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Publicado el 01 de abril, 2020

Francisco Orrego: De lo mínimo y de lo máximo en esta crisis

Esta crisis ha dejado en evidencia que nuestro concepto de ídolo o héroe ha cambiado para bien, premiándose el esfuerzo, generosidad y solidaridad por sobre otros valores más mundanos.

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Estimado lector, está dispensado de levantarse de su butaca. En esta oportunidad, no le comentaré sobre las películas de terror o de ficción que me he pasado estos últimos días. No quiero estremecerlo más de la cuenta. Las voy a dejar pendientes para otra ocasión más propicia. Hoy estamos en medio de una trágica historia que se ha ido construyendo por capítulos. Un primer capítulo: los movimientos sociales que se desataron el 18-O pasado, generando una grave crisis política-institucional; un segundo capítulo: la terrible crisis sanitaria que golpea a Chile y el mundo con ocasión de la pandemia del Covid-19; y un tercer capítulo: la aguda crisis económica-social que se empezó a incubar en los primeros dos capítulos y que nos acompañará por un buen tiempo. Ya habrá tiempo para ponerle un título y un final a este drama.

Todos tenemos historias personales que contar sobre alguno de los capítulos anteriores. Algún día le contaré la mía. Por ahora quiero compartir algunas reflexiones sobre la actitud que han tenido diferentes personajes durante el desarrollo de los últimos acontecimientos. Algunos han estado a la altura y otros, en cambio, siguen en deuda. Entre estos últimos, me quiero centrar en dos: los políticos y los medios de comunicación. Pero no cualquier político, sino que los parlamentarios (y de oposición en particular). Y no de cualquier medio de comunicación, sino que especialmente la televisión abierta. Ellos son los grandes perdedores en esta historia. Ellos han dado lo mínimo y así los juzgará la historia -y no solo las encuestas de popularidad-. En ellos ha campeado la mediocridad, la inmadurez, la pequeñez, la irresponsabilidad, y así podría seguir enumerando. Comparten, asimismo, el grave defecto de moverse en base a encuestas o “rating”, lo que implica desplegar todo el populismo -los políticos- y el sensacionalismo -la televisión- para captar audiencias sin medir ni ponderar los alcances ni responsabilidad de sus acciones. No han podido dar con el tono, ni sintonizar y menos empatizar con la realidad y sentimientos de millones de chilenos, lo que los ha llevado a ser parte del problema y no de la solución. Están lejos de haber sido auténticos patriotas.

Afortunadamente, esta historia también tiene triunfadores. No estoy hablando de héroes de capa y espada, sino que de millones de chilenos comunes y corrientes, aunque excepcionales. Son los chilenos de la primera línea, aquellos que no han dudado en dejar atrás familia y comodidades para ponerse la camiseta de Chile y salir en ayuda de otros compatriotas. Ya sabe, estimado lector, a quiénes me refiero. Nuestras Fuerzas Armadas, Carabineros, profesionales y funcionarios de la salud, bomberos, brigadistas forestales, recolectores de basura, cajeros, voluntarios, entre otros chilenos ejemplares, han pasado merecidamente a la primera línea, desplazando a futbolistas, rostros y otros personajes de la farándula local. Esta crisis ha dejado en evidencia que nuestro concepto de ídolo o héroe ha cambiado para bien, premiándose el esfuerzo, generosidad y solidaridad por sobre otros valores más mundanos. Ellos se han dado al máximo y han estado a la altura de las circunstancias y más. Sus historias son inspiradoras y bien valdría la pena recogerlas -en un vídeo- como testimonios de compatriotas responsables. Dejo formulado el encargo. Espero que alguien recoja el guante.

También merece un especial reconocimiento el Gobierno de Chile, que ha abordado el segundo capítulo de esta historia con mucha diligencia, profesionalismo y-sobre todo-  realismo. Las autoridades del Ministerio de Salud, con el apoyo progresivo del gremio respectivo, ha tomado un adecuado y eficiente monitoreo y control de la crisis sanitaria. Aun cuando han surgido voces críticas desde algunos sectores (las que nunca van a faltar en caso de crisis), el desempeño del Ejecutivo y las medidas sanitarias y de seguridad y orden público que ha adoptado a la fecha empiezan a ser reconocidas y agradecidas por los chilenos. A propósito de orden público, un aspecto interesante que podría evaluarse -y eventualmente replicarse- en nuestro país dice relación con la decisión reciente del gobierno de Perú de eximir de responsabilidad penal y de otorgar asesoría legal gratuita a sus militares y policías que lesionen o maten a personas, en legítima defensa, mientras patrullan las calles para hacer cumplir la cuarentena obligatoria por el coronavirus. ¿Cómo andaríamos por casa con algo así? Aunque para algunos lectores esta medida puede resultarle algo difícil de digerir, sería una evidente muestra de determinación y coraje del Ejecutivo frente a la discusión nacional acerca de la efectividad de las Reglas de Uso de la Fuerza de la Fuerza en Estados de Excepción Constitucional (RUF). El uso de la fuerza en estas circunstancias tan extraordinarias no debería ser vista como una excepción arbitraria o injustificada a una política de respeto de los derechos humanos. Si usted es un lector influyente, pase el dato y juéguesela.

Estimado lector, concluyo esta columna invitándolo a reflexionar. ¿Tiene usted bien puesta la camiseta por nuestra patria? ¿Usted forma parte de los que están en el mínimo o en el maximo en esta historia aún en desarrollo? Tranquilein John Wayne. No hay necesidad de mortificarse o autoflagelarse. Lo importante es ser honesto. Aquí no tiene que engañar a nadie. Solo estamos usted y yo. ¿Qué podemos hacer? Hay varias maneras de ser un ciudadano responsable, un chileno patriota y de corazón. Una de ellas es muy simple pero profunda: dar gracias a todos esos chilenos valientes, generosos y solidarios que están dando el máximo por usted y sus familias. ¿Cómo hacerlo si estoy en cuarentena? Bueno, despliegue la bandera chilena en algún lugar visible de su casa. Será el mejor homenaje para todos ellos. También servirá para despedir con todos los honores a aquellos chilenos que quedarán en el camino como víctimas anónimas de la tragedia. Nobleza obliga. ¿Quién se anima?

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