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Publicado el 25 noviembre, 2020

Francisco Orrego: ¿Cuál es el nombre de la película?

Cambiar las reglas del juego después de haberlas aprobado, se llama trampa. Así de simple. ¿A alguien le importa?

 

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Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa”. Enrique Jardiel Poncela

¡Luz, cámara y … acción! Después de soñar durante años que algún día iba a dirigir mi propio cortometraje de bajo presupuesto, comienzo a rodar la película más costosa del año. Sentado en mi silla de lona que dice “Director”, me apresto a dar las instrucciones a través del megáfono tipo “cucurucho”, tan propio de Hollywood. Me siento cada vez más cerca de las estrellas y de la estatuilla de los Oscares. No puedo ocultar mi emoción.

Después de buscar y seleccionar al elenco de actores, incluyendo extras y dobles, al poco tiempo me formaron un sindicato. Su primera tarea fue buscar alianzas comerciales y gift cards con Hugo Boss, Gucci, Prada, Louis Vuitton, Polo, Armani, La Martina, Rolex, entre otras, para ser embajadores de las marcas de lujo. Por razones que desconozco, se peleaban las poleras con imágenes del Ché, Chávez, Lula y Néstor. Algo olía mal.

A continuación, no satisfechos con lo anterior, me plantearon jornadas de 40 horas semanales y vales de bencina para sus 4×4. De nada sirvió mi insinuación de ir a los tribunales laborales para disuadirlos de tan mala idea. Me amenazaron derechamente con irse a una huelga indefinida o demandarme ante la Corte Interamericana de DDHH si no cedía a sus peticiones. Entre otras, cambiar el guion de mi obra magna, por su propio libreto. De pronto, sentí que el sueño de convertirme en Tarantino se desvanecía.

Como telón de fondo, me plantearon una escenografía que simula el salón plenario del politburó o comisión política del Comité Central del Partido Comunista de Chile, armado especialmente para esta ocasión en el Country & Golf “Las Brisas del Estallido Social”, de Vitacura. A estas alturas, poco quedaba ya de mi sueño hollywoodense. Como mucho, proyectarla en el cine del barrio era mi última opción.

El Sindicato procedió, a renglón seguido, a leerme su guion:

Primer acto: Bajo el título “El comienzo del parlamentarismo de facto”, el sindicato propone que este acto esté destinado a relevar la primera moción, en la historia constitucional chilena, que se presenta con el objeto de que el Congreso Nacional declare la nulidad de una ley (de Pesca, en este caso), siendo que solo tiene atribuciones para dictar, modificar y derogar leyes. Solo el Tribunal Constitucional puede decretar la inconstitucionalidad de una ley, por una causal bien específica. Se busca erosionar el Estado de Derecho.

Segundo acto: Bajo el título “Desmantelemos el sistema de pensiones”, se busca -en este acto- resaltar el proyecto de reforma constitucional para eliminar el sistema de AFP y crear una entidad estatal que administre los fondos, a través de la derogación del DL 3.500 y la nacionalización de los fondos de pensiones. Se pretende, así, seguir el modelo argentino para echarle mano a los fondos previsionales y estatizar el sistema de pensiones, sin pago de indemnización alguna para los cotizantes.

Antes que siguieran con el temido relato, les pedí un breve receso. Mientras me tomaba un tranquilizante para bajar la presión, recordé la frase de Groucho Marx: “He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso”. Y continuaron:

Tercer acto: Bajo el título “Bienvenidos los resquicios constitucionales”, el tercer acto persigue explicarnos que se puede modificar la Constitución a través de mociones parlamentarias que introducen artículos transitorios, pues así se puede legislar en materias que el texto constitucional reserva en forma exclusiva al Ejecutivo. Es el caso de los retiros de los fondos previsionales y la aplicación de un impuesto a la riqueza. Se busca reeditar las malas prácticas del gobierno de la Unidad Popular.

Cuarto acto: Bajo el título “Cambiemos las reglas de juego”, este acto resalta el interés de alterar las normas sometidas a consulta ciudadana, de manera de aumentar el número de integrantes de la convención constitucional (155) y el quórum de funcionamiento y aprobación (2/3). Se persigue dinamitar el proceso constituyente.

Cuando iban a leerme el quinto y último acto, que trataría sobre una reforma constitucional para adelantar el término del mandato del Presidente, los paré en seco y golpeé la mesa, al mas puro estilo y audacia del gobierno. Ante la serie sucesiva de cuchufletas, triquiñuelas y actos tramposos, decidí sumarme a la misma estrategia y contraatacar con mi propio guion, con la amenaza de recurrir al Tribunal Constitucional, aunque fuera tardío, o de aplicar un veto, a riesgo de que no me creyeran:

Mi quinto acto: Bajo el título “El regreso de la Constitución de 2005”, busco promover un proyecto de reforma constitucional, para reemplazar la pregunta sometida a plebiscito “¿Quiere usted una Nueva Constitución?”, por “¿Quiere usted mantener la actual Constitución”?, con el objeto de legitimar el texto constitucional vigente, alterando la voluntad ciudadana, manifestada por amplia mayoría en el plebiscito, a través de una simple reforma. Seguro que lo encontrarían, a lo menos, tramposo. Cambiar las reglas del juego después de haberlas aprobado, se llama trampa. Así de simple. ¿A alguien le importa?

A estas alturas no se atreva a preguntarme por el nombre de la película. Poco importa. Se lo dejo a su entera imaginación pero le doy una pista: el sindicato está formado principalmente por actores del PC y el Frente Amplio y no conocen la buena fe. Si aún no se le ocurre un nombre, mejor tómese un whiskey doble y vea la película “Tramposos o “La Cornisa”, mientras yo depongo mi faceta de director del séptimo arte. ¡Fue mi debut y despedida en la pantalla grande!

@forregob

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