Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 17 junio, 2021

Fredy Cancino: Yo, el pueblo

Profesor Fredy Cancino

El pueblo concebido como una representación, una muchedumbre sin contornos precisos, a lo sumo la idea pueblo a partir de intuiciones, apreciaciones parciales y voces recogidas en la calle o a la pasada, es la materia prima del populismo.

Fredy Cancino Profesor
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Pueblo. Una palabra con precisa raíz (populus, latín) y varios problemas interpretativos, desde la época romana en que podía ser una comunidad, una etnia, a veces con valor territorial, una masa indistinta o la plebe. Y, ya en esa época, también una colectividad depositaria de la soberanía, entendida como fuente del poder y de las grandes decisiones públicas. Precisamente de esta fuente de legitimidad nacen los usos y abusos del término pueblo, comprendidas las insidias de su manipulación, lejos de la razón virtuosa del pueblo entendido como el conjunto de ciudadanos dotados de derechos y de pluralidad de visiones.

El pueblo concebido como una representación, una muchedumbre sin contornos precisos, a lo sumo la idea pueblo a partir de intuiciones, apreciaciones parciales y voces recogidas en la calle o a la pasada, es la materia prima del populismo.

Esta idea nos retornó después de las declaraciones de algunos de los próximos integrantes de la Convención Constitucional que redactarán la Carta de todos y para todos los chilenos. Ellos develaron uno de los lados recurrentes del populismo: la apropiación del pueblo. “Nosotros somos el pueblo”, igual a “Yo soy el pueblo” empleado por dictadores y caudillos modernos, y por reyes y emperadores del pasado. La misma, abusiva identificación, solo cambia el pronombre.

Es casi natural que noveles líderes de nuevas organizaciones sociales y políticas, que se presentan como outsiders del sistema, recurran a la retórica caracterizada por los lugares comunes del populismo. En primer lugar, la ocupación abusiva del nombre pueblo, el hablar en su nombre, sin importar el consenso obtenido en las urnas, el lugar privilegiado donde el pueblo ejerce su poder. Hace poco, una declaración de constituyentes elegidos en la Lista del Pueblo llamaron a alterar las reglas que regularán el desarrollo de la Convención Constitucional, con las que fueron elegidos y que fueron refrendadas en el Plebiscito del 25 de octubre 2020, con una concurrencia a las urnas del 50,9 por ciento del universo electoral, alta cifra pese a la pandemia agobiante del momento. Días atrás, la vocera constituyente del mismo movimiento, Ingrid Villena, anuncia que “hemos decidido recuperar todos los espacios políticos para el pueblo en las elecciones parlamentarias, de consejeros regionales y presidenciales”. Recuperar para el pueblo, ¿para cuál pueblo? Sospechamos que será el pueblo que ellos designen como tal, el pueblo que supuestamente les otorgó el mandato de “recuperar esos espacios políticos”. Así, escogerán los candidatos de entre los movimientos sociales que estén en su gracia y se acomoden a la ideología maniquea del “pueblo virtuoso” versus la “elite corrupta”, simple ecuación que no da para análisis más serios e informados. Pero que rinde electoralmente, vistos los 27 constituyente elegidos bajo esa consigna. ¿Las cifras democráticas? Los 34 constituyentes que firmaron la declaración aquí citada obtuvieron poco más de 400 mil votos, un 6,7% de quienes votaron, y un 2,8% del total de los ciudadanos con derecho a sufragio. ¿No es eso una apropiación indebida del nombre del pueblo?

Alabar las virtudes del pueblo –“mi pueblo”– o desorbitar sus sufrimientos (soplando el fuego del resentimiento) son buenos relatos para crearse un espacio político, para ingresar en las instituciones con el salvoconducto de la novedad, algo tan atractivo en tiempos de desconfianza hacia la política. Por ende, no sorprende que toda nueva fuerza política (porque de política se trata) sea portadora de niveles populistas más marcados que los partidos tradicionales.

En segundo lugar, la apropiación del pueblo en la retórica populista conlleva la exclusión de quienes no forman parte de esa representación de pueblo que, para su uso, lleva a cabo el populismo. Quedarán fuera todos quienes fueron reputados adversarios, enemigos construidos a fuerza de diatribas, como un factor que enardece y cohesiona a los seguidores. Un recurso muy utilizado en actuales dictaduras y democracias autoritarias, políticamente se le llama el “síndrome de la fortaleza asediada”.

Este pueblo sobrerrepresentado por sus ocasionales voceros es, de todos modos, una parte, un grupo social o grupo de presión, una congregación que, a diferencia del populismo de opinión, persigue el poder y se da estructuras propias que se sobreponen a las del pueblo común.

En esta visión, el resto de la ciudadanía está excluida, el “no pueblo” está formado no sólo por los ricos, también por la elites gobernantes, de izquierda o derecha, por quienes no votaron o no votaron por los emisarios del pueblo, por los “amarillos” y militantes de partidos, por los indiferentes que no participan y que no salen a la calle, por quienes viven y persiguen su propio bienestar. En suma, por la gran mayoría de chilenas y chilenos.

La expulsión de gran parte de la ciudadanía en esta representación y apropiación del pueblo, en la que estos constituyentes no se identifican con el pueblo sino que el pueblo se identifica con ellos, –el pueblo a su imagen y semejanza– está significando instalar forzadamente una imagen política y, sobre todo, un presunto poder legitimador que les permitiría desconocer las decisiones y reglas expresadas en la soberanía de las elecciones, amenazando la necesaria serenidad con que debiera transcurrir el debate constituyente. El campo constituyente que ellos auspician es un terreno minado y de insalvables trincheras. Contrastar estas posiciones y maniobras es necesario y urgente de parte de los demócratas, sean o no sean constituyentes. Sabemos que es una batalla compleja, y quizás incómoda, para la izquierda democrática que comparte los mismos impulsos de justicia social de estos autonominados “emisarios del pueblo”, pero es un deber para con la nueva Constitución que guiará la vida cívica del país, que regirá a TODO el pueblo de Chile.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO