Los movimientos de extranjeros con ánimo de residencia hacia otro país son uno de los temas más discutidos a nivel mundial, donde juegan un rol importante distintos ministerios y organizaciones internacionales. Sobre el rol en esta materia de parte de nuestra Cancillería, el nuevo gobierno se comprometió a tener una presencia más activa en la región. Aspectos como firmar el Pacto Mundial de Migraciones de la ONU o mayor colaboración con las agencias de la ONU para manejar los temas de migrantes y refugiados ha sido su bandera de lucha, junto con ser enfático en que la solución al tema migratorio pasa por la coordinación regional.

Hasta el momento, los lugares comunes de que todo se soluciona trabajando bilateralmente, o que va a implementar un sistema de cuotas, han quedado en palabras vacías. Su primer intento de establecer cuotas con Argentina quedó sin recepción del país vecino. A su vez, el pensar que se puede definir cuotas pasa por alto un componente fundamental: la propia decisión del extranjero, que busca oportunidades para desarrollarse. Por ello, pensar que 200 o 300 mil venezolanos se quedarán en Bolivia o Argentina, cuando pueden cruzar a Chile y trabajar en aplicaciones de reparto, aún sin permiso de trabajo, generando ingresos por casi mil dólares al mes, es un incentivo demasiado grande que ningún acuerdo entre presidentes latinoamericanos o ninguna frase con lugares comunes podrá desincentivar.

Adicionalmente, dentro de la coordinación internacional es fundamental lograr una relación recíproca para el resguardo de la frontera. En ese sentido, la relación con Perú ha sido fructífera para anticipar ingresos clandestinos; por ello los pocos casos en Chacalluta y la menor presión en la Región de Arica y Parinacota, que la que existe en Colchane y en la Región de Tarapacá. Ahí es fundamental poder gestionar la reconducción que, durante la implementación de la nueva ley de migraciones, durante febrero, permitió que ciudadanos de diversas nacionalidades, residentes en Bolivia, fueran reconducidos a este país, debido a que no hicieron egreso efectivo -ni ingreso legal- a Chile; pero a fines de febrero, Bolivia decide no recibirlos, por lo que ni las FF.AA. ni PDI intentan continuar con este proceso. Si la reconducción va a ser un proceso efectivo, la promesa de coordinación internacional debe partir por que los países vecinos se hagan cargo de los extranjeros que son residentes y buscan egresar clandestinamente de sus países.

En resumidas cuentas, vemos que la promesa de cuotas es impracticable; que las gestiones con Bolivia para las reconducciones son inexistentes; que la ministra del Interior comentó en la polémica sesión en la Comisión de Seguridad que los flujos no se pueden detener -cuando la evidencia y el caso de los ciudadanos haitianos muestra exactamente lo contrario-; que nadie menciona qué hacer con respecto a quienes ingresan clandestinamente y no se vislumbra que exista una sanción contra ellos. Todo, ante una pasividad del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuya única agenda es firmar convenios con la ONU, pero ninguna medida concreta para una promesa inconclusa: el control fronterizo. Estamos ante un nuevo caso de falsas expectativas ante promesas basadas en lugares comunes, donde la señal es clara que la migración no tendrá un control en Chile.

*Álvaro Bellolio fue el primer Director del Servicio de Migraciones y es académico y consultor de políticas públicas.

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1 comentario

  1. Y nunca tendrá control con los gobiernos fieles a Naciones Unidas como el del presidente Boric.

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