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Publicado el 19 marzo, 2021

Francisco Sáenz: Los líderes que queremos

Ingeniero Civil y Empresario Francisco Saenz

Líderes con amplitud, convicciones y virtudes, ¿es mucho pedir?

Francisco Saenz Ingeniero Civil y Empresario
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Hace mucho tiempo, un sacerdote católico escribía un libro titulado “Los signos de los tiempos”, intentando interpretar cuáles eran esas señales y qué conclusiones se podían sacar de ellas. El concepto es interesante: los signos de los tiempos. ¿Podríamos identificar cuáles son los nuestros hoy en día? No parece difícil, aunque desgraciadamente la mayor parte de los signos que se observan en el Chile de hoy son negativos: violencia, corrupción, división social, crisis institucional, posiciones antagónicas y falta de diálogo. Este escenario es muy preocupante y a esto habría que añadir también la crisis generada por la pandemia y sus graves consecuencias económicas y sociales. Se trata además de un escenario nuevo para Chile porque, al menos si nos situamos en el contexto de las últimas tres décadas, éste no era el país al que estábamos acostumbrados: el país parecía haber aprendido a navegar, de un modo constante, generando crecimiento, derrotando poco a poco la pobreza y aumentando la movilidad social; los problemas de alguna forma se solucionaban, tal vez no con la rapidez deseada, pero existía diálogo, ciertos consensos y éramos capaces de generar acuerdos, a veces tras bambalinas, pero acuerdos al fin y al cabo.

Recordar aquello hoy parece casi una utopía.“Chile cambió”, se repite como slogan, y peor aún, muchos tienden a pensar que aquel Chile era un país falso. ¿Lo era? Bolaño, el escritor, solía decir que Chile sufría de un síndrome maníaco depresivo: cuando mejor estábamos nos hacíamos el harakiri y cuando estábamos en el suelo éramos capaces de emerger de las cenizas como el ave fénix. Seamos positivos y tomemos la última parte de dicha afirmación: mayoritariamente queremos emerger, salir de esta situación. Tenemos, entonces, un consenso: queremos mejorar y salir adelante. El punto es que no sabemos cómo, no tenemos idea cómo salir de este embrollo. Pero aún así buscamos soluciones y aquella que más se repite, aquella que mejor parece responder a la pregunta sobre qué necesitamos para salir adelante es la siguiente: necesitamos líderes, verdaderos líderes.

En primera instancia parece algo curioso, como buscar una tabla de salvación en otras personas para que solucionen nuestros problemas en vez de discernir qué podemos hacer nosotros mismos para salir de ellos. No obstante, es algo también muy humano reconocer nuestra necesidad de ser guiados, motivados y dirigidos por otros: alguien debe mostrarnos el camino.

Decir esto implica afirmar también que dichos líderes hoy no existen. Sin embargo, los hay gremiales, sindicales, intelectuales y también políticos; el punto es que no los reconocemos como tales, ¿por qué? Pues porque entendemos que estos líderes no están hechos para el momento actual, son demasiado sectoriales, sesgados, limitados en su alcance, y lo que hoy necesitamos son verdaderos líderes, es decir, líderes que sean capaces de ir más allá de su núcleo de influencia, líderes amplios, transversales, líderes para una gran mayoría. Y dichos líderes realmente no se ven. Tampoco se ven en otras partes, es cierto, porque si miramos hacia afuera lo que vemos son líderes del tipo Trump o Bolsonaro, líderes fuertes pero no amplios, líderes que en vez de unir lo que hacen es ahondar las divisiones, de hecho son líderes que se definen a sí mismos en base a elegir previamente a sus enemigos. Y entendemos -pienso- que no es aquello lo que necesitamos; para ahondar diferencias nos sobran candidatos.

