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Publicado el 05 de diciembre, 2015

Farmacia Popular y precio de los medicamentos

La lógica de la farmacia popular es mucho más parecida a la de una farmacia privada que a la de un consultorio: recibe recetas por parte de los vecinos de la comuna, por lo que la modalidad de licitación sería menos factible.
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¿Por qué Recoleta, a través de su “farmacia popular”, sería capaz de ofrecer precios significativamente menores a los de las farmacias privadas? Esa es la pregunta que muchos chilenos se han hecho durante las últimas semanas.

Todo apunta a que una parte de la diferencia se explica en la forma en que ambos segmentos se abastecen de medicamentos. Por un lado, los municipios son parte de las instituciones del sector público que compran fármacos a los laboratorios de manera indirecta a través de Cenabast, la cual en un momento del año consolida la demanda de todos los establecimientos de salud (más de 500 consultorios y hospitales), para luego definir la lista de principios activos que comprará a los laboratorios a través de licitaciones públicas. Así, Cenabast licita según principio activo y no por medicamento.

Por su parte, las farmacias privadas, a diferencia del sector público, no consolidan sus requerimientos según un listado de principios activos, sino que demandan diferentes tipos de medicamentos para cada uno de éstos (de marca, similares y genéricos), dado que deben atender la total variedad de recetas de sus clientes. Al ser en este caso la modalidad de licitación según principio activo poco factible, puesto que jugaría en contra de la variedad que ofrecen, las farmacias privadas compran a los laboratorios según los precios de lista y condiciones que éstos establecen, con posibilidad de algunos descuentos por compras masivas, como ocurre en otros mercados.

La misma Fiscalía Nacional Económica señaló en un reciente informe que los precios más bajos que obtiene el mercado institucional estarían en parte explicados por la posibilidad de optar por compras a través de licitaciones. Al parecer, esto sería posible incluso a pesar de la demora en los pagos por parte de los prestadores y el consecuente costo financiero para los laboratorios.

En suma, la “farmacia popular” podría optar a menores precios si consolida su demanda a través de Cenabast. Sin embargo, la lógica de la farmacia popular es mucho más parecida a la de una farmacia privada que a la de un consultorio: recibe recetas por parte de los vecinos de la comuna, por lo que la modalidad de licitación sería menos factible. Un estudio de Cenabast muestra (para 2013) que cuando los municipios compran de manera directa a los laboratorios obtienen un sobreprecio de 55% respecto a la compra a través de Cenabast, y que además Cenabast sólo contaría con aproximadamente uno de cada tres de los medicamentos que éstos demandan. De hecho, la misma municipalidad de Recoleta declaró que si bien la primera orden realizada fue a través de Cenabast, ahora tendrían que acudir a la compra directa, por lo que “los vecinos inscritos van a tener que desembolsar un poco más que los que participaron en la primera entrega”. En suma, la experiencia inicial de Recoleta podría no ser sostenible en el tiempo.

Lo anterior no obsta a seguir avanzando en esfuerzos por fomentar la competencia de tal modo de bajar los precios de los medicamentos en las farmacias privadas, ya sea minimizando las restricciones a la posibilidad de sustitución por genéricos, mejorando la información a la que acceden quienes van a comprar un remedio (sobre posibles sustitutos y sus características) o retomando la discusión sobre venta de medicamentos que no requieran receta en otro tipo de establecimientos.

 

Alejandra Candia, directora del Programa Social de Libertad y Desarrollo.

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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