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Publicado el 09 de mayo, 2019

Fukuyama, democracia y clases medias

El nuevo populismo del que nos ha hablado el autor de «El fin de la historia y el último hombre» toma como sujeto a las nuevas clases medias, las que parecen sentirse abandonadas ante el frenético movimiento de la globalización, con un Estado que sienten no está interesado en su porvenir.

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En una reciente actividad enmarcada en los denominados “Diálogos en La Moneda”, el profesor Fukuyama enalteció nuestra democracia como un ejemplo a seguir por el resto de Latinoamérica. Tanto él como el Presidente Sebastián Piñera, quien sostuvo este diálogo con el autor de “El fin de la historia y el último hombre”, destacaron la importancia de tener hoy un país con instituciones sólidas, que retorna a la senda del crecimiento y que busca fortalecer a la clase media. Todos elementos fundamentales en el desarrollo del orden político contemporáneo. No obstante —ambos coincidieron— no se debe cantar victoria, pues el liderazgo institucional implica la capacidad de mantenerte a la cabeza, de hacer las reformas oportunas y de no ceder a los embates que puedan arrojarte fuera del podio. Ese es el desafío de Chile, y lograrlo es el objetivo de este gobierno.

La corrupción o la desigualdad extrema son algunos de los males que nos afectan y que ponen en tela de juicio la legitimidad del sistema político. Es por eso que resulta fundamental perfeccionar aún más nuestras instituciones —la agenda de integridad pública es un ejemplo— a fin de alejarnos de insidiosos virus, que lo único que hacen es carcomer la democracia desde de su núcleo. De lo contrario podemos dejar de ser dignos de admiración, y pasar a ser uno más de la larga fila de países capturados por el populismo iliberal.

Necesitamos recuperar la amistad cívica que tanto bien nos hizo en el pasado reciente.

El nuevo populismo del que nos ha hablado Fukuyama no funciona en la vieja estructura de izquierda de enfrentar a las elites contra los pobres, víctimas del sistema. Esta nueva forma toma como sujeto a las nuevas clases medias, las que parecen sentirse abandonadas ante el frenético movimiento de la globalización, con un Estado que sienten no está interesado en su porvenir. Aquello es el caldo de cultivo perfecto para que un discurso basado en la frustración y desesperanza pueda azotar con fuerza el sistema democrático.

La democracia actual ya no se sustenta en una visión en que la elite dirige los destinos de la ciudadanía sin la ciudadanía.

Es por lo anterior que avanzar en medidas que buscan anticiparse a ese contexto es básico. Retornar a la senda del crecimiento económico y erradicar la corrupción de nuestras instituciones es fundamental. Y esto no solo es un desafío para nuestro gobierno, lo es también para la oposición. La única forma de avanzar en la consolidación de la democracia es dejar de lado la lógica confrontacional y obstruccionista, que solo busca mezquinas victorias políticas. La democracia requiere de voluntad de diálogo, de ser capaz de llegar a acuerdos respetando las legítimas diferencias. En definitiva, necesitamos recuperar la amistad cívica que tanto bien nos hizo en el pasado reciente.

El llamado del Presidente Piñera y de Fukuyama es claro y preciso: la clase política debe ser capaz de sintonizar con las clases medias. La democracia actual ya no se sustenta en una visión en que la elite dirige los destinos de la ciudadanía sin la ciudadanía. Hoy más que nunca exige mayor empatía de sus participantes y medidas concretas para alejar la sombra populista irresponsable que se cierne sobre occidente. En la dura labor de mantener nuestra democracia a salvo, sintonizar con los anhelos ciudadanos es un imperativo ineludible.

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