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Publicado el 30 diciembre, 2020

Francisco Orrego: Balance del 2020: Luces y sombras

Me pareció apropiado realizar un balance de los aspectos más destacados del año en diversos ámbitos. Son las luces y sombras de uno de los períodos más complejos, duros y tristes que recordemos, donde hemos debido enfrentar un escenario político, social, sanitario y económico, que -a ratos- nos ha parecido tan vertiginoso como una montaña rusa (…) Es de esperar que el próximo año, a la hora de los balances, podamos exhibir -con humildad- que hemos aprendido las lecciones que nos dejó este 2020.

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“En un mundo de luces y sombras, todos, cada uno de nosotros, debía encontrar su propio camino” (Carlos Ruiz Zafón)

Siendo esta mi ultima columna de este convulsionado 2020, me pareció apropiado realizar un balance de los aspectos más destacados del año en diversos ámbitos. Son las luces y sombras de uno de los períodos más complejos, duros y tristes que recordemos, donde hemos debido enfrentar un escenario político, social, sanitario y económico, que -a ratos- nos ha parecido tan vertiginoso como una montaña rusa. Hacer balances a fin de año suele llenar de frustración a muchas personas, sobre todo cuando los objetivos que no se cumplieron.

En el plano político, el 2020 será un año para olvidar. El surgimiento de un “parlamentarismo de facto”, que se tradujo en una verdadera chacota legislativa, puso en jaque la institucionalidad y el Estado de Derecho. Transformándose en una sombra fantasmagórica, este abuso del derecho nos hizo recordar viejas prácticas de la época del gobierno de la Unidad Popular. Los resquicios, fraudes o cuchufletas constitucionales estuvieron a la orden del día, pero el reciente fallo del Tribunal Constitucional vendrá a poner coto a estas nefastas prácticas. Junto a ello, el uso abusivo de las acusaciones constitucionales y el obstruccionismo legislativo, han hecho del congreso y de los parlamentarios, una de las instituciones peor evaluadas por la ciudadanía.

Por otra parte, y más allá de su dudoso origen y de la polarización que produjo el plebiscito del 25 de octubre -como instancia de entrada al proceso constituyente-, este evento electoral es uno de los aspectos positivos del año que no podemos ignorar. La jornada electoral se vivió con tranquilidad y existió una alta participación ciudadana. Aunque algunos como yo favorecimos entusiastamente la opción perdedora, debemos ver en el próximo trabajo constituyente una oportunidad y espacio para mejorar la actual Constitución, más que partir de una hoja en blanco.

En el ámbito económico, los esfuerzos de las autoridades tuvieron sus aciertos y errores. Entre los primeros, cabe destacar muy especialmente el tremendo esfuerzo de ayuda fiscal en beneficio de todas las personas afectadas por la crisis sanitaria y económica, aspecto que fue recientemente destacado por el FMI. Han sido más de US$20,6  mil millones, que representan un 8,4% del PIB, superando a todos los países de la región, Dicho monto es similar al de países como Alemania (8,3%) o Austria (8,5%) y se compara favorablemente con una serie de países desarrollados. Aunque el Ministro de Hacienda hizo una mea culpa por la tardanza en llegar con la ayuda, ello no obsta al reconocimiento de los chilenos por el amplio despliegue y tamaño esfuerzo del Ejecutivo. 

Pero hasta ahí no más podemos celebrar. En efecto, la tardía y vacilante reacción de las autoridades frente al proyecto de reforma constitucional que aprobó el primer retiro de los fondos previsionales, por amplia mayoría en el parlamento y bajo un mecanismo de elusión constitucional, fue duro un golpe al sistema previsional chileno como pilar de su modelo económico. Lo cuestionable del proceso, al margen de sus aspectos jurídicos, es que se recurrió, desoyendo toda la evidencia y opiniones técnicas, a una política pública nefasta que causará un severos daños a las pensiones futuras de millones de chilenos que se quedaron sin ahorros para la vejez. Fue el triunfo del populismo por sobre la responsabilidad.

En el campo social, finalizamos el año con una formidable noticia, que nos abre una luz de esperanza. La llegada de las primeras vacunas para enfrentar el Covid-19, así como el esfuerzo del gobierno por anticiparse y acordar el suministro de vacunas para millones de compatriotas, debe ser aplaudido por todos los chilenos, sin excepción. Con ello, nuestro país se ha convertido en el primer país de la región en iniciar un proceso masivo de vacunación, lo que se debe a la adecuada planificación y eficiente coordinación de las autoridades de salud y de RREE con los proveedores extranjeros. Ante el exitoso resultado, solo cabe una reverencia.

Sin embargo, durante un año marcado por la convulsión social, el talón de Aquiles del gobierno fue el control del orden público. A la inusitada violencia y destrucción en las manifestaciones callejeras, se suma una incapacidad operativa de nuestras policías y un tímido respaldo del Ejecutivo, lo que hizo aumentar la sensación de inseguridad en el país. Si a ello se agrega la moción de senadores de oposición para indultar a los delincuentes comunes responsables de la violencia (bajo la falsa nomenclatura de “presos políticos”), la sensación de desprecio por el Estado de Derecho y la independencia del Poder Judicial, ponen una nota sombría sobre los niveles de compromiso de nuestras autoridades con el orden público y la paz social.

He dejado el balance del área internacional para el final. Entre los aciertos del año quisiera destacar dos. En primer lugar, la no suscripción del Acuerdo de Escazú, por poderosas razones jurídicas, reafirma que tratándose de los intereses nacionales, la decisión del gobierno fue correcta. Se trataba de un convenio internacional inconveniente para nuestro país. En segundo lugar, destacaría la promulgación del nuevo Estatuto Antártico Chileno, que viene a reafirmar la soberanía nacional sobre el territorio antártico, incluyendo su plataforma continental extendida. Dicho estatuto contribuye a reafirmar nuestros títulos jurídicos sobre el continente blanco.

Entre los desaciertos de nuestro país en el ámbito de la política exterior, también se distinguen claramente dos. Por una parte, los avances en las pretensiones del gobierno argentino por extender su plataforma continental en el Mar Austral y Antártica, dejaron al desnudo el descuido y pasividad de nuestros gobiernos por reafirmar los derechos soberanos nacionales en el área. Aún seguimos al debe en esta materia. Por otro lado, el prematuro apoyo chileno al candidato argentino a la presidencia del BID, fue otro paso en falso de nuestras autoridades. Se privilegió sumarse a las voces cantantes de ciertos sectores vinculados al Grupo de Puebla y congraciarnos con algunos sectores de la oposición local, quedando en una una incómoda situación a nivel regional.

El año 2021 se viene cargado de desafíos en un contexto político y económico de evidente incertidumbre para el país. No solo habrá que estar atento a las señales de recuperación de la economía mundial y local, sino que muy especialmente del desarrollo del proceso constituyente, fuertemente influenciado por un intenso y convulsionado calendario electoral. “Para empezar a resolver algunos de los problemas más graves del mundo, nosotros también debemos elevar nuestra mirada hacia arriba, mientras inclinamos la cabeza con humildad”, nos recuerda Václav Havel. Es de esperar que el próximo año, a la hora de los balances, podamos exhibir -con humildad- que hemos aprendido las lecciones que nos dejó este 2020.

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