Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 21 de julio, 2020

Fredy Cancino: El estrés de la democracia

Profesor Fredy Cancino

La democracia chilena fue tensionada nuevamente por el correlato entre lo que sucedía en el hemiciclo congresual, asiento de una esencial institución democrática y republicana, y lo acontecido durante las noches en que duró el debate parlamentario: explosiones de violencia que devenían en tambores de guerra, advirtiendo acerca de cuál debería ser el voto mayoritario de los congresales.

Fredy Cancino Profesor

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Estas dos últimas semanas mostraron, Parlamento de por medio, las crudas tensiones a las cuales nuestra democracia ha sido sometida desde octubre 2019, aunque los síntomas se percibían desde mucho antes. No hablamos del desbarajuste político que la votación en torno al retiro de ahorros previsionales provocó en la derecha y Gobierno;la democracia suele provocar desórdenes, abandonos y quiebres de los partidos políticos. Es parte del pluralismo y la libertad de ideas y toma de decisiones de quienes protagonizan la política, inclusive si deciden mirando el reloj electoral del próximo año. Tampoco pueden alarmar los bailes, disfraces y cacerolas congresuales después de esa votación; después de todo, el ridículo figura entre los derechos democráticos.

La democracia chilena fue tensionada nuevamente por el correlato entre lo que sucedía en el hemiciclo congresual, asiento de una esencial institución democrática y republicana, y lo sucedido durante las noches en que duró el debate parlamentario: explosiones de violencia que devenían en tambores de guerra, advirtiendo acerca de cuál debería ser el voto mayoritario de los congresales. Hasta allí podría haber sido sólo la acción coordinada de grupos minoritarios, antisistémicos, narcos y bandas juveniles. Lo alarmante fue el silencio frente a la violencia en las calles y, aún más, los sermones que avisaban de “descontento popular” (léase violencia) que podía desatarse en caso de negarse el retiro de parte de las cotizaciones.

A la violencia callejera y nocturna se sumó, cómo no, la habitual batería de amenazas e insultos al cuerpo legislativo a un diputado que osó abstenerse y a un senador que, aun favorable al retiro del 10%, opinó que los más ricos debían pagar impuesto por ese retiro. ¿Cómo se puede llamar esto?

Simplemente coacción. Es decir, fuerza para inducir, si no obligar, a pronunciamientos bajo la amenaza de inminente violencia callejera o lapidaciones en las redes sociales.

No es intención de este artículo hacer alegato alguno en torno al tema de fondo, bastante literatura y opiniones más calificadas se han vertido en torno a ello. Aprobar o no aprobar el retiro del 10% es parte del debate parlamentario, que requiere de alternativas y no de unanimismos forzados. Lo que realmente preocupa, e irrita, es la invisible correa transmisora entre la violencia pública, sea física o moral, y las decisiones de un parlamento que debiera legislar bajo el signo de la razón crítica, aunque se vista con el ropaje de la polémica y la vehemencia, pero nunca bajo la amenaza de estragos sociales frente a los cuales se debe optar por el mal menor.

Nuestra democracia, como en otras partes del mundo, ha sufrido el asedio de fórmulas vagas en las que existe una combinación de antipolítica, desconfianza hacia las elites, aceptación pasiva de los lugares comunes del discurso antisistemico y el uso populista del concepto de pueblo visto como una sola entidad orgánica y cohesionada en torno a las ideas del “conductor” del momento o del día. Este discurso se ha nutrido en Chile del descontento que, con adecuado carburante, se transforma en rabia y deviene fácil y fatalmente en ciega odiosidad.

La democracia nunca es perfecta, como no lo es ninguna empresa humana. Puede ser enriquecida con formas directas o participativas, nunca reemplazada, menos en lo que son los principios que la sustentan. Es decir, pensar distinto, tolerar y respetar  las diferencias y, ante todo, resolver los conflictos de poder y decisión con medios pacíficos y civiles, no por la amenaza, la violencia o el chantaje. Es lo que hemos visto en estas semanas.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete