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Publicado el 17 de junio, 2020

Francisco Orrego: La mano de Maradona en el Mar Austral

Queda la impresión de que no ha existido una estrategia clara por parte de nuestra Cancillería para abordar el caso. No solo hemos sido históricamente reactivos y pasivos, sino que incluso ha abundado la ingenuidad.

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Muchos recordarán el emblemático partido de fútbol que enfrentaba por primera vez a las selecciones de Argentina e Inglaterra después de la Guerra de las Falklands/Malvinas. Fue en el mundial de México ’86, cuando Maradona -fiel al estilo argentino- metió un gol con la mano. Luego diría que fue la “mano de Dios”. Hoy nuevamente ambos países se encuentran enfrentados en una contienda diplomática desde el 2009, pero esta vez sobre la plataforma continental extendida que se disputan entre el continente y las Islas del Atlántico Sur, y a la cual Chile se encuentra “invitado” de manera involuntaria. Considerando las pretensiones del Gobierno de Argentina de extender su plataforma continental mas allá de las 200 millas en el Mar del Sur Austral, los intereses marítimos y antárticos chilenos se ven amenazados, ya no por la mano de Maradona o de Dios, sino de los Kirchner. Dada la gravedad del asunto, advertirá el lector mi alejamiento temporal de mi tradicional sentido del humor. Esta columna no le causará risa, sino más bien indignación y preocupación.

El caso se inicia el 2009, bajo el mandato de Cristina Fernández, con la presentación del gobierno argentino ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la CONVEMAR (1982), para materializar la extensión de su plataforma continental más allá de las 200 millas -pudiendo llegar hasta las 350 millas-, que fue lo solicitado por Argentina. Esta solicitud fue aceptada por la Comisión de Límites el 2016, lo que generó un ambiente triunfalista al otro lado de la Cordillera en su disputa con el Reino Unido por la soberanía de las Islas Falklands/Malvinas. No es casualidad, entonces, que ahora el gobierno de Alberto Fernández, con Cristina Fernández de Vicepresidenta, tire “toda la carne a la parrilla” y pretenda consolidar la posición de su país en el Mar Austral -que incluye, por cierto, la Antártica- con el envío de tres proyectos de ley al Senado. Nadie podrá desconocer que la perseverancia y ambición territorial y marítima de los Kirchner, que no solo abarca el Atlántico Sur sino que también el Pacífico Sur, es digna de imitación y elogio. Ni hablar de sus capacidades comunicacionales, donde nos dan “cancha, tiro y lado”.

Cuál ha sido la reacción del Reino Unido y de Chile frente a la presentación argentina, se preguntarán. Muy simple. Mientras el Reino Unido ha mantenido una estrategia proactiva y agresiva frente al caso desde sus orígenes, lamentablemente nuestro país ha tenido una actitud más bien reactiva y pasiva. Las autoridades británicas han desplegado todos sus esfuerzos diplomáticos, políticos, jurídicos y comunicacionales para contrarrestar la pretensión argentina. Incluso han presentado ante la Comisión de Límites su propia propuesta de delimitación marítima en el Atlántico Sur, lo que contrasta con la respuesta chilena. En efecto, nuestro país se ha limitado a reaccionar enviando seis notas diplomáticas al Gobierno de Argentina y a Naciones Unidades, la última de ellas en mayo pasado, haciendo reserva de sus derechos marítimos y antárticos en el Mar Austral y declarando que lo actuado carece de valor jurídico respecto de nuestro país. Pero nuestra desidia va más allá, ya que tampoco hemos realizado -con el fin de controvertir las gestiones argentinas- las presentaciones necesarias ante la Comisión de Límites para solicitar la extensión de nuestra propia plataforma continental en la zona, ni menos hemos desarrollado todos los estudios técnicos necesarios para sustentarla. Insólito resulta a este respecto, que incluso nuestras autoridades hayan privilegiado materializar una extensión de plataforma continental alrededor de Isla de Pascua -la que por cierto nadie disputaría-, postergando inexplicablemente la delimitación marítima en el Mar Austral, aun a sabiendas de la estrategia argentina. Si eso no es miopía, es ceguera.

Evidentemente, esta estrategia no ha sido suficiente para detener el avance de los Kirchner. Más bien, queda la impresión de que no ha existido una estrategia clara por parte de nuestra Cancillería para abordar el caso. No solo hemos sido históricamente reactivos y pasivos, sino que incluso ha abundado la ingenuidad. Es cierto que nuestro país ha debido abordar dos juicios ante la Corte Internacional de Justicia, con el consiguiente esfuerzo y dedicación, pero de ahí a sostener que ello es una atenuante o justificación para nuestra inacción, hay mucha distancia. No era difícil suponer, que nuestros vecinos aprovecharían nuestra distracción por los juicios con Perú y Bolivia ante La Haya, para avanzar en sus pretensiones en el Mar Austral. También resultaría muy ingenuo asumir que la pretensión argentina solo apunta a su disputa territorial con el Reino Unido por las Islas Falklands/Malvinas, que solo somos una víctima colateral, y que por ello deberíamos quedarnos tranquilos. ¡Por favor! Esa estrategia es más vieja que el hilo negro.

Nos encaminamos a una nueva disputa o controversia limítrofe con Argentina, sea bajo el mecanismo de solución de controversias que prevé el Tratado de Paz y Amistad de 1984 o ante alguna otra instancia judicial internacional, cuyos resultados son difíciles de anticipar. De eso, ya no cabe duda. Ante esa perspectiva, debemos pasar de la reacción a la acción. En primer lugar, se debe reabrir la oficina dedicada a la defensa internacional de los intereses de Chile ante instancias judiciales internacionales, que nunca debió cerrarse. Además, esa oficina tiene hoy un respaldo legal en el artículo 8 de la Ley 21.080 de modernización de la Cancillería. Desafortunadamente, a pesar del tiempo ya transcurrido (2 años), aún no ha sido creada. Esta oficina debiera operar con criterio de política de Estado y ser de composición transversal y, por lo tanto, plural, con participación de los expertos más calificados de las distintas sensibilidades políticas de gobierno y oposición. Así ocurrió con la antigua oficina y así debiera operar la nueva.

Junto con lo anterior, la Cancillería haría bien en convocar y consultar a los mejores expertos y técnicos nacionales e internacionales en la materia, para no solo diseñar una estrategia frente a nuestros vecinos, que no descuide lo comunicacional, sino que también para hacer una revisión de lo realizado hasta ahora. Aún estamos en plazo para retomar el tiempo perdido, hacer las tareas pendientes, asumir la iniciativa con sentido de urgencia -y con recursos- y poner este tema entre las principales prioridades de nuestra Cancillería. De lo contrario, no nos daremos ni cuenta y estaremos de pie ante un jurado internacional, no solo litigando sobre este asunto, sino que también sobre la delimitación pendiente en Campos de Hielo Sur.

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