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Publicado el 8 abril, 2021

Fredy Cancino: Niños de la periferia

Profesor Fredy Cancino

El abandono de la escuela debería ser la primera señal de alerta. Un niño o adolescente que deja el aula será una presa en la calle.

Fredy Cancino Profesor
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Periferia es un concepto, una realidad presente en las grandes urbes del planeta, incluso y sobre todo en muchos países desarrollados y provistos de una batería de índices económicos a los que Chile aspira a llegar. Poblaciones, arrabales, favelas… el nombre no importa para un fenómeno social hecho de marginaciones, frustraciones y un desesperanzador “mirar la vitrina” de la abundancia, las marcas bacanes y la aparente felicidad de los demás. Periferia no es sólo un dato urbano o un espacio geométrico que circunda las ciudades, es ante todo un lugar social en el que se mezclan las historias de vida personales y familiares con la cultura circundante, con el modo de ser de comunidades que se asoman al crecimiento sin estar plenamente en él, frágiles ante el primer embate natural (la pandemia) o político/institucional (el “estallido social”).

En ese espacio y en esas circunstancias vive una parte significativa de los 4,2 millones de niños y adolescentes de Chile. Significativa no sólo por su número, sino también por su presencia en el fenómeno delictual que alcanza niveles más que preocupantes en un país que se distinguía en el continente por los niveles de seguridad en sus ciudades.

Son niños y jóvenes que a menudo conviven con una criminalidad cada vez más organizada, que va dejando atrás al delincuente solitario, que teje redes y que tiene estrategias de protección y de reclutamiento. Ya no se trata de pequeñas bandas de asaltos y robos, hoy nos enfrentamos a algo mayor: el narcotráfico, cuyo despliegue requiere acciones y logística día a día mayores, desde la internación o fabricación de drogas hasta su distribución minorista, consumidor por consumidor, calle por calle. Requiere pues mucha mano de obra menor, “soldados”, como se les llama en la jerga internacional. ¿Dónde se reclutan los jóvenes que comienzan su trayectoria narcodelictual? En dos principales entornos: en las cárceles y en las poblaciones pobres y olvidadas de la ciudad.

En las periferias viven los potenciales jornaleros ocasionales del delito. Son niños y jóvenes que atraviesan el periodo más difícil de la vida humana: la adolescencia. Tienen sueños y deseos como todos los menores, lograr un puesto en la sociedad, no vivir sin esperanzas ni oportunidades. Son lugares duros para esas aspiraciones, donde el fracaso puede ser aliviado con la solidaridad de la banda, con la facilidad de empuñar un arma y satisfacer tus deseos de cosas y más cosas.

El Estado invierte en esos niños y adolescentes con resultados que, si son positivos, no se conocen. Solo sabemos de programas y lugares de tratamiento de aquellos menores que –hasta el momento– han cometido solo fechorías, espacios donde la ineptitud de sus encargados se mezcla con las visiones temporales de sus dirigentes, acordes con la racha política que les llevó a esos cargos. No hay política de Estado que trascienda, se transmita de gobierno en gobierno y tenga una sola constante: proteger niños y adolescentes de la acción persuasiva criminal, y rescatar a aquellos que recién se encaminan por la senda delictual.

El abandono de la escuela debería ser la primera señal de alerta. Un niño o adolescente que deja el aula será una presa en la calle. La deserción escolar no debe ser considerada un tema colateral, situado en un ámbito distinto al delictual, sobre todo en aquellos territorios de control del narcotráfico. Prestar mayor atención a la deserción escolar, investigar y seguir caso por caso –familia por familia– todo abandono del aula, requiere un esfuerzo ingente traducido en mayores recursos e instituciones adecuadas. Pensamos en verdaderas agencias de rescate focalizadas en aquellas comunas de mayor riesgo, con facultades y recursos entregados a los municipios, en una ideal coordinación nacional del Estado.

Si no se opera desde el inicio, desde del traslado del niño/niña del hogar y la escuela a la calle, seguiremos presenciando las tristes historias de niños delincuentes que la televisión propina, con un ojo en el peoplemeter, indignándonos y pasando rápidamente a otros temas supuestamente más importantes.

La construcción de un sistema y política de Estado enfocada hacia los niños y adolescentes que nacen, crecen y a veces se pierden en las periferias de la ciudad, es un imperativo que se debe imponer con urgencia al gobierno presente y futuro.

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