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Publicado el 1 septiembre, 2020

Fredy Cancino: La ligereza política

Profesor Fredy Cancino

La ligereza política asume muchas formas, quizás las más irresponsable es la del populismo que parte del juicio aproximativo, del cálculo al voleo para construir la propuesta que desencadena el entusiasmo fácil. No importa si los recursos no están ni estarán, las consecuencias son desechables, la factibilidad es un detalle irrelevante.

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Bienvenida la ligereza cuando “no es superficialidad, sino planear desde lo alto sin rocas en el corazón”, como anotó Ítalo Calvino en una lección universitaria que no alcanzó a dar por su muerte en 1985. Si aplicásemos este pensamiento a la política, podríamos decir que las rocas de la ideología son aquellas que impiden el vuelo de la renovación, ejercicio siempre saludable en toda cosa humana.

A esta ligereza auspiciada por el escritor italiano, digamos ligereza pensativa, se opone otra versión: es aquella de la liviandad que hemos soportado en la crisis social y ahora en la emergencia pandémica del Covid-19. La frivolidad ha tenido amplia acogida en el carrusel de los matinales, que han visto desfilar desde políticos devenidos en virólogos aficionados, hasta alcaldes omnipresentes trayendo la buena nueva de curas del virus, discutibles científicamente pero cómodas a la hora del juego de los “adelantados”. Precisamente lo que la platea abrumada desea oír y aplaudir. Atrás, el coro machacante de las obviedades del autocuidado. Es la simpleza de la buenas intenciones y paternales (o maternales) recomendaciones a los ciudadanos infantilizados.

Es la política/espectáculo, la que no cede ante la desesperanza o el sufrimiento de la gente, toda ocasión es buena para la empatía.

La ligereza política asume muchas formas, la más irresponsable es la del populismo que parte del juicio aproximativo, del cálculo al voleo para construir la propuesta que desencadena el entusiasmo fácil. No importa si los recursos no están ni estarán, las consecuencias son desechables, la factibilidad es un detalle irrelevante. No hay detrás algún estudio serio, el asesor se acomoda, las cifras se moldean a la sentida necesidad popular.

Y no hablemos de las polémicas políticas que bordean la intrascendencia, lo que a quién le importa, o los intentos de aprovechar el momento o los errores del adversario sobre triviales cuestiones. Se trata de prácticas habituales en la política chilena, que han nutrido la desconfianza ciudadana y que resultan especialmente inaceptables en momentos tan críticos como los que estamos viviendo.

La liviandad política se encumbra en la cultura del twitter, esa camisa de fuerza de caracteres que reduce no sólo el límite de las palabras sino también encogen las ideas, eluden la profundidad y el argumento. Banalidades tuiteras que los medios recogen y presentan como debate político.

El mensaje breve de las redes es pariente estrecho del eslogan, un recurso político legítimo que condensa un pensamiento, una protesta o una esperanza. Pero cuando la idea política se reduce solo a un lema, cuando éste es resultado de una reflexión sostenida por el rigor de la cifra, de la mirada prolija a la propuesta que representa el eslogan. Lo que hemos visto últimamente es el eslogan previo, sin mayor atención a su veracidad o factibilidad. Sólo recoge el comprensible malestar social para transformar todo en energía y rédito político. Al final, es solamente retórica que convence en el instante, pero que no abre a reformas posibles y que se concluye en nuevas decepciones en quienes creyeron en el enérgico eslogan.

La pandemia provoca temor y daños sociales y económicos de envergadura. Justamente por ello es necesaria la prudencia en la intervención política, la disciplina y la profundidad en el actuar de la elite política, de gobierno o de oposición. El complejo retorno a la normalidad, los sacrificios que ese camino exigirá a las chilenas y chilenos, exige que la clase política abandone la tonalidad liviana y repetitiva, para emplear un lenguaje a la altura del drama que padece el país.

Ciertamente, seamos justos: no toda la actividad pública está contaminada por la ligereza y la falta de rigurosidad en su palabra y acción, pero bastan los ejemplos que se multiplican para, siguiendo a otro escritor, hacernos insoportable la levedad de la política de hoy.

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