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Publicado el 11 diciembre, 2020

Fredy Cancino: Mea culpa

Profesor Fredy Cancino

El diputado Jackson lo dijo claro: su aliado natural es el Partido Comunista y no la ex Concertación (léase Unidad Constituyente). El diputado sobrevuela sobre los cuatro años que el PC gobernó con la Concertación. En fin, su sinceramiento evidencia una vez más esa mezcla de moralismo y aversión insuperable por la Concertación, que explica en parte el nacimiento del Frente Amplio y su alma refundacional.

 

 

Fredy Cancino Profesor
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Giorgio Jackson lo dijo claro: su aliado natural es el Partido Comunista y no la ex Concertación (léase Unidad Constituyente). El diputado sobrevuela sobre los cuatro años que el PC gobernó con la Concertación. En fin, su sinceramiento evidencia una vez más esa mezcla de moralismo y aversión insuperable por la Concertación, que explica en parte el nacimiento del Frente Amplio y su alma refundacional. “La historia empieza con nosotros”, aunque aún no sabemos cuál será esa mayúscula Historia, sobre todo a la vista de los últimos desgarros en sus filas.

Recordamos algunos episodios, dichos y condiciones que el Frente Amplio ha expresado para cualquier diálogo con la ex Concertación: la realización de una pública autocrítica de sus dirigentes y partidos. ¿Deberían realizar los exponentes concertacionistas ese acto de contrición?

Claro que no.

Es una pretensión que exuda arrogancia política, surgida del ansia refundacional de una izquierda, generalmente joven y maximalista. “El pasado reciente es nuestro adversario”, parece ser el rumor de fondo de las ideas y la acción de fuerzas que se asoman a la vida política con el ímpetu sanador de removerlo todo. Una novedosa propuesta, pero antigua en resabios que evocan lo que el historiador italiano Emilio Gentile llamó religión civil, referida al fascismo y extensible a los sistemas totalitarios. Es la misión sagrada (pero laica) que obliga al “clérigo”, límpido depositario, a demandar al inquirido el arrepentimiento (la autocrítica), o sea la admisión de culpabilidad antes de proseguir en la gracia de la fe, en este caso un credo político. Ha sido una práctica muy frecuente en los sistemas comunistas, y en antiguos procedimientos de la Inquisición católica. Nos recuerda un antiguo ritual revolucionario que se llamaba “la Triple R: Revisión, Rectificación y Reimpulso”.

Hay otro trasfondo en esta pretensión: la desvalorización de la historia reciente, tan frecuente en el discurso político de la izquierda radicalizada de hoy. El adversario tradicional (derecha, transnacionales, empresarios, etc.) son sólo el telón de fondo necesario para el domicilio político de izquierda: el antagonista es ahora el periodo Concertación, esa especie de interregnum entre la dictadura (ya poco citada) y la sociedad refundada sobre cimientos de la denuncia catastrofista y la pureza moral. El historiador francés François Hartog acuñó el neologismo presentismo para calificar esa visión que se abstrae o desdeña reconocer del pasado, pero tampoco diseña el futuro, por lo menos un porvenir preciso. El futuro presentista se esfuma en los vapores de una vaga ideología.

Volviendo al tema de la autocrítica exigida, ¿la izquierda concertacionista deben realizar este acto de pública contrición? Claro que no, por dos principales razones.

Primero, por cierto que es positivo un balance crítico ante sí, ante la propia conciencia política. No lo es si constreñido por jueces terceros. La izquierda renovada rescató en los años 80 su vocación democrática. Una mirada crítica que permitió revalorar la democracia y participar de la amplia alianza que terminó con la dictadura y abrió paso a la fórmula de centroizquierda que reformó profundamente el país. Fue un proceso autocrítico genuino, no dictado por una reclamación de eventuales aliados en un pacto electoral o de gobierno. Fue un proceso lento, no exento de laceraciones, alimentado por un debate rico de ideas y de emplazamientos.

Segundo, los años de la Concertación fueron el tiempo de un avance extraordinario en los derechos y acceso al bienestar de millones de ciudadanos vulnerables. No se trata sólo de modernización del país (reconocida por todos), sino de arrebatar millones de chilenos y chilenas a la pobreza y escasez, facilitando su paso del reino de la necesidad al reino del mérito, al despliegue de oportunidades vedadas en toda la historia del Chile independiente. No da para arrepentimientos ni cenizas en la cabeza.

Cierto, hubo errores, limitaciones y cosas sin hacer. Esa es materia del obligado análisis que aún debe terminar, para reformular un horizonte que inaugure un ciclo distinto para el país, en lo económico, en lo social y a la luz de una nueva Constitución. Un análisis crítico, riguroso, sin forzadas autocomplacencias, despojado de infructuosos ideologismos. Ante todo, un proceso nacido de la propia percepción de la rica experiencia de los gobiernos de la Concertación, para concluir en que las cosas deben cambiar. No un procedimiento público ante magistrados portadores de Buenas Nuevas que nadie sabe adónde llevan. Creo yo.

  1. Sergio Menares dice:

    Los Trabajadores Socialistas Democraticos no marxistas, repudiamos con vehemencia las palabras y las intenciones del diputado Giorgio Jacson que desea unirse a los comunistas. La clara declaración del diputado que se confiesa ´´pro-comunista´´ lo hace una presa facil del comunismo transformandolo en un tentáculo del Imperialismo Marxista. Recordamos a todos que los comunistas desean la destruccion de la Democracia y su substitución por una dictadura (en que los comunistas serán los amos).Para pocas palabras , buen entendedor…..

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