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Publicado el 01 de octubre, 2018

Francisco Javier Urbina: ¿Hacia dónde va la historia? Sobre el “Aquarius”

Doctor en Derecho por la Universidad de Oxford y Profesor de Derecho Público en la Pontificia Universidad Católica de Chile Francisco Javier Urbina
Hace unos pocos años la historia parecía avanzar hacia fronteras abiertas y fuerte integración... hasta que dejó de hacerlo. Hoy, acoger unas decenas de refugiados es un asunto que exige de una delicada operación diplomática y el concurso de varios estados.
Francisco Javier Urbina Doctor en Derecho por la Universidad de Oxford y Profesor de Derecho Público en la Pontificia Universidad Católica de Chile
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A fines de los 60 la canción “Aquarius” arrasaba en las radios con una letra que hablaba de una época por venir, cuando cierta alineación planetaria diera lugar a la era de Acuario, un período de comprensión y armonía. Pero, claro, la historia no se mueve así. No sigue el guión implacable y predecible de los astros. Por cierto, políticamente es un argumento usual y a ratos efectivo afirmar que las posiciones propias están en consonancia con la dirección de la historia. Pero estos juicios se aprovechan de nuestra poca perspectiva.

 

La historia no avanza ni remotamente en una sola dirección. Si en los 70 podría parecer que el mundo avanzaba hacia el comunismo, en los 90 llegábamos a lo que Fukuyama llamó el fin de la historia: el triunfo del capitalismo y la democracia. La historia se movería una vez más al llegar el nuevo milenio, con el atentado a las Torres Gemelas.

 

Eso en el tiempo. En el espacio, “la historia” avanza en direcciones diversas en distintos lugares. En Chile parece moverse momentáneamente hacia una mayor presencia del Estado, más secularización y progresismo sexual (estas cosas tienden a ir juntas). En Estados Unidos parece tomar fuerza la idea de un mayor proteccionismo y una vuelta del péndulo contra lo políticamente correcto. En Polonia, Hungría y Rusia la historia parece ir en la dirección de un rechazo al liberalismo en distintas formas y un auge del lenguaje o valores morales cristianos en sede política.

 

Interesante lo que ocurre en Europa occidental. Ahí sí es la era de Aquarius. No de la canción, sino del barco Aquarius que transporta a quienes vienen cruzando el Mediterráneo desde la costa de Libia hacia Europa, muchas veces en condiciones dramáticas. Ya en junio el Primer Ministro italiano Matteo Salvini, predeciblemente, le había negado el permiso para atracar en Italia. Ahora, a fines de septiembre, el barco pidió desembarcar con unos sesenta inmigrantes en Marsella, Francia. El asunto era delicado para el gobierno francés. Desde un punto de vista político ocurría a meses de las elecciones para el Parlamento Europeo (primer examen electoral del gobierno), en las que la inmigración es un tema relevante. Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, el presidente Macron ha insistido en que los países europeos son capaces de encontrar soluciones multilaterales realistas, actuando conjuntamente con respeto a las reglas internacionales (tanto por convicción, como para demostrar que Europa sí puede abordar los desafíos del momento). El resultado fue consistente con esta visión: el barco atracó en Malta pero los deberes humanitarios con los inmigrantes serán asumidos por Francia, Alemania, Portugal y España.

 

Qué contraste. Hace unos pocos años la historia parecía avanzar hacia fronteras abiertas y fuerte integración… hasta que dejó de hacerlo. Hoy, acoger unas decenas de refugiados es un asunto que exige de una delicada operación diplomática y el concurso de varios estados. Esto muestra cuán contingente es todo. En política no hay avances inexorables ni destinos finales. Lo demás es astrología.

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