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Publicado el 10 de abril, 2020

Francisca Dussaillant: Sobre mascarillas y paracaídas: Los errores de la OMS

La mejor opción en el caso de las mascarillas, entonces, estuvo siempre clara. Pero la OMS se demoró más de dos meses en reaccionar. ¿Cuál va a ser el costo en vidas del error del organismo internacional?

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Uso de paracaídas para prevenir la muerte y el trauma mayor relacionado con el desafío gravitacional: revisión sistemática de ensayos controlados aleatorios”. Así se llama un estudio clásico que expone la falta de evidencia científica sobre la efectividad de los paracaídas para proteger la vida de personas en caída libre. No hay experimentos controlados sobre este tema, naturalmente, porque para hacerlos se requeriría de voluntarios para caídas libres sin paracaídas (el grupo de control). Por lo tanto, no podemos recomendar su uso, dirían los radicales de las intervenciones basadas en la evidencia. Eso es lo que los autores del documento denuncian como un error cuasi delictual de algunos pseudo-científicos. Error que vino a repetir la OMS con la polémica de las mascarillas, entre otras políticas que se ha negado a promover, basándose en el argumento falaz de la falta de evidencia. Porque todos los mortales sabemos que ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia (de algún efecto deseado).

La crisis que estamos viviendo es inédita. Son muy pocos lo que recuerdan haber navegado una pandemia en sus años de vida, ninguno lo ha hecho en una expandiéndose en un mundo con el nivel de globalización del actual. El desafío de los gobiernos es proteger a sus ciudadanos y minimizar los decesos, a través de políticas y mecanismos recomendados por quienes se supone saben de estos temas. Pero incluso los expertos navegan en aguas desconocidas: el virus es nuevo, no conocemos su tasa de contagio, su tasa de letalidad, los niveles de inmunidad adquiridos por quienes superan la enfermedad o las secuelas de éstos. No tenemos vacuna ni medicamentos de probada eficacia contra la enfermedad. Tomar decisiones con ese nivel de incertidumbre es algo que, a quienes están acostumbrados a modelar escenarios con parámetros conocidos, cómodamente desde sus escritorios, les incomoda de sobremanera. Enfrentar una pandemia requiere de coraje para tomar decisiones en base a información incompleta, reconociendo que no sabemos con certeza los efectos de las políticas que se vayan implementando.

La vida está llena de momentos en los que tenemos que decidir en ausencia de información tan sofisticada.

Pero el mundo siempre ha sido así. Las decisiones que tomamos todo el tiempo las tomamos sin conocer en detalle sus consecuencias. Los que creyeron que no era así, se equivocan profundamente. Son muy pocas las áreas de la ciencia y de las ciencias sociales en las que el conocimiento es suficientemente sólido como para asegurarnos total certeza a la hora de reaccionar. La información que nos entrega la ciencia reduce dicha incertidumbre y es así como un médico nos puede dar una probabilidad de reaccionar positivamente a un medicamento contra el cáncer, luego de leer los estudios “doble ciego” que sobre aquél se realizaron. Sin embargo, la vida está llena de momentos en los que tenemos que decidir en ausencia de información tan sofisticada. Es allí donde los expertos a veces fallan. La ausencia de información es solo eso: ausencia de información. No es evidencia sobre la ausencia de un efecto.

El estudio sobre paracaídas concluye con sarcasmo: “Creemos que todos podrían beneficiarse si los protagonistas más radicales de la medicina basada en la evidencia organizaran y participaran en un ensayo doble ciego, cruzado, aleatorizado y controlado con placebo, del paracaídas”. En efecto, ojalá dichos radicales, que recomiendan en contextos de crisis como el actual no implementar ninguna política sin antes haberla testeado, caigan presa de sus propios errores. Y el error de estos radicales es que parecen suponer que cualquier efecto que no está comprobado, no existe. Error catastrófico porque en contextos de incertidumbre como los actuales la inmovilidad puede ser muy dañina. La toma de decisiones bajo incertidumbre es una área que también ha sido estudiada y que promueve otro tipo de análisis y metodologías. Estos métodos debieran ser conocidos por todo quien realiza recomendaciones de política pública, sobre todo por quienes están más cerca de los tomadores de decisión.

A través de sus comunicados la OMS cargó un enorme riesgo sobre los ciudadanos comunes, que son los que se contagian y mueren, en última instancia,

Toda decisión basada en datos inciertos tiene dos resultados potenciales: puede ser que la decisión se haya tomado en base a una hipótesis correcta o puede ser que ésta se haya tomado en base a una hipótesis incorrecta. Al momento de tomar la decisión, debemos cuantificar sus efectos para ambos casos y compararlos con los potenciales resultados que se obtendrían de tomarse la decisión contraria. ¿Cómo son los resultados potenciales si decido imponer, por ejemplo, el uso obligatorio de mascarillas? ¿Cómo son si decido no imponer esta política? Tengo que evaluar, para cada escenario, la relación entre su upside (¿qué gano si impongo mascarillas y éstas son útiles?) y su downside (¿qué pierdo si impongo mascarillas y éstas no sirven?). Y ese mismo análisis lo debo hacer para el caso en el que decido no imponer el uso de mascarillas. Al comparar escenarios la respuesta sobre qué alternativa de política es la más conveniente muchas veces será evidente. Y les doy un clave: en contextos de alta incertidumbre como el actual, muchas veces errar por el lado del exceso de precaución es menos costoso que errar por el lado de falta de precaución, sobre todo cuando el costo de la “política precavida” es bajo. Porque la potencial ganancia social derivada de una política que impulsa el uso de una mascarilla que resulta disminuir la tasa de contagios, es mucho mayor que la eventual pérdida asociada al uso de una mascarilla que luego descubrimos es inútil. En otras palabras, la política “mascarillas obligatorias” está dominada por su upside, y la política alternativa, “no obligar/desincentivar el uso de mascarillas”, está dominada por su downside.

La mejor opción en el caso de las mascarillas, entonces, estuvo siempre clara. Pero la OMS se demoró más de dos meses en reaccionar. ¿Cuál va a ser el costo en vidas del error del organismo internacional? Es posible que el costo sea altísimo, si las mascarillas resultan ser efectivas, o que no lo sea tanto, si finalmente concluimos que no son efectivas. Solo podremos hacer una evaluación definitiva cuando conozcamos la real efectividad de estos dispositivos, efectividad que actualmente no está clara. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que a través de sus comunicados la OMS cargó un enorme riesgo sobre los ciudadanos comunes, que son los que se contagian y mueren, en última instancia.  ¿Corresponde que un organismo como este traspase a la ciudadanía los costos asociados a la incertidumbre de la pandemia? Siempre entendí que estos organismos existían justamente con el fin opuesto.

La falacia anterior se repite en numerosas ocasiones y para numerosas políticas. Cuando el costo de implementar una política equivocada es bajo y el efecto de no implementarla (siendo esta correcta) es alto, la elección es clara. En contextos de crisis como los que estamos viviendo es criminal dejar de implementar intervenciones de bajo costo que podrían ayudar a contener la epidemia, bajo el argumento de que “todavía no hay evidencia suficiente”. Ya conoceremos los parámetros y podremos proyectar con mayor certitud. Por ahora, mejor ocupémonos en tomar las mejores decisiones reconociendo con humildad que nos movemos en terrenos inciertos. Y en ausencia de evidencia la mejor decisión no es siempre la inmovilidad, sino que, cuando los costos de errar son bajos, corresponde a la opción con más beneficios potenciales.

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