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Publicado el 21 enero, 2021

Fredy Cancino: Te la doy yo la conspiración

Profesor Fredy Cancino

Las hipótesis conspiracionistas son atractivas, ofrecen una explicación clara y simple a fenómenos que son complejos, que necesitan de atención y más lecturas, escuchar a sostenedores y detractores. En fin, aplicarse más.

Fredy Cancino Profesor
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Yuval Noah, el autor del admirable ensayo De animales a dioses, una breve historia de la humanidad, nos alerta acerca de lo que él llama el complotismo global, una tendencia paralela y funcional a la angustia pandémica que asola el mundo. ¿En qué consiste esta teoría? En la idea de que frente al desastre sanitario global existen fuerzas (también globales) que estarían manejando grupos oscuros, concordados y animados por prosaicos intereses o por ideologías extremas basadas en la religión, la raza o vaya uno a saber qué razón oculta al común habitante del planeta.

El conspiracionismo global cuenta con variantes locales, Chile no escapa a ese tejido global, pues la teoría conspiracionista ya no es sólo un fenómeno marginal, un nicho de “entendidos”. No, forma parte del relato político y se ubica en determinadas zonas ideológicas. El movimiento QAnon que animó el asalto al Capitolio se inspira en los postulados de la extrema derecha norteamericana y en el coyunturral apoyo a Trump, así como la teoría de la conspiración de las industrias farmacéuticas que habrían introducido el coronavirus pertenece al mundo de la izquierda en guerra con las transnacionales.

El conspiracionismo no es nuevo, basta recordar la idea masiva acerca de los supuestamente tenebrosos propósitos atribuidos de los primeros cristianos durante el imperio romano, facilitada esta visión por su vida comunitaria en las catacumbas de la ciudad. El más clamoroso y trágico caso de conspiracionismo global fue el construido por el nazismo a partir de documentos como el falso texto llamado Protocolos de Sión, que develaba la intención de los judíos de dominar el mundo, un cóctel que mezclaba bancos, bolcheviques y medios de comunicación. El resultado lo conocemos.

En Chile hay recientes casos de sospechoso conspiracionismo, como la tesis del complot internacional liderada por un omnipotente Maduro que estaría detrás de la violencia del estallido social de 2019, explicación que hace caso omiso de las profundas causas investigadas y expuestas en un sinnúmero de textos e intervenciones. Cierto, Maduro y su cohorte latinoamericana aplaudieron el “despertar” de los chilenos bajo formas de insurrección y destrucción, pero de ahí a otorgarle el papel de deus ex machina del 18-O hay una distancia que la simple razón se niega a cubrir. También el polémico TPP11 ha despertado las ganas de conspiracionismo: este Tratado Asia- Pacífico no sería nada más que un acuerdo oculto de las grandes transnacionales que moverían sus piezas infiltradas en los gobiernos de las 11 naciones que lo han suscrito o suscribirán. Detrás sopla el antiglobalismo, nutrido por aquellas cláusulas discutibles que se deben esclarecer y eventualmente ser objeto de reservas por parte de Chile, tal como lo establece la Convención de Viena de 1969 (Arts. 19 al 23).

Las hipótesis conspiracionistas son atractivas, ofrecen una explicación clara y simple a fenómenos que son complejos, que necesitan de atención y más lecturas, escuchar a sostenedores y detractores. En fin, aplicarse más.

Dice el devoto de conspiraciones: No necesito profundizar sobre el drama histórico del Medio Oriente, ni sobre las bondades y desventajas  de las tecnologías digitales, tampoco leer y escuchar los miles de testimonios científicos acerca de la génesis y desarrollo del Covid-19, no requiero saber más sobre el conflicto violento de La Araucanía: no señor, me basta la conspiración de fuerzas que manejan todo, cubiertas e indescifrables. Con ello, el conspiracionista se eleva sobre la humanidad común, sobre periodistas, profesionales y estudiosos de esas materias; el conspiracionista ha “entendido todo”, ha develado lo que los conspiradores quieren ocultar.

Podrían ser bolsones sin mayor importancia, entretención en pláticas de sobremesa, hasta fenómenos pintorescos y risibles (como la conspiración denunciada por los terraplanistas que niegan la redondez de la Tierra). Sólo que cuando invaden la política y sus instituciones (hemos escuchado ecos conspiracionistas en declamaciones congresuales); y sobre todo cuando el conspiracionismo ataca y debilita la fe pública, con las teorías antivacuna por ejemplo, estamos ante un mal social que es necesario y urgente combatir. Como expresado en una anterior columna, a los medios de comunicación les cabe un lugar de primera línea en la contención del conspiracionismo potencialmente dañino en la comunidad. El poderío de la imagen televisiva sería un óptimo disuasivo para la tentación de suscribir (y difundir) aventuradas teorías sobre los complots que explican y amenazan al mundo.

Para comenzar, bastaría una simple pregunta: ¿cuáles son las pruebas verificables de tu supuesta conspiración?

  1. Sergio Menares dice:

    Es muy facil encontrar los ´´conspiracionismos´´ atras de ´´slogans´´ de la Derecha y de la Izquierda Marxista. Para la Derecha el Imperialismo Marxista es una realidad y consiste en el apoyo irrestricto a los movimientos y gobiernos marxistas y marxistoides, principalmente aquellos en que la libertad de expresión es anulada y prohibida. Este conspiracionismo. es casi que totalmente compartido por todos los democratas (los que amamos la Democracia), como algo verdadero, algo que realmente existe. Ya los de la Izquierda, principalmente de la Izquierda Marxista y pro-marxista, dicen que el culpado de todo y el ´´balon de oxígeno´´ del capitalismo es el ´´neo-liberalismo´´ que conspira contra las necesidades mas urgentes y necesarias de la Sociedad. Pero qué es el ´´neo-liberalismo´´?. Segun algunos estudiosos del asunto, no es nada menos que un Capitalismo o Liberalismo con exigencias de compromisos sociales. No llega a ser un Socialismo Democratico anti marxista; pero hay algunas cosas que se le asemejan, tal cual el derecho del Trabajador a recibir un auxilio en caso de cesantia, el derecho a tener una educación y un atendimiento de salud (él y su familia) pagado por el Estado. (Pagado por el resto de la Sociedad). Entonces, el neo-liberalismo no es tan malo para los Trabajadores. Es malo cuando los que lo administran son malos. Si los administradores fueran buenos, probablemente veriamos como el neo-liberalismo puede hacer mucho por los Trabajadores. Sabemos que el neo-liberalismo no es lo ideal, pero como única alternativa que tenemos es el marxismo, se torna menos malo. Hasta que tengamos una otra opción debemos no tenerle miedo al neo-liberalismo. Si hacemos que el 50% de las utilidades de las empresas sea revertido a la Sociedad, ya estamos casi satisfechos. Instituto DEMOKRATIS.

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