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Publicado el 28 de octubre, 2019

Felipe Schwember: La izquierda irresponsable

Es de esperar, entre otras cosas, que la izquierda moderada espabile porque de lo contrario arriesgamos a entrar en un espiral de polarización, más extremo todavía que el que hoy estamos viviendo.

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Los últimos días han trastornado de un modo impensado el escenario político en Chile. Aunque deslucido, el gobierno del Presidente Sebastián Piñera parecía más o menos encaminado. Había sorteado la acusación constitucional a la ministra de educación, el crecimiento económico daba muestras de una cierta (aunque no muy espectacular) recuperación, y Joaquín Lavín marcaba como uno de los políticos con mejor proyección. La izquierda, por su parte, estaba dividida, dispersa, sin un proyecto alternativo realmente competitivo, y la única gran piedra en el zapato parecía ser el proyecto de las 40 horas, levantado por las diputadas del PC.

Todo eso cambió abruptamente en pocos días, a raíz de la destrucción del metro, los incendios, saqueos y protestas que, en distintas partes del país, han desatado una crisis política de proporciones. De pronto, el gobierno se encuentra arrinconado, desorientado y, podría decirse, al borde de adoptar el proyecto político de la propia oposición.

La izquierda, por su parte, se ha aprovechado del pánico. De hecho, el grueso de la misma —la mayoría del PS, todo el FA y el PC— se ha comportado con una irresponsabilidad que bordea la insurrección: han llamado “desobediencia civil” a la anomia, el desorden y la alteración del orden público; como al parecer los destrozos les han parecido poca cosa, han llamado a no respetar los toques de queda que se han impuesto con el objeto de restaurar el orden público; Boric y Jadue se han dado, además, el lujo de ir a increpar a los militares  como si fueran un peligro para las protestas contra el gobierno.

Como su irresponsabilidad no está desprovista, sin embargo, de astucia, se han arrogado la representación de todos aquellos que protestan y hacen cacerolazos. Han dicho —el PC desde el primer momento— que toda la situación justifica pedir la renuncia del Presidente. De hecho, el FA y el PC parecen empeñados en que ello suceda. Del inefable PC no se puede esperar otra cosa, pues nunca le ha preocupado excesivamente el estado de derecho. Y aunque el FA no ha hecho la misma petición de manera expresa, al menos no se ha opuesto, aplicando el adagio jurídico —que se entiende como expresión de voluntad— “quien calla otorga”. En este contexto, Javiera Parada ha tenido que recordar que la izquierda no debería convertirse en un proyecto golpista, y que debería tener mucho cuidado de no olvidar que el Presidente Piñera fue quien ganó la última elección. Un pequeño detalle.

Es de suponer, no obstante, que pasará un tiempo antes de que el resto del FA caiga en cuenta de que las tentaciones golpistas no son monopolio de la derecha y que ellos —caracterizados por ese adanismo que sería sólo fastidioso y no también peligroso si no se dedicaran a la política— después de todo tal vez pecaron, aunque fuere de pensamiento.

Es de esperar, mientras, que la izquierda moderada se divorcie del FA y el PC —la extrema izquierda—. Es de esperar que esa izquierda pierda el inexplicable complejo que tiene ante jóvenes exaltados y facciosos, que desprecian la economía más elemental, que profesan una versión impracticable de la democracia (asamblearia), y que tienen una concepción tan alta como injustificada de sus propios méritos. Y es de esperar que la izquierda moderada espabile porque, de lo contrario, arriesgamos a entrar en un espiral de polarización, más extremo todavía que el que hoy estamos viviendo.

El gobierno, mientras tanto, haría bien en dejar de sentirse intimidado. Haría bien en recordar que ganó la última elección presidencial para darle continuidad al modelo económico y político, y no para amilanarse ante la primera arremetida seria de la extrema izquierda. Haría bien, por último, en recordar que en un sistema democrático “la calle” no es un canal o instancia de representación. Para todo eso, sin embargo, es necesario que el gobierno, de una buena vez, se deje guiar por los principios a los que supuestamente adhiere en lugar de estar constantemente anticipándose a los resultados de la próxima encuesta de opinión. Eso, evidentemente, ya no dio resultado.

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