar el valor para los accionistas, a maximizar el valor para todos los actores involucrados con una corporación, los llamados stakeholders (clientes, proveedores, empleados, comunidad y accionistas).

Creo que es importante desmenuzar esta “nueva” visión respecto al propósito de las corporaciones. En primer lugar, hay una confusión respecto a “qué es maximizar el retorno para los accionistas”. ¿Estamos hablando de aquellos accionistas que son inversionistas bursátiles que hacen pasadas de corto plazo, o de accionistas de largo plazo, como ser el propietario de una empresa? En el primer caso, bastaría con privilegiar el corto plazo para dejarlos contentos, aunque con ello se afecte la sustentabilidad de largo plazo. En el segundo caso, decisiones que mejoran el corto plazo, en desmedro del largo, no sería aceptable para un dueño.

Y si hablamos de valor sustentable, una empresa que no tenga en cuenta el interés de todos los stakeholders simplemente dejará de ser competitiva frente a aquellas que tengan mejor validación social, que logren atraer los mejores talentos, que beneficien a la comunidad y que tengan la mejor validación ante inversionistas. En otras palabras, maximizar el valor sustentable para los accionistas necesariamente pasa por optimizar los intereses de todos los stakeholders. Esto siempre fue así, y lo único que cambió es el énfasis y las decisiones a tomar para satisfacer nuevas necesidades (y condicionamientos) de cada uno de los stakeholders.

El problema entonces no está en lo que debiera ser la declaración de propósito de las empresas, sino en el enfoque que deben adoptar los Directorios y los CEOs de las empresas, esto es, velar por el largo plazo y dejar de lado decisiones que impliquen pan para hoy y hambre para mañana. Y en ello juega un papel fundamental el correcto alineamiento de los incentivos para los CEOs y directores. Por ejemplo, beneficios del tipo stock-options, que pretenden alinear los resultados de la empresa con la remuneración de ejecutivos y directores, terminan generando muchas veces decisiones perversas de priorizar el corto plazo en detrimento de la sustentabilidad de largo plazo.

Un artículo del The Economist relacionado con la nueva declaración de principios, publicado el pasado 22 de agosto, sugirió, entre otras cosas, ampliar la base de accionistas de una empresa, argumentando que ese es el camino adecuado para hacerlas más responsables con los stakeholders. Difiero totalmente de esta aseveración, porque en general empresas que tienen accionistas controladores suelen tener una mayor visión de largo plazo, mientras las que tienen una base diluida de accionistas suelen quedar a merced de ejecutivos y directivos que muchas veces privilegian la valorización bursátil de corto plazo.

Por último, es importante aclarar lo de la visión social y beneficio para la comunidad. No necesariamente acciones sociales, como apoyar una institución de la comuna, sea conveniente para la empresa y para los stakeholders. Por ejemplo, si se financia un Teatro Municipal, ¿cuánto del potencial beneficio es para la empresa (reputación, imagen) y cuánto para el CEO que saca un beneficio personal (ego, ser parte del directorio de la institución, ampliar su network, etc.)? Mas conveniente, para la empresa y para la sociedad es priorizar acciones sociales que tengan un claro retorno para ambas partes, como por ejemplo un astillero apoyando una escuela que capacite soldadores. En este caso se beneficia la empresa por generar capital humano, y se beneficia a la sociedad porque se aumenta la empleabilidad de las personas.  Esto es lo que se llama valor compartido.

En definitiva, está claro (desde siempre) que si queremos maximizar en forma sustentable el valor para los accionistas es necesario velar por todos los stakeholders. Imposible haber sido exitosos y competitivos si no se los tuvo en cuenta. Dicho de otra manera, no se requieren de “nuevas” definiciones de propósito de las corporaciones, sino de aplicar el sentido común y entender que maximizar el valor para los accionistas pasa también por maximizar el valor para el resto de los stakeholders. Esto es mas viejo que el hilo negro.

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