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Publicado el 01 de marzo, 2020

Francisco Orrego: Imprudencia constitucional (Epílogo): El silencio de los inocentes

En las últimas semanas, a través de una trilogía de columnas, he abordado las principales “cuchufletas” y mitos que la izquierda chilena ha creado y difundido -a cuenta gotas- para justificar una nueva Constitución. No he tenido que recurrir a descalificaciones ni a amenazas -tan propio de aquellos más intolerantes-, ni tampoco desconozco la necesidad de realizar perfeccionamientos a la Constitución de 1980. Espero haber desenmascarado esas “cuchufletas” con respeto, argumentos y algo de fina ironía. A modo de epílogo, le extiendo humildemente a esos millones de chilenos inocentes -que aguardan en silencio la llegada del plebiscito- una última invitación.

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Tal como comenté en mi columna anterior, desistí de fundar un nuevo partido político bajo el nombre de “No + Cuchufletas”. Quizás por el temor a hacer el ridículo como el Sr. James Hamilton o bien desalentado por la poca fortuna de la familia Orrego en elecciones populares. Pero esta columna no se trata de mi familia; se trata de las familias de todos los chilenos, esas mismas familias inocentes que mañana, a lo largo de todo el país, darán inicio a meses de alta incertidumbre para su futuro. El plebiscito del 26 de abril está a la vuelta de la esquina y las campañas a favor de una y otra opción nos inundarán de información. Pero, desgraciadamente, no la más relevante ni útil para tomar una decisión libre, responsable e informada.

Es así, como a través de este medio, en las últimas semanas, a través de una trilogía de columnas, he abordado las principales “cuchufletas” y mitos que la izquierda chilena ha creado y difundido -a cuenta gotas- para justificar una nueva Constitución. No he tenido que recurrir a descalificaciones ni a amenazas -tan propio de aquellos más intolerantes-, ni tampoco desconozco la necesidad de realizar perfeccionamientos a la Constitución de 1980. Espero haber desenmascarado esas “cuchufletas” con respeto, argumentos y algo de fina ironía.

A modo de epílogo, le extiendo humildemente a esos millones de chilenos inocentes -que aguardan en silencio la llegada del plebiscito- una última invitación para que a partir de marzo:

Reafirmemos con fuerza y convicción nuestro compromiso con la defensa y protección de la persona humana y la familia, con la democracia representativa y el Estado de Derecho, con los tres poderes del Estado independientes, con un régimen de gobierno presidencial, con un Estado subsidiario (activo y pasivo), con la libertad individual, con la igualdad de oportunidades, con el derecho de propiedad, con la probidad y transparencia y con la regionalización;

Erradiquemos sin debilidad la violencia y el enfrentamiento entre los chilenos, restablezcamos con firmeza el orden y la paz, y fomentemos el diálogo y el entendimiento como expresión de una democracia madura, donde las funas y amenazas no tengan cabida entre quienes abrazan la libertad y la tolerancia;

Caminemos juntos hacia el futuro, hacia un Chile más inclusivo, digno y sostenible, sin olvidar ni menospreciar nuestro pasado y sin echar por la borda todo lo que hemos construido y progresado estos últimos 30 años, reconociendo que aún queda mucho por avanzar en términos de mayor igualdad entre los chilenos; olvidémonos de la “hoja en blanco” y del ánimo refundacional, tan nefastos como innecesarios;

Honremos dignamente a nuestros héroes patrios y a nuestra historia, raíces, tradiciones y valores, recuperemos el orgullo de ser auténticos patriotas y formemos ciudadanos líderes, respetuosos y responsables con el país y sus instituciones, con el cumplimiento de la ley, con el medio ambiente y la educación cívica;

Abramos los ojos y no nos dejemos engañar o embaucar por falsos mitos o ”cuchufletas” con los que la izquierda pretende imponernos un nuevo modelo de sociedad y de Constitución, donde lo central sea el Estado y no las personas;

Zafemos a Chile del populismo y del totalitarismo, aislemos con decisión a aquellos que no creen en la democracia y rechacemos con dureza a quienes propician o validan la violencia como método de acción política; y

Optemos, en consecuencia, por el camino más corto, seguro y estable para Chile en abril próximo, en lugar de embarcarnos imprudentemente en un proceso tan largo como incierto como es el caso de una nueva Constitución.

 

Aunque los postulados anteriores podrían servir perfectamente como Declaración de Principios para un nuevo referente político, no insistiré en tal idea. ¡A partir de hoy este movimiento unipersonal queda disuelto!.

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