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Publicado el 10 de junio, 2020

Francisco Orrego: Intolerancia al webineo

El webineo, en general, consiste en un “tipo de conferencia, taller o seminario que se transmite por la web o internet. La característica principal es la interactividad que se produce entre los participantes y el conferenciante”, según se lee en la web.

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Si no tiene sentido del humor, mejor no lea esta columna. Se la voy a dedicar al webineo, que es una expresión que proviene del webeo, término muy en boga en la actualidad digital. El webineo, en general, consiste en un “tipo de conferencia, taller o seminario que se transmite por la web o internet. La característica principal es la interactividad que se produce entre los participantes y el conferenciante”, según se lee en la web. Se lo explico en fácil. ¿Se acuerda de la videoconferencia entre el compañero Alberto Fernández y sus socios chilenos? Bueno, eso es un webineo. Cuando un grupo de personas de la izquierda progresista se juntan a webear.

El webineo ha sido una herramienta de gran control sanitario en el mundo político. Hace poco un senador de izquierda, fanático de Red Hot Chili Peppers, fue descubierto en pleno acto de aseo personal. A diferencia de una senadora de derecha que fue sorprendida en su cama bebiendo una copa de vino, el “buqué” o aroma del senador bilingüe no se apreciaba muy atractivo. Al menos, le sirvió para fijarse el pelo, el muy fino. Advirtamos, pues, que el webineo se puede convertir en un arma de destrucción masiva en el mundo político. Por ello, les sugiero a los políticos que paren el webineo. Les puede costar muy caro. Aunque, siendo francos, a nuestro país le sale mas caro tener políticos que se dedican al webineo. Y no me refiero solo a los que aparecen en videoconferencias, sino que también a los que tienen un deficiente desempeño legislativo. Como puede verse, el webineo no es patrimonio de izquierdas o derechas. Webineros hay en todos lados.

Siempre en el plano político, no puedo omitir una mención al webineo legislativo que hemos observado en los últimos meses. Me refiero a las mociones parlamentarias para derogar, estatizar y nacionalizar cuanto se les cruza por delante. Perderíamos tiempo y plata con organizar un webinar sobre el respeto a la Constitución vigente. Además de asegurarnos una baja asistencia, no llegaríamos muy lejos, salvo que lo hiciéramos con la Presidenta del Senado como invitada estelar. Ella, que juró respetar la Constitución, se autodenominó como la profanadora de la Carta Fundamental. “Prefiero cometer una sacrilegio con la Constitución y ser destituida”, declaró, sabiendo que no lo será porque no existe esa causal de cesación. Evidente es su intención de ser nominada -merecidamente- como la senadora webinera del año. Aunque den ganas de reírse, lo declarado es grave, muy grave.

Por otra parte, la tentación por el populismo -de izquierdas y derechas-, lleva a muchos parlamentarios a legislar irresponsablemente para la galería, aunque virtual, ya que en el Congreso penan las ánimas. La prohibición de distribuir dividendos, la idea de rescatar grandes empresas vía capital, el impuesto patrimonial, el perdonazo del CAE y el congelamiento de deudas, solo reflejan que el rating de “likes” o “me gusta” en las redes sociales puede más a la hora de legislar y elaborar políticas publicas. Pero debo admitir que no todo es malo en el mundo virtual. El término del webeo de la reelección indefinida de los parlamentarios es una gran noticia. Se acabaron los senadores y diputados vitalicios. Para celebrar, podríamos organizar un webinar clandestino, con DJ y todo.

Adelanto que el webineo no es algo exclusivo de los políticos. Es un virus que se contagiado también a otros actores. Los medios televisivos tradicionales y sus rostros han abusado de esta modalidad. A estas alturas no tiene mucho sentido detenerse a analizarlos. Ya les tiró las orejas la Presidenta del Consejo de Ética de los Medios de Comunicación. Solo resta enviarles el pésame frente a un proceso de extinción natural. Los medios web los tienen en la lona. Se les está acabando el webineo. Sin embargo, donde el webineo ha adquirido enorme importancia es en la educación escolar y universitaria, aunque su calidad deja mucho que desear hasta ahora. Algunos profesores webineros han hecho del webinar un arma letal en contra de sus alumnos y se les ha pasado la mano, aunque no al estilo analgésico del senador aludido. De mal gusto y falta de caridad y sentido común.

Los encargados de mantener la seguridad ciudadana, de perseguir a los responsables de delitos y de aplicar justicia, también se encuentran afectados por el virus del webineo. El reciente caso del vecino de Concón asesinado trágica y alevosamente por un sicario dejó al desnudo la incapacidad del Estado para asegurarnos vivir en paz y tranquilidad. Pero aún. Nos revela que ante el Estado y sus instituciones, los ciudadanos víctimas de un delito no encuentran una respuesta oportuna ni justa. Ejemplos abundan. Por ello, mi consejo es simple: que se dediquen menos al webineo y más a impartir justicia. ¿Será mucho pedir a nuestras autoridades?

El webineo tampoco es algo exclusivo de los chilenos. Somos testigos cómo el Gobierno de Alberto Fernández también se ha dedicado al webineo en el ultimo tiempo. Los kirchneristas tienen una manía con agarrar para el webineo a los chilenos en asuntos bilaterales y limítrofes. Pero más grave es su declarada obsesión por estatizar y expropiar empresas privadas. Bajo el gobierno de la Señora K, pagaron el pato las empresas YPF y Aerolíneas Argentinas. Hoy, en cambio, es su sucesor, Alberto Fernandez de K, quien las arremete en contra de Vicenti, una de las mayores agroexportadoras de Argentina, procediendo a su intervención y expropiación bajo el falso pretexto de rescatarla. El webeo expropiatorio se consolida, bajo los kirchneristas, como práctica institucional. ¿Sorpresivo? Ni tanto. Mientras en Chile sus aliados progresistas -con el ingenuo apoyo de algunos en la derecha- siguen promoviendo el webeo del rescate a las grandes empresas mediante su estatización, dejando en evidencia que el virus del webineo cruzó la Cordillera de Los Andes. Aclaro -para que no quede duda- que soy un fanático de Argentina y de su gente. También de su sentido del humor.

Admito que ser bueno o tener inclinación por el webineo es un asunto personal. Allá ustedes si quieren seguir webineando eternamente. Lo que es yo, me declaro intolerante al webineo. Confieso, eso sí, que a veces no me aguanto y me dejo llevar por la corriente.

“Lo que yo quiero es hacer reír a la gente, de modo que vean las cosas seriamente”, decía William Zinsser. Me sumo. ¡Viva el webeo!

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