¿Nos bastaría con tener líderes amplios? No, buscamos algo más, algo que existe pero no abunda: buscamos líderes con convicciones. Esto no es menor, pues aún si hubiese líderes amplios, de poco nos serviría si no fuesen líderes capaces de mostrar valores, principios, y eso significa hacerlas explícitas, ponerlas sobre la mesa y, llegado el caso, defenderlas. No todo puede ser negociable. Un líder con convicciones da la batalla por aquello en lo que cree aún cuando circunstancialmente tenga pocas perspectivas de salir airoso; a veces una batalla perdida es mucho más importante que una rendición supuestamente exitosa. Y de hecho tenemos liderazgos de estas características en el Chile de hoy, liderazgos que no alcanzan a ser transversales pero sí muestran convicción, fuerza y convicción, como es el caso de Evelyn Matthei o José Antonio Kast. También tenemos el caso inverso, liderazgos que intentan ser amplios, como es el caso de Joaquín Lavín, pero dicha amplitud se ve forzada a costa de falta de convicciones, ¿habría que llamarlos liderazgos populistas? Lo digo con todo respeto.

¿Esperaríamos algo más de nuestros líderes? Sí, que sean personas virtuosas, en todo sentido. Nos hemos ido acostumbrando -mejor dicho mal acostumbrando- a líderes mediocres, con pies de barro, pero un verdadero líder debe dar el ejemplo y para ello necesita poseer muchas virtudes: paciencia, templanza, fortaleza, buen juicio, generosidad, vocación de servicio, etc. No se trata de exigir cero faltas a otros, eso es imposible y además hipócrita; las personas cometemos errores y lo maduro es reconocerlos y corregirlos, pero a un líder naturalmente se le exige más ya que debe representar a muchas personas.

Si hubiese que reunir todas estas características en un sólo concepto, diría lo siguiente: necesitamos líderes espirituales. Al decir espiritual no aludo a un sentido religioso; me refiero a que un líder se construye a sí mismo desde dentro, desde el espíritu, y a partir de ahí transmite esa fuerza interior hacia fuera, pues nadie puede dar lo que no tiene. Probablemente uno de los signos de los tiempos más marcados es éste, el de personas que quieren cambiar el mundo sin haber experimentado un cambio en su interior, líderes vacíos, activistas sin sustento, oportunistas, flor de un día, en suma, falsos líderes.

Líderes con amplitud, convicciones y virtudes, ¿es mucho pedir? Tal vez lo más difícil sea alcanzar hoy lo primero, contar con líderes amplios, transversales. Esto es así porque el país se encuentra muy dividido en posiciones en apariencia irreconciliables; hasta existen sectores minoritarios que han optado por el camino de la violencia para forzar sus objetivos y sectores políticos aún mucho más amplios que en la práctica se han hecho cómplices de dicha violencia por creer que favorece sus intereses. Maquiavelismo puro. ¿Cómo puede alcanzarse un consenso frente a tales posiciones extremas? No es nada de fácil. Pero vale la pena recordar que tuvimos verdaderos líderes en el contexto de los últimos treinta años, personalidades como Aylwin o Lagos que supieron levantarse por sobre la media para ir más allá de su sector y promover un país mejor para todos. Y no se piense que la tuvieron fácil. Aylwin debió enfrentar la primera etapa de la transición, cuando existían muchas incógnitas, pero hizo su trabajo, sin odio, sin ánimo de revancha, pensando en el futuro. Lagos fue a su vez el primer presidente socialista que llegaba al poder y eso generaba mucho temor y resistencia, pero supo mirar en alto y acabó transformándose en el presidente que mayormente ha promovido la visión de un país desarrollado con cara al siglo XXI. Además, cuando había que golpear la mesa la golpeaba, ¡cómo echamos de menos esa actitud!

Era un país distinto, sí, pero de ningún modo era un país falso. Líderes de esa estirpe necesitamos, cualquiera sea el sector de donde provengan. Pero ahora estamos enfrentados a una nueva transición y para ello necesitamos nuevos líderes, verdaderos líderes, o al menos eso creemos. El problema es el siguiente: los líderes nacen por generación espontánea, no hay forma de fabricarlos, sin embargo, tal vez no sea tan así. Debemos -pienso- mirar ahora hacia el otro lado de la mesa, hacia nosotros mismos y preguntarnos, ¿qué podemos hacer? Pues bien, partamos por aplicar a nosotros mismos las cualidades de liderazgo que buscamos en otros, es decir, seamos personas con una visión amplia, virtuosas y con firmes convicciones, porque a partir de ello nos resultará mucho más fácil identificar, promover y seguir a los líderes que queremos. Comencemos por convertirnos en pequeños líderes.

